lunes, septiembre 18, 2006

ACERCA DE LA INOCENTE PELOTA DE LETRAS




En Colombia, que hoy por hoy es sólo un Estado en la gran nación de la estupidez globalizada, está de moda la pelota de letras, por tanto los colombianos al menos una vez al día recuerdan alguno de los chascarrillos incluidos en este producto mass mediático. Para las personas no colombianas o para los colombianos que por suerte no han visto y oído la pelota de letras vale una aclaración. Se trata de un espectáculo de un cuentero que ha trabajado como “hazme-reír” en La Mega, una emisora de radio juvenil perteneciente a RCN radio, una de las dos cadenas privadas del monopolio de la radio y televisión colombiana.

A lo largo de casi dos horas grabadas para dvd, el cuentero en un escenario vacío, hace un recorrido por la mayoría de lugares comunes y anécdotas cotidianas de la ambigua clase media colombiana en las últimas cuatro generaciones, cuyas vidas han girado en torno a las ilusiones y mentiras difundidas por el televisor. Así, se la pasa hablando de temas propios de las familias de la clase media emergente, de los dichos de las madres y los padres que se esfuerzan por dar educación y comodidades a sus hijos, de los aparatos de video juegos, de las idas a acampar, de las relaciones con las empleadas del servicio, de las modas pasadas y futuras que se superan unas a otras en una dinámica del ridículo, pero nunca hay una referencia a las largas noches de hambre de la gran mayoría de los colombianos, de los familiares que han muerto o han sido encarcelados en medio de nuestro conflicto eternizado, a quienes la suerte no les ha sido tan favorable, aquellos que por distintas razones no han podido ascender en la escala social, pero claro, la ideología de los medios masivos del establecimiento no es poner a pensar ni entristecer, sino divertir en una mirada a un espejo deformado de un supuesto pasado, presente y futuro común que nos hace ver a todos dentro de esta pelota de letras, y es que es otro rasgo de nuestra cultura olvidar lo terrible del pasado y a romantizar los buenos momentos alrededor del televisor. Esto no es del todo malo, alimentarse de la angustia del pasado no es algo positivo, sin embargo evocar unos imaginarios de un pasado difícil pero alegre puede servir para alimentar el imaginario que así somos y hemos sido todos los colombianos, que a pesar de todo la vida es una maravilla alrededor del calor familiar y los rayos luminosos del televisor.

Además la pelota de letras reafirma el hecho que la identidad colombiana contemporánea se ha edificado a partir de las telenovelas, los reinados y los seriados cómicos, de unos contenidos simbólicos modelados por la manera de narrar las noticias y la realidad del país y del mundo en Caracol y RCN, de las propagandas de productos de moda, de la ropa, y de los avances tecnológicos a los cuales se accede con el sudor de la frente de padres abnegados que dedican su vida a trabajos esclavizantes con tal que a sus hijos no le toque pasar por lo que a ellos; esa es la aspiración de la clase media emergente, salir de pobres aunque sea de una manera bastante precaria, pero ahí ha estado el fútbol, los reinados, los triunfos nacionales que en nada nos favorecen, estrellas de la música y los deportes convertidos en ídolos en el delirio colectivo de la grandeza prefabricada que jamás nos ha pertenecido.

De esta manera el mensaje apunta a que hay que trabajar como esclavos para comprar televisores y mandar a las universidades a los hijos, en una suerte de promesa que se alarga hasta lo imposible, olvidando todo lo malo, sin poner cuidado a los temas dolorosos, por que lo importante es la risa y la alegría que caracteriza al colombiano, en medio de la sangre y la injusticia, pero en realidad los dueños del capital y los mandatarios se deben burlar complacidos por este golpe (y por otros tantos golpes anteriores) a la conciencia y a la inteligencia que se opaca y se domestica, como la metáfora de la telenovela Los Reyes, dado por esta pelota de letras, que sigue y seguirá rebotando, uniendo a los colombianos mediatizados en la identidad nacional desde la mediocridad y las mentiras del televisor, como la de Biófilo y sus secuaces.

Me da tristeza que mi madre es uno de estos colombianos que repite los chascarrillos de la pelota de letras por que ella, con su amor, se ha esforzado toda su vida por sus hijos, pero mal le hemos pagado a pesar del estudio, no hemos salido de la pobreza a pesar de jugar video juegos, de escuchar música en inglés, de irnos a acampar al estilo gringo, a pesar de hablar de manera diferente seguimos estando en el mismo lugar, a pesar de tener televisores y dvd, nuestras conciencias siguen dormidas, nos aproximamos a la vejez y el país sigue desangrándose, votamos en las elecciones como si jugáramos a ser ciudadanos, por que para cambiar las cosas, para mejorar la vida de las personas no basta con trabajar para un patrón avaro y descansar frente al televisor viendo unos guevones detrás de otra pelota, ni viendo telenovelas.

Para cambiar las realidades del mundo es necesario volvernos grandes cuerpos, gigantes que sean capaces de enfrentarse a los monstruos gigantescos y grotescos, llenos de maldad que han convertido al mundo en un infierno de mierda, la unión no debe ser para recordar nuestras falsas ilusiones del pasado y el presente sino para recordar que nada ha servido para nada excepto cuando se hacen grandes esfuerzos colectivos por lograr un mundo realmente bueno para todos, no para un puñado de parásitos mercantiles apoyados por gobiernos diabólicos.

Lástima que el amor inagotable de nuestras madres se convierta en el gancho para atrapar a los espectadores, lástima que todo el amor que hay en todos nosotros no lo usemos para cambiar este mundo, empezando por nuestro pedazo de mundo, nuestro país, nuestro pueblo, nuestra ciudad, donde nunca nada ha sido igual para todos, a pesar de ver las mismas propagandas, de ir a los mismos supermercados, de comprar los mismos televisores, de ir a votar en las falsas elecciones, de emocionarnos viendo a Chaquira ganar un premio de mierda o a Tontoya persiguiendo a toda velocidad el estilo de vida de los europeos.

Lo cierto es que a pesar de lo inevitable de los cambios, los medios, los monopolios y los gobernantes han logrado mantener un orden de cosas ilusorias para favorecerse solo a si mismos, mientras el resto nos hundimos cada vez más, alucinados, reproduciendo imágenes prefabricadas al interior de nuestra mente que ya ni siquiera nos pertenece.

Esta inocente pelota de letras funciona como un sedante y un amnésico de la realidad compleja del pasado y el presente, se ubica dentro de los productos de manipulación de las conciencias y eternización de la estupidez promovido ayer y hoy por el gobierno y el establecimiento, quienes se burlan una y otra vez de los sentimientos y la dignidad del pueblo humillado y engañado.

Por el amor a nuestras buenas madres y hermanos, por amor a la vida y a la libertad, lancen al vacío esta pelota o al menos develen tras un ejercicio crítico la verdad oculta tras la risa cómplice, busquemos caminos para reírnos al ver que el mundo se hace mejor, recordemos con tristeza y alegría el transcurrir del tiempo, no neguemos ni ignoremos todo lo que ha pasado, no excluyamos los dramas de los que no aparecen en esta pelota de la fluctuante clase media y la pequeña burguesía ignorante y olvidadiza. Y si de ver y oír cuenteros que sean artistas, poetas y humanistas como Nicolás Buenaventura, quien desafortunada y lógicamente jamás tendrá un despliegue mediático como el de este sujeto superficial que por más que algunos lo consideren un antropólogo mediático o alguna suerte de tele gurú, quizás ni siquiera comprenda el alcance y las consecuencias de su compendio de chascarrillos, aunque los ideólogos, productores y empresarios que apoyaron esta realización si lo sabían perfectamente, al final no resulta tan raro que halla tenido el privilegio de haber volado en un avión de las fuerza aérea de la nación.

Por: Diego Camilo Riaño
Asesor Audiovisual El Salmón