jueves, abril 04, 2013

LA PREGUNTA POR LA POLÍTICA: SE CON-VOCA AL RUIDO, NO AL SILENCIO


En reiteradas asambleas se le ha preguntado a la Vieja- nueva administración ¿dónde está la política? Si se prefiere ¿cuál es su política? a la que ha dado respetuoso silencio o sencillamente simple omisión. La mudez de la administración deja un vacío que debe ser interpretado para no caer en un ex-nihilo que delinea el pavoroso nihilismo pasivo. Tarea que acto seguido me permito emprender. En primer lugar, mostraría un desprecio absoluto al  saber que profesa la diferencia. En segundo lugar, la incapacidad de dar respuesta a la pregunta. Y en tercer lugar, una mala estructuración de la pregunta.

Aceptando los marcos normativos de lo “políticamente correcto”, asumiré una mala elaboración de la pregunta o una baja capacidad explicativa, lo que me obliga a emprender una línea argumentativa que sustente la insistencia del interrogar aun a riesgo de no ser comprendido. Cuando se pregunta por la política, la pregunta lleva implícito el llamado a la construcción de un puente que permita unir dos abismos que no encuentran ni siquiera el desencuentro, en términos de Rancière la política, o sea que la pregunta nace desde la diferencia allende de la negación hegeliana, brota de la más radical forma de dar valor a los valores, es en términos mundanos, demasiado mundanos, la lucha por la palabra que organiza y distribuye un lugar o no lugar en el mundo.

La pregunta exige a la vez una amplia hermenéutica para comprender a que hace referencia la política, para desde ahí responder qué sería una política singular-plural para la Universidad del Tolima. En términos marxianos, la política hace referencia a la construcción objetual del entorno cultural, a la producción (poiesis) de una vida que necesita unos modos determinados para su existencia. En el ámbito foucaultiano, es la pregunta por el discurso, por las normas de saber-poder que sustentan la gubernamentalidad (por favor no confundir con gobernabilidad) propia del arte de gobernar. En el extraordinario lenguaje de Jacques Rancière sería la interrupción de lo dado, la ruptura con la establecido a través de una modalidad específica de la acción, llevada a la práctica por un tipo particular de sujeto, y derivando de una clase de racionalidad específica. Es la relación política la que hace posible concebir al sujeto político, no a la inversa. En las investigaciones de Jean Luc Nancy y Phillipe Lacoue-Labarthe la política sería la disposición de actuar con los demás, de organizar una arquitectura de gobierno a través de la ontologización del CON, es decir que la política es la construcción de la exterioridad que emerge del sentido de lo común, de existir en comunidad; no hay política personal y menos una política del sujeto.

En las diferentes acepciones que se da a la categoría política podemos encontrar un común denominador en todas ellas, el cual alude a la construcción práctica establecida a través de marcos discursivos específicos que brotan del sentir de la comunidad. De ahí que, la construcción de la política se deba dar simultáneamente a la edificación de la comunidad o mejor aún, se ejerce la política cuando se busca el sentido común propio de toda común-idad. De lo que se desprende, que la pregunta por la política universitaria representa el interrogar por el proceder de la cimentación de la comunidad académica. En palabras más escuetas, la pregunta hace referencia específica a las singularidades establecidas por un  gobierno universitario en la arquitectura del devenir de una comunidad académica. En ningún caso se pregunta por la construcción de normas, informes de actividades y sobre todo ejercicios policiales de la planeación, esos son los temas de los administrativos en detrimento del arte de gobernar.

Entonces, la pregunta por la política con mayúsculas, nos traslada inmediatamente a pensar en la forma cómo se está organizando el estar juntos y es desde ahí donde se espera una respuesta. Por lo tanto no puede existir contestación si no existe una edificación comunitaria de esa existencia en común. O sea que sin comunidad universitaria no hay política universitaria. Cualquier salida por fuera del CON, es “pensar” sin la yuxtaposición y la copresencia de los entes dados en su diversidad y  se estaría apelando a lo que Rancière llamó La Política como policy como ejercicio de vigilancia y control, que nada tiene que ver con el amoroso encanto de la política. ¿Habrá ruido?

Boris Edgardo Moreno Rincón
In-docente universitario