lunes, mayo 13, 2013

EL “MONO DE LA PILA” ESCUCHARÁ LAS QUEJAS



Por: Alberto Bejarano Ávila

Hace varios meses y a raíz de la baja calificación que otorgara Fitch Ratings Colombia (?) al Instituto Ibaguereño de Acueducto y Alcantarillado, IBAL, por “la decreciente generación operativa, la injerencia política y la dependencia de recursos externos”, opte por escribir unas líneas (¿Asoman Orejas de Zorro?) para expresar cómo de años atrás y de modo sistemático vienen produciéndose noticias pesimistas sobre el IBAL, sobre rancios, sabidos y trillados problemas que siendo fáciles de resolver nunca se encararon con decisión pero si se utilizan como argumento que predispone a la comunidad para que acepte soluciones desesperadas. Se recordará que de tiempo atrás martillan sobre las secuelas de su propia ineptitud: cortes, turbiedad, bocatomas, pérdidas, etc. pero, y he ahí las alcaldadas, con el mismo obsesivo tesón nunca buscaron la solución políticamente honesta que garantice buen servicio y permita la formación de capital para apalancar el desarrollo integral de Ibagué. Ahora la parábola farisea es que acá el agua es de las más baratas del mundo. ¡Ojo!

Decíamos en el texto aludido que no es raro, habidas experiencias, que estén montando la película de inviabilidad del IBAL para regalarlo a trasnacionales de insaciable codicia sin importar si se hipoteca el futuro y se suma más miseria al pobre pueblo ibaguereño. Decíamos además que con la connivencia de sofistas vende regiones que alegan que “no importa quién presta un servicio público con tal de que lo preste bien”, ya pasaron a manos ajenas la electrificadora, Hidroprado, la recolección de basuras, la telefónica y muchos otros bienes públicos y privados que constituían base de la auténtica economía tolimense. Para arruinar como hemos arruinado la institucionalidad regional, para convertirnos en enclave de poderes extraños y para extender la pobreza, no hemos necesitado inteligencia ni decoro político, ha bastado con permutar espíritu crítico por tamales y elegir mandatarios y dirigentes torpes y con patente de corso. Uno diría, para no ser cómplice con su silencio, que es hora del no más, del paren ahí, que es el tiempo de las ideas autonómicas.

Tres categóricas aserciones desembocan en enigmas. Aserciones: Una, el agua es el mejor “negocio” del mundo porque es el recurso más valioso del mundo. Dos, Ibagué produce su propia agua de manera abundante. Tres, el IBAL es monopolio legítimo porque en esencia sus clientes son sus dueños. Enigmas sobre el IBAL: ¿Por qué ha de ser inviable? ¿Por qué su resultado operacional es precario? ¿Por qué es ineficiente en la gestión? ¿Por qué su estructura de costos no es racional? ¿Por qué apelan a la tercerización laboral? ¿Por qué no son efectivos los controles? ¿Por qué no se moderniza y profesionaliza? ¿Por qué no aporta capital al desarrollo local?  

Es prácticamente imposible que en Ibagué habite un ciudadano sensato que no sepa por qué el IBAL va de “capa caída”  y, lo insólito como peligroso es que aun así no pase nada, es decir, que la comunidad identifique el problema pero no atine a hallar la solución justa y, por tal defecto, lo más probable es que termínennos siendo víctimas de la solución injusta. Por lo anterior es que hemos propuesto democratizar al IBAL, una iniciativa de fondo, digna, cohesionadora y edificante que los dirigentes se niegan a considerar y que los progresistas no quieren entender. El argumento es claro y quisiera sustentarlo si se pudiera: La democracia política no se instituyó para elegir sino para instaurar la democracia económica y por ello reitero una premisa: si bien el desarrollo supone negocios, no todo negocio supone desarrollo y, en casos singulares como el que fragua en el IBAL, el “negocio” traerá más subdesarrollo. Solo el “mono de la pila” oirá nuestras quejas cuando el agua suba de precio, cuando Ibagué sea aun más pobre y dependiente y cuando no quede ni el recuerdo del patrimonio público ni de aquel ibaguereño emprendedor.