martes, junio 11, 2013

DE LAS IMPOSTURAS DEMOCRÁTICAS Y OTRAS MARRULLAS



|Por Beatriz Jaime| Columna de opinión|

Mientras un grupo de estudiantes encapuchados se tomaba la Universidad del Tolima el pasado 6 de junio, algunos profesores, para rechazar este acto, hacían comentarios en las afueras de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes, y entre las observaciones expresadas, se dijo, con toda razón, que no hemos cambiado nada y que seguimos en los años sesenta.

Lo que se quiso significar es que estas formas de protesta ya están obsoletas, mandadas a recoger, como se dice popularmente, porque no se corresponden con la nueva sociedad: léase, la nueva universidad. Es verdad: no se corresponden con la época. El problema es que la Universidad tampoco.

Por poner un solo ejemplo, miremos las prácticas que están rodeando la elección de decano en la Facultad de Ciencias Humanas y Artes. Ante la estrategia que permitiría deslegitimar las críticas que un grupo de profesores y estudiantes hemos hecho, según las cuales el perfil vigente no permite la participación amplia de candidatos, cinco profesores corrieron a inscribir su nombre. Claro, todos sabíamos que en realidad se estaba inscribiendo sólo uno, como ya quedó al descubierto con las sucesivas renuncias. Hasta aquí todavía no había pistas sobre cuál de los cinco era el “elegido”.

Pronto lo sabríamos. Entre tanto, algunas voces mucho más conocedoras de estas prácticas en la Universidad, pronosticaban en las redes sociales lo que estaba a punto de suceder: que al final quedaría uno, como de hecho sucedió.

La primera pista fue la que dio la profesora Martha Varón cuando el sábado 1 de junio le anunció a un grupo de personas, entre las que se encontraban los candidatos Germán Calderón, Francisco Arias y estudiantes de la maestría en Territorio, Conflicto y Cultura, que se retiraba de la contienda, pero que se recogía en la propuesta del profesor Germán Calderón. Ahí entendimos las razones del afán que hubo antes por conseguir, a como diera lugar, los dos punticos que le hacían falta a dicho profesor para que quedara preseleccionado. Este último aspecto, por ejemplo, valdría la pena revisarlo con mejor atención.

Después vino el comunicado de la profesora Varón en el que renuncia formalmente y expresa la convicción de que el próximo decano debe ser uno “que cuente con tiempo y experiencia dentro de la universidad”. Y ahí ya no nos quedó ninguna duda: el “elegido” era el profesor Calderón, pues el profesor Francisco Arias lleva apenas un año en la Universidad y el profesor José de Jesús Gamboa, tan sólo unos meses.

Esperar la renuncia de éste último era sólo cuestión de tiempo. Un día o dos, a lo sumo. Y en efecto, así sucedió. Pero al leer su exposición de motivos quedamos atónitos: no supimos si reír o indignarnos. El profesor renunció porque le parece improcedente ser candidato y decano encargado al mismo tiempo. ¡Y claro que es improcedente!, pero, ¿Cuándo se dio cuenta de eso? ¿Acaso cuando inscribió su nombre no era consciente de ello?

Estas ramplonerías no deberían sorprendernos, pero nos sorprenden. Como nos sorprendió la renuncia del profesor Francisco Arias, en la que argumenta quebrantos de salud. Este argumento es incontrovertible, como también el que expuso la profesora Varón (acontecimientos coyunturales en su vida familiar), pero no deja de ser por lo menos sospechoso que el profesor Arias en su carta, fechada el 7 de junio, inste a escoger “la mejor de las opciones entre los dos candidatos que quedarían en contienda”, cuando el 7 de junio los candidatos que quedaban “en contienda” eran él y el profesor Calderón. Una de dos: o el profesor Arias redactó su carta antes de conocer la renuncia del profesor Gamboa, fechada el 5 de junio, lo cual sería extraño porque los quebrantos de salud del profesor Arias fueron confirmados el 7 de junio, según expresa en su carta,  o pasados dos días de la sonada renuncia del profesor Gamboa (publicada en medio local) todos nos enteramos, menos el profesor Arias, en cuyo caso celebramos que haya renunciado no sólo para que pueda atender como es debido sus quebrantos de salud, sino porque semejante descuido lo que deja claro es que no estaba interesado en el proceso.

Entonces, es cierto, no hemos cambiado nada. Seguimos en la cultura marrullera de hace 50 años, la misma que desconoció las decisiones democráticas asamblearias, en las que además participaron con sus intervenciones y sus votos los renunciados candidatos de este nuevo proceso, sobretodo el profesor Calderón, al que recordamos muy entusiasta y activo no sólo en la asamblea de elección, sino en la que la antecedió.

Con toda esta impostura democrática, ¿qué podemos esperar de las prácticas políticas de los estudiantes? ¡Pobres muchachos, llegan a la universidad con la promesa de que allí se les va a formar en el pensamiento crítico!

P.D. En medio de todo nos queda la certeza de que al profesor Calderón no le van a diagnosticar una enfermedad de última hora, ni se le va a presentar un problema insalvable.