jueves, junio 13, 2013

¿Y DÓNDE ESTÁ EL POLICÍA?

Bienvenidos a la dirección contraria!!!

Por: Carlos Arturo Gamboa.
Docente Catedrático Universidad del Tolima

"Lo que la oruga interpreta como el fin del mundo es lo que el maestro denomina mariposa".
Richard Bach

Controlar el cuerpo es vital para el proyecto de llevar la obediencia a su verdadera dimensión, con eso se garantiza controlar el pensamiento y así queda el ciclo completo. Por eso el ideal de una sociedad de control no es sólo que haya fuerza policial para establecer un orden dado por el poder, sino que además cada individuo debe ser parte constitutiva del mismo. No sólo tienes que estar dispuesto a ser controlado, sino que además debes ayudar a controlar a los demás y auto-controlarte. A eso se le llama orden, pero no es una decisión pactada por los individuos en conflicto, sino la imposición de una hegemonía. Eso queda claro en las palabras del comandante de la policía metropolitana de Ibagué, Fernando Murillo, refiriéndose a la Universidad del Tolima cuando afirma que “(…) hay una preocupación porque se volvió tierra de nadie, allá no hay control, precisamente frente a la droga, ahora todo el mundo se está yendo a escudar dentro de la universidad para consumir droga…” y luego continúa haciendo afirmaciones que sólo pueden ser enunciadas por alguien que desconoce el campus o que recibe información espuria del mismo, como que: “no se puede dictar clase”, “allá hay (sic) la ley del silencio”, “intimidan a los jóvenes”, “se nos fue la tercera para allá”, etc., afirmaciones que son respaldas por el entrevistador (Gilberto Martínez Prado), haciendo eco de un “grito de S.O.S” que a la larga sólo es la voz de resonancia de la aún presente seguridad democrática (ahora disfrazada de Ley Lleras) que sólo ha sembrado horror en nombre de un país mejor. Tierra de nadie era Irak para Bush y con ese calificativo intervino para llevarse el petróleo en nombre del orden mundial. Con esos argumentos calificaron y siguen calificando de terroristas a todo aquel que no comparta ese orden, y un terrorista no tiene derechos, ya la historia lo mostró en Abu Ghraib y Guantánamo.

Además el comandante afirma que “no fueron los estudiantes solos”, a partir de lo cual alguien puede inferir que en la Universidad del Tolima se concentraron todos los males sociales del Tolima. Señor comandante: ¿Y la violencia que azota los barrios ibaguereños? ¿Y los robos continuos a apartamentos incluso en el centro de la ciudad? ¿Y los fleteos? ¿Y los asesinatos? ¿Acaso todo eso es culpa de los universitarios? ¿O será más bien que estamos presos de un sistema “terrorista” que crea hambre y el hambre engendra el hampa? ¿O será que habitamos una ciudad excluyente, sin oportunidades para los jóvenes? ¿Será que ese orden sólo es un caos de exclusión social? No quieran ahora hacer de la Universidad del Tolima La Caja de Pandora, porque como bien los afirma el mismo coronel Murillo: “allá están nuestros hijos” y entonces estaríamos diciendo que nuestros hijos son terroristas.

El mismo periodista, en una especie de defensa desaforada del orden, exclama: “ACTOS delincuenciales y terroristas que atentan contra la vida de muchos jóvenes que verdaderamente van estudiar y se quieren formar como profesionales NO se pueden PERMITIR. Actos como estos tienen estudiando al gobierno, congreso y justicia con miras (sic) a intervenir las universidades públicas como la Tolima. Van tomar medidas radicales y de fondo para evitar la formación de violentos disfrazados de estudiantes”. ¿Ese es el proyecto? No hay duda de ello, desde hace muchos años la universidad pública es peligrosa porque forma sujetos críticos, y algunos que egresan de allí salen pensando distinto (desafortunadamente cada vez menos) y se convierten en la piedra del zapato del sistema. Por eso han querido militarizar las Universidades Públicas colombianas, para poder controlar lo que el currículo no alcanza, porque “el policía” mismo está ya en los dispositivos pedagógicos y pocos nos atrevemos a cuestionarlos.

En ese sentido, es casi inimaginable que un periodista no haya escuchado otras voces, que no hubiese leído los comunicados de los estudiantes, que no hubiera dado cuenta de los desmanes de los señores de la fuerza pública, como lo deja claro la Agencia AEP en su página: “Entre los diferentes detenidos y heridos se encuentran los estudiantes Fabián Murillo Mesa, Felipe Solaya, Andrés Mauricio Cuellar, Andrés Zabala, Adriana Viscaya, y el propietario del Establecimiento CREPEXPRES, Sergio Andrés Olivares, quienes tras ser brutalmente golpeados fueron trasladados a las instalaciones de la Policía Metropolitana de Ibagué”. Al final uno escuchando a Martínez Prado termina creyendo que los pobres policías lanzaron esparkies y a cambio recibieron metralla. La victimización se convierte entonces en el argumento de la represión.

Por lo cual, podemos intuir que no sólo “el policía” habita en el sujeto uniformado que fue preparado para controlar, sino que además el periodista ejerce su papel de “soberano” de los medios que invita a los desprevenidos a que exijan “el respeto a la vida y a la educación pública”, olvidando que los universitarios han sido las víctimas, no los victimarios; y que han sido víctimas precisamente por defender la Universidad Pública. Por eso extraña que el mismo comunicado de la dirección universitaria del día 7 de junio, se exprese de esta manera: “la dirección de la Universidad informa a la comunidad en general que no comparte las acciones violentas, intimidatorias y vandálicas que se registraron ya que van en contra de la resolución pacífica de los conflictos y de la defensa de la educación superior pública”; y es que hacer un llamado a solucionar los conflictos por vías más dialógicas no es erróneo, pero cuando de entrada se juzga como vándalo al “otro”, queda abierto el camino para que los proclamadores del orden impuesto, como el señor Martínez Prado y el coronel Murillo, emprendan una cruzada, como si se tratase de recuperar tierra santa. Es que los represores no tienen diccionario de sinónimos y fácil pasan de vándalo a terrorista.

Con estos hechos queda al descubierto, lamentablemente, una línea semántica en tres niveles, pero que conducen al control como única forma de avalar ese orden impuesto; porque no se trata de evadir el debate frente a las múltiples problemáticas que aquejan a la sociedad y que por obvias razones hacen presencia en la Universidad del Tolima, como en todas las otras universidades públicas y privadas de la ciudad y del país, sólo que el método de la represión no es el camino, y esto hasta el presidente Santos lo entendió, por eso hoy conversan sobre salidas al conflicto en La Habana. La Universidad del Tolima como centro de construcción de saber debe proporcionar los argumentos, las herramientas y las formas de re-construirse y ayudar a reconstruir la sociedad. Otra cosa es querer hacer de la universidad una prisión, porque como lo dice Foucault: “La prisión es el único lugar en el que el poder puede manifestarse de forma desnuda, en sus dimensiones más excesivas, y justificarse como poder moral”, y entonces no habría diferencia entre la Universidad del Tolima y un reformatorio, porque sabríamos que “el policía” está inmerso en nosotros y estaremos listos para hacer parte del rebaño de la sumisión y tendría que dejar de ser docente para volverme carcelero.

Comparto que quizás una de las tantas salidas consista en empezar a dotar de sentido ese slogan de “Universidad territorio de paz”, como una posibilidad de hacer real el debate en torno a las diferencias de los sujetos que con palabras y acciones construimos el ethos y el campus universitarios, porque la violencia también está encarnada en los actos cotidianos, en la manipulada democracia, en las exclusiones, en la apología a un mundo educado para la obediencia, en la obstrucción al cambio como posibilidad creadora, en la mirada que ejercemos sobre quien piensa distinto, en la desfinanciación estatal, en la corrupción agazapada, en la destrucción silenciosa del proyecto de Universidad Pública. A esa idea siempre me he sumado y lo seguiré haciendo, pero sin olvidar que existe una delgada línea entre la Paz y la pacificación. La Paz es construcción colectiva, la pacificación: represión, acallamiento y miedo.

Fuentes:

AUDIO DEL PROGRAMA: “El Ventilador. En la mira de las autoridades docentes de la UT que promueven las protestas estudiantiles: Fernando Murillo Orrego”. Junio 6 de 2013. Disponible en:http://www.ecosdelcombeima.com/ibague/audio-27134-el-ventiladoren-la-mira-de-las-autoridades-docentes-de-la-ut-promueven-las-protes.

AGENCIAS AEP: Ante los excesos de autoridad, denunciamos… Disponible en:http://agesdepren.blogspot.com/2013/06/ante-los-excesos-de-autoridad.html.

CONSEJO ACADÉMICO. UNIVERSIDAD DEL TOLIMA. Defender la universidad como lugar plural de pensamiento y territorio de paz. Ibagué, junio 12 de 2013.

FOUCAULT, Michel. Los intelectuales y el poder. Entrevista Michel Foucault por Gilles Deleuze. "Microfísica del Poder". M. Foucault. Edit. La Epiqueta. Madrid. (pp. 77 – 86.)

UNIVERSIDAD DEL TOLIMA. Comunicado de la dirección de la Universidad del Tolima. Ibagué, junio 7 de 2013.