viernes, agosto 30, 2013

29A – Acerca de los campesinos muertos en Castilla Tolima y los CAI quemados en Ibagué Tolima



|Por Andrés Tafur V|

¿Cuál es nuestro derecho?


¿Por qué hay quienes les indigna más el que manifestantes hayan incinerado dos CAI en Ibagué, que el que la policía haya asesinado a dos campesinos que protestaban pacíficamente en la vereda de Castilla?

O viceversa: ¿Por qué hay quienes nos indigna más el asesinato impune de dos personas que el desmantelamiento de dos Centros de Atención Inmediata de la Policía? 

Sobre los hechos nada puedo decir, son innegables. Incontrovertibles: Dos personas han muerto, nunca más estarán entre nosotros. Perdieron la vida y sus familias los perdieron a ellos; dos estaciones fueron desvalijadas, quedaron completamente inservibles. En unos meses, cuando estén reparadas, quizá no lo recordemos. 

Sin embargo, los hechos presentados, la muerte y la incineración, no se reducen a "hechos" desnudos, como lo pretende cierta perspectiva del derecho y de la politología, y el periodismo generalizado, sino que son hechos significados. Su trascendencia o intrascendencia depende de la manera como sean "enmarcados", de ciertos esquemas de conceptualización que operan para orquestar lo que podemos admitir como realidad. 

Yo soy de los que está más preocupado por el tratamiento de guerra que el gobierno le da a la protesta que por la sublevación de los manifestantes en Ibagué. Es mi posición y la asumo política y por supuesto públicamente. Y me encuentro tan compungido por la muerte de estas dos personas, como por el tratamiento moral que han recibido por parte de las autoridades y de los medios de comunicación, prácticamente como vidas que no merecen ser lloradas, que no merecen duelo. Me preocupa precisamente esa suerte de tratamiento diferencial del duelo, en el que algunas vidas importan y otras no, en el que las cifras oficiales son las que cuentan, y las demás son estratégicamente desechadas. 

Claramente, algunos y algunas se duelen más por los CAI y por las instituciones que por las personas. Empecé con esa pregunta, y sé que la respuesta se llama ideología. También sé que es a través de los medios de comunicación, por excelencia,  por donde transita y se refuerza esa ideología, donde se producen y masifican los marcos interpretativos a través de los cuales se nos impone la significación de los hechos. 

Pero ¿Qué hay de una sociedad con instituciones fuertes si la vida de las personas no importa, si sus derechos no cuentan realmente? ¿Por qué vale menos la buena salud de las instituciones del Estado que defienden los derechos de los ciudadanos, como el Ministerio Público y la Defensoría del Pueblo que las que sostienen “la seguridad” como la Policía, entre otras? Yo digo que, entre otras formas de manifestarse, esta respuesta por parte de los universitarios, considerados "la conciencia crítica de la sociedad", era previsible, siendo ilegal y no necesariamente razonable. Los universitarios tenemos otras formas más creativas que la violencia para manifestar nuestra inconformidad, lo hemos hecho históricamente, aunque la fuerza pública nos haya matado en varias ocasiones. La cuestión es si esas formas pueden ser igualmente transgresoras. 

Pienso que en el fondo, lo que sucedió con la incineración de los CAI va más allá de los marcos institucionales y legales que nos ofrece el Estado para manifestarnos, no precisamente porque constituya hechos ilegales, irracionales desde el punto de vista de una ciudadanía dialógica, sino porque devela la profunda debilidad del “progreso” civilizatorio de occidente. Vale la pena cuestionarnos por el lugar donde reside la institucionalidad en el marco de Estado Social y Democrático de Derecho, ¿Es en la norma o en lo social?

Hume se murió convencido de la utilidad de la justicia en la sociedad, y de la necesidad de crear leyes particulares que apunten al bien de las personas. Pero si es legal que la fuerza pública abra fuego contra quienes protestan, si es legal que pueda asesinarlos, considerarlo blancos legítimos, entonces, ¿Qué noción de justicia es la que opera dicha ley? ¿Cuáles son nuestros derechos? Hume también pensó que, de otra manera, si las leyes civiles fueran injustas, o no fueran guiadas por el interés general, y no garantizaran la felicidad de la sociedad, entonces habría que desobedecerlas, y hacer caso de la <>, que está de acuerdo con los intereses de la mayoría.