martes, septiembre 10, 2013

|40 Años| Chile: Esperando al Sexto Ejército



|Por Fausto Giudice | Especial para La Pluma|

Debía de ser el jueves 13 de septiembre o quizá el viernes 14 de septiembre de 1973. La sala de la Mutualité, en París, estaba llena a rebosar. Nuestra camarada brasileña Cléo Vernier arrancó un clamor de aplausos entusiastas cuando leyó en la tribuna una “información” que desgraciadamente acabaría siendo falsa. Me acuerdo de la frase como si fuera ayer: “El general Carlos Prats marcha sobre Santiago a la cabeza del Sexto Ejército”. Para todos los que estábamos en la sala, que nunca habíamos oído habar de ese “Sexto Ejército” (¿dónde estaban los otros cinco?), aquello tenía un aire de Larga Marcha, que evocaba al Octavo Ejército de los comunistas chinos. 

El sábado siguiente a la reunión hubo una gran manifestación en las calles de París. Dos consignas se enfrentaban: "El pueblo unido jamás será vencido" frente a "El pueblo armado jamás será vencido". La primera era, de alguna forma, la consigna oficial de la Unidad Popular, la alianza de comunistas, socialistas, cristianos de izquierdas y radicales que había conducido a Salvador Allende a la presidencia tres años antes y que no supo mantenerlo allí. La segunda era la consigna de la izquierda revolucionaria que, para nosotros, estaba formada por el MIR de Miguel Enríquez. El debate que agitaba a la izquierda y la extrema izquierda francesa –y europea– durante esas jornadas trágicas de septiembre de 1973 era el siguiente: ¿se puede hacer la revolución socialista por la vía pacífica, electoral, sin armar a los trabajadores y al pueblo? Sin duda alguna, el golpe de Pinochet demostraba que la respuesta era “no”.

Este debate no era nuevo: lo había iniciado Palmiro Togliatti, dirigente comunista (estalinista) italiano en 1948, al proclamar la “vía italiana” al socialismo, en otras palabras, electoral y parlamentaria. Sesenta y cinco años más tarde, se puede afirmar que los comunistas italianos por fin han llegado “pacíficamente” al poder, con la única salvedad de que ya no son comunistas. La vía “chilena” al socialismo nos parecía, a los que éramos de izquierdas de tendencia maoísta o guevarista, un refrito de la vía “italiana”. El gran error de la izquierda en el poder en Santiago fue, a nuestro parecer, el no haber armado los cordones industriales, embriones de soviets obreros, y a los pobladores, ocupantes del cinturón de miseria de la capital. Estábamos asombrados por la ceguera de Allende, al nombrar él mismo a Pinochet al frente del Ejército.

Con el paso del tiempo, cuando los exiliados comenzaron a llegar a Europa, tuvimos la oportunidad de conocer de cerca esa izquierda y extrema izquierda chilena que, para la mayoría de nosotros, era hasta entonces completamente exótica. Personalmente fue un shock. Achaqué mi decepción al traumatismo vivido por esos exiliados, diciéndome que necesitaban terapia después de la conmoción sufrida, que quizá no eran tan tontos como parecían. Aún me hicieron falta algunos años para descubrir otro Chile, pero esta es otra historia.

Original: En attendant la 6ème armée
Traducido por María José Hernández Guerrero