martes, octubre 01, 2013

El giro a la derecha de Antonio Navarro



|Por Fernando Dorado| Activista social|
 
La semana pasada se dio a conocer el texto del “Documento que sella la unión entre Verdes, Progresistas y Compromiso Ciudadano en un solo Partido”, y se anunció que estaban listos los negociadores o compromisarios para protocolizar esa unión (1).

De acuerdo a ese contenido los Progresistas sólo actuarán en el congreso del Partido Verde como observadores. Formalmente les dan representación en la dirección nacional, pero quienes aprueban la política son los actuales “verdes”. Para poder actuar en propiedad los Progresistas deberán – por un lado – obtener una buena representación en el Congreso y esperar hasta el siguiente Congreso a realizarse después de elecciones de 2014.

¿Puede el Partido Verde, así sea reforzado por Progresistas y Compromiso Ciudadano, convertirse en una alternativa real a los partidos del establecimiento – santistas y uribistas –? Esa es la pregunta central que debemos hacernos.

Si el acuerdo se hubiera construido con base en razones políticas y éticas, si constituyera una unidad con base en principios claros, si se hubiera dado un debate serio sobre los problemas fundamentales del país, si se tratara de una auténtica fusión entre la ética de la “ola verde” y el espíritu de la “defensa de lo público” de Progresistas, la respuesta sería positiva.

Pero no, la unión está centrada en resolver problemas de mecánica electoral. Es fruto de todos los pragmatismos reunidos. Es una aberración política.

El Partido Verde renunció hace rato a sus postulados éticos y los cambió por la “mermelada burocrática”. Así, participa fielmente en la unidad nacional santista. Quedaron atrás la ética política y el “no todo vale” de Mockus. El oportunismo burocrático se apoderó de un partido que nació con la consigna de luchar contra la corrupción y renovar las costumbres políticas. Todo se echó al olvido y se ahogó la fuerza espiritual que dio vida a la “ola verde”.

Ahora, un sector de Progresistas – encabezado por Antonio Navarro – con la idea de estar construyendo una “tercería”, se entrega afanosamente a unir el “desarrollismo urbano” de Enrique Peñalosa con la “Bogotá Humana” de Gustavo Petro. Nada más y nada menos.

Por ese camino – de no cuestionar el apoyo a Santos y de aceptar la oposición a Petro – la cúpula de Progresistas transita por el camino de desfigurar y renunciar a las herencias nacionalistas y democráticas que construyó el M-19. Y no consolidará la “tercería”. Terminará refugiándose en el único postulado que ha construido Sergio Fajardo: “Ni-ni”. Ni chicha ni limoná.

¿Puede un partido que apoya la actual gestión de Santos construir una alternativa creíble? ¿Puede convertirse en una “tercería” fuerte y contundente que compita con posibilidades reales de derrotar a la unidad santista y el centro democrático uribista? ¿Logrará Navarro entusiasmar a las bases Progresistas que ven que a diario los concejales “verdes” se dedican a atacar con saña al gobierno de Petro? Creemos que no.

¿Cuáles son las consecuencias que tiene éste pacto político para la lucha por Paz, la democracia y la justicia social? Es evidente que es un golpe fuerte que atenta contra la posibilidad de conformar un bloque anti-neoliberal, realmente alternativo. Los Progresistas tenían a la mano la posibilidad de construir un bloque de izquierdas, que así en primera instancia no tuviera asegurada una votación suficiente – certeza que no la tiene nadie –, por lo menos partía de una posición coherente. Ya se había avanzado en la tarea de unificar una posición política entre diversas fuerzas de izquierda que además de luchar por la Paz con justicia social respaldaban la gestión de Petro al frente de la Alcaldía de Bogotá (2).

Navarro se equivoca en lo estratégico. Frente al desgaste evidente que sufre el presidente Santos – que posa de “centro” –, la mejor estrategia no es competir por ese “centro” sino unificar seriamente a la Izquierda para que se convierta en alternativa de poder para 2014.

Incluso, que Enrique Peñalosa compita con Santos por ese falso “centro” es favorable para un bloque de izquierdas. Se dispersan las fuerzas del establecimiento neoliberal y – como ocurrió con la elección de Petro – se le facilita a la izquierda acceder a la Presidencia de la República.

Si se concreta la “unión de centro-derecha” entre Progresistas, Verdes y Compromiso Ciudadano, la izquierda por obligación tendrá que presentar su propio (a) candidato (a), lo que disgrega y divide a las fuerzas democráticas. Ello nos coloca en inferioridad de condiciones, si se tiene en cuenta que el presidente Santos – a pesar de su desgaste – tiene a su favor todo el poder burocrático del Estado.

Esa errónea construcción estratégica le facilita al Centro Democrático presentarse como la oposición viable a Santos. En vez de centralizar toda nuestra fuerza en identificar a Santos y a Uribe como representantes de la política neoliberal (hoy en la mira de la población en general con ocasión del paro nacional agrario), se le hace el juego al uribismo que fija su oposición al gobierno en torno al proceso de Paz.

Por primera vez la Izquierda tiene la posibilidad real de colocar en la escena de la política nacional la esencia neoliberal de la clase política tradicional. Navarro, en vez de acentuar esa característica, en vez de mostrarse como alternativa social y popular al establecimiento neoliberal, gira a la derecha, se une con quienes siguen sosteniendo a Santos a pesar de la crisis política que vive su gobierno, y al igual como lo hizo cuando le aceptó el Ministerio de Salud a César Gaviria (1990), entra por la puerta de atrás (“verde”) a la coalición gobiernista.

Navarro no se da cuenta que en ésta ocasión la verdadera “tercería” tiene que ser de Izquierda. Su “síndrome anti-polista” no le permite reflexionar e ir más allá de la mecánica electoral. Ahora la tarea es de los “progresistas de base” que deben rechazar ese acuerdo y rectificar la tarea.

Nota 1: La potencialidad de la Izquierda se avizoró en las jornadas de solidaridad con el movimiento campesino agrario. Por fin estamos empezando a reconocer nuestras raíces campesinas. Es un paso en la construcción de identidad popular y nacional.

Nota 2: Navarro puede ser el candidato único de la Izquierda y jalonar a fuerzas “verdes” y a liberales y conservadores inconformes. De ganar, llegaría sin compromisos que lo aten al pasado.

Edición N° 00367 – Semana del 6 al 12 de Septiembre de 2013

1 Ver Polo Crítico: http://polocritico.blogspot.com/

2 Ver: Comunicado público “Llamamiento a los y las demócratas colombianos” suscrito por El Movimiento Progresistas, Vamos por los Derechos, País Común, Poder Ciudadano, Partido Comunista Colombiano, Unión Patriótica, Congreso de los Pueblos, Poder y Unidad Popular, Movimiento por la Constituyente Popular, Presentes por el socialismo, Revolución de la Esperanza y Polo al Sur. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=172113