domingo, noviembre 17, 2013

PARO NACIONAL AGRARIO Y POPULAR ¡COLOMBIA RESISTE!




|Por Danna Yasbleydi Ruiz Peña|

Este es uno de esos país que uno admira no por lo que tiene sino por todo lo que aún conserva luego de ser saqueado, violentado, hasta manipulado en sus propias narices, ya es costumbre decir que el país va de mal en peor sin remordimiento alguno, en el país de la inconsciencia es nulo el protestar, el alzarse en carteles y gritos de desesperación, ya es costumbre reconocer que en este país oligarca cada periodo presidencial deja algún hueco, algún daño que pocos dimensionan pero que mucho repercute, en el colmo de la ignorancia del propio ser ya es costumbre reconocer una Colombia mediática, que se deja dominar a pesar de las masas que tratan hacer una contra a la adversidad de este país. 

Santos fácilmente podría escribir un decálogo de cómo destruir un país en cuatro años, y es que con tan mala gestión, haciéndose el de los oídos sordos, no teniendo una dirección y tratando de hundir a todo mundo podría perfectamente hasta escribir un betseller de tan pésimo periodo presidencial, pero siempre habrá una gota que aparentemente rebosa la copa, una situación que deja a un lado las risas y las burlas para sentar cabeza y pensar que si no hacemos ahora algo por el país, las futuras generaciones vivirán a carne viva todos los dolores del pasado. Es ahora cuando el pueblo ha hablado y luchado en busca de la protección de su soberanía, en contra del modelo económico neoliberalista, de la opresión imperialista norteamericana, es ahora cuando el pueblo colombiano va en busca de su independencia económica y de la recuperación de su legado y costumbre campesina, que si bien son los que verdaderamente han sostenido por siglos nuestro país. Surge así el paro nacional agrario y popular.  

Muchos consideran que al situación que hoy vivimos es consecuencia del TLC con Estados Unidos firmado en este gobierno, pero para comprender el problema económico del país que encierra aún lucha por la tierra debemos remontarnos al inicio de la década de los 90’s  en el que el gobierno Cesar Gaviria dio paso a la apertura económica, el primer paso para integrarse a la “economía global”, en aquel entonces a pesar de la crisis del sector cafetero, al introducir el modelo económico se ingresaron productos extranjeros al mercado colombiano, lo que transformo por completo la relación entre oferta y demanda, todo lo anterior se vivió a causa de la sobreproducción de productos internos que incrementaban con el paso del tiempo, pues no había competencia, por tanto había saturación de la economía interna, con la nueva ola de la apertura muchas de las industrias colombianas quebraron porque no hallaban la manera de competir con las industrias extranjeros y sectores enteros de la producción desaparecieron.      

La apertura economía es una parte integral de una ideología política conocida como Neoliberalismo, promulga una liberación económica que involucra el libre comercio, los mercados abiertos, la libre competitividad, una reducción voraz del sector público por medio de la privatización, desde los últimos cuatro gobiernos, es decir, 16 años, en que indiscretamente  se ha adoptado este modelo que perjudica a los colombianos, porque el poder radica en el sector privado, ciertas empresas pertenecientes a “familias pudientes” del país poseen gran parte de la industria colombiana incluyendo medios de comunicación, es decir integran un monopolio nacional que busca o que prácticamente tiene un control económico del país.  

Desde los años 90’s se iniciaron acuerdos vigentes o tratados de libre comercio con México, Chile, Suiza, Islandia, entre otros, en el 2006 fue suscrito el tratado con Estados Unidos en el impertinente gobierno de Álvaro Uribe que inicia los primeros diálogos sobre el tratado con el entonces presidente George Bush. Ya el gobierno Santos con todas las contras que analistas y los mismos colombianos habían puesto a consideración decidió continuar y  firmar el tratado de libre comercio con Estados Unidos, lo único que realizó el mandatario fue brindarle poder absoluto para exportar productos a su antojo, mientras que nosotros no exportamos de la misma manera.

Firmar dicho acuerdo desde un principio era reconocer y aceptar que regalaríamos nuestro país, es ilógico acceder a un tratado como estos, porque Colombia no es un país plenamente industrializado, por tanto es imposible competir a la par con la industria Americana, por tanto los mayores afectados han sido los pequeños y medianos productores, cuando son estos lo que componen parte esencial de la economía del país, además el sector se ha visto afectado por el alza de los aranceles debido a que las exportaciones han bajado un 13% y como una completa ironía, o mas bien tontería, se están importando más de un 62% de los productos de nuestro país produce, incluyendo el café luego de 25 años de ser exportado. Estamos retrocediendo  económicamente de la manera más absurda posible, en vez de exportar, lo que nos beneficia, estamos importando, introduciendo productos que nosotros mismos producimos. 

Aún no termino de entender la dinámica económica de un territorio subordinado y manipulado por el imperio Yankee que pretende monopolizarnos, es tan abismal la situación, que una de las peticiones fue concederle la propiedad de nuestras semillas, oigan bien, concederle la propiedad intelectual de NUESTRAS semillas, es decir que los campesinos, sobre todo el sector arrocero no pueden usar o mejor dicho reutilizar las mejores semillas de la cosecha para volver a sembrar, esa técnica milenaria que ah transcendido generaciones enteras de campesinos arraigados a su tierra, el cosechar “semillas ilegales” además de la destrucción o el confisque  de la producción, el humilde campesino al que no se le ha socializado los horrores de la nueva ley debe asumir una multa económica o pagar una pena entre tres o cuatro años, y para colmo de injusticias para poder sembrar deben comprar semillas certificadas propiedad de transnacionales como Monsanto, por tanto es obvio deducir que no tienen la misma calidad,  ni resiste la plaga de la manera como una semilla tradicional logra hacerlo. 

Para colmo de males, salen los medios a relucir con su espectáculo amarillista, generalizador y estigmatizador que hizo ver a campesinos, estudiantes y todo aquel que apoyara las protestas como viles delincuentes, punto de partida para que las negociaciones de los acuerdos populares se desviaran y quedaran de un lado. Pero más allá de la desinformación, del abuso de poder, muchos colombianos ante la magnitud de las revueltas en todo el país,  lograron dimensionar lo grave de la situación y cada vez se vincularon muchos más colombianos a defender su soberanía, su legado ancestral, la tierra que no resiste mas abuso, la venda se quito de los ojos, quedo al desvelo la estrategia oportunista de un gobierno que pretende liquidar el país inundándolo con productos extranjeros.

Así fue, Colombia se armo con pancartas, plegarias y gritos de euforia que buscaban una solución o por lo menos un manejo a la crisis agraria. Boyacá como  aquella vez en busco la independencia, fue el epicentro de la protesta, ya todo les habían arrebatado, el trigo, la cebada, las frutas de clima frio, la papa, la cebolla y en poco tiempo la leche, no hubo otra manera de acentuar un pie lucha que protestando, paralizando y cerrando vías, y así lo hizo todo un país que se solidarizo en apoyo a la crisis del campo y del territorio en general quienes verdaderamente lo sostienen.  Los cacerolazos fueron el símbolo del inconformismo popular y un asentamiento de las masas en voz de protesta, pero de otro lado estaban los campesinos heridos, los estudiantes golpeados y ajusticiados, y los que murieron por defender su tierra. 

Ya no más paños de agua tibia, ni palabras por salir del paso, no más acuerdos vacios y sin trasfondo, no más acuerdos incumplidos, el intentar llegar a un acuerdo con este gobierno es imposible, se requieren soluciones reales que involucren la participación del pueblo. Colombia resiste, necesitamos una “Primavera Colombiana” que involucre una abolición a ese culto al  extranjero que se tiene en el país, ya no mas TLC, ya no mas ley 970,  no mas imperialismo, ni colonización no podemos esperar a que la figura del campesino y el indígena desaparezcan, es momento de que Colombia siga resistiendo.     

yasbleidy03@hotmail.com

BIBLIOGRAFIA