domingo, enero 19, 2014

Colombia: Reflexiones sobre una crisis provocada



|Por Arturo Cancino C.|

Pocos colombianos dudan hoy que la decisión del Procurador sea otra cosa que un golpe político lanzado contra el alcalde Gustavo Petro y sus 732 mil electores bogotanos.

El atropello inocultable y la justificación tan endeble para semejante sanción lo que ha dejado al descubierto es una cruzada, encabezada por Ordóñez, para decapitar a todo movimiento que pueda obstruir el retorno triunfal de la derecha uribista al gobierno. Y, en lo inmediato, socavar el proceso de paz.

Con argucias igual de peregrinas, Ordóñez destituyó antes e inhabilitó al alcalde de Medellín, Alonso Salazar, y al secretario de gobierno de Bogotá, Guillermo Asprilla, entre otros. Previamente se había ensañado con la senadora Piedad Córdoba. Cumple la tarea para la cual fue designado por un congreso de mayoría uribista, en representación de su partido, el conservador, verdadera casa ideológica de Uribe. No le alcanzó el periodo; por eso, al igual que su jefe, él mismo se encargó de asegurar su reelección, usando sin escrúpulos el enorme poder clientelista de la Procuraduría. Lo atornillaron al cargo por otro periodo los políticos y magistrados que le deben favores burocráticos.

Es también bastante reconocida la mentalidad maniquea y la parcialidad del Procurador, así como su intransigencia religiosa, para muchos una vergüenza nacional. Pero más allá de estas explicaciones, el debate que se ha venido dando simultáneamente sobre la gestión del Alcalde revela cosas muy interesantes sobre la lógica de muchos de sus críticos.

Dicen estos que la ejecución de obras públicas es pobre, y parece que se quisiera evaluar a este gobierno distrital con el programa del ex alcalde Peñalosa. Se arguye que los constructores están descontentos con las nuevas normas, pero nadie recuerda que gracias a la laxitud liberal de las anteriores, Bogotá ha degradado su medio ambiente, acabado ecosistemas y extendido innecesariamente su huella de cemento por la sabana. Que la movilidad no mejora como debiera, pero no hay juicio de responsabilidades a quienes pospusieron indefinidamente la construcción del metro. También sufren de amnesia frente a la crisis de las obras de Transmilenio, originada en el saqueo de los recursos públicos que los organismos de control toleraron al alcalde Samuel Moreno y sus amigos concejales, con quienes el Procurador ha sido extrañamente blando.

La lucha contra la corrupción y los carteles de la contratación pública, compromiso que Petro asumió luego de destapar el "carrusel de la contratación”, no cuenta para nada en sus sesgados balances. El haber puesto fin a los abusos con las tarifas de los empresarios dueños del oligopolio privado de las basuras, también se desestima como defensa del interés público y en su lugar se magnifican los tropiezos en la transición al nuevo esquema, que fueron propiciados por esos mismos empresarios. Y, a pesar de la evidencia contundente, la mayoría de los comentaristas callan sobre el complot para desestabilizar el gobierno distrital, ejecutado por esos consorcios y ambientado por no pocos políticos y periodistas a su servicio.

Por otro lado, ¿será que alguno de sus severos jueces se ha tomado la molestia de leer el programa de "Bogotá Humana” con el que Petro fue elegido? Allí no se promete una Bogotá sin trancones ni huecos en las calles, tarea que ninguno de sus antecesores realizó. Se habla en cambio de una ciudad más incluyente, y efectivamente la desigualdad social ha disminuido al tiempo que se prioriza el mejoramiento de uno de los principales instrumentos de equidad social: la educación pública. La seguridad es una de sus metas, y la tasa de homicidios es la más baja en muchos años gracias, entre otras cosas, al programa de desarme liderado por el Alcalde. El cuidado del medio ambiente otra, y la ciudad ha avanzado también en este campo, como se reconoce internacionalmente. Igualmente están la formalización del empleo, la atención a los indigentes víctimas de la drogadicción y otras más en las que hay resultados que correspondería justipreciar.

Entonces, a la luz de qué se evalúa la gestión del alcalde, ¿del modelo de ciudad de quienes perdieron las elecciones? Pareciera que en el cerebro de algunos no cabe la idea de que los recursos de la ciudad puedan estar al servicio de otros fines distintos al enriquecimiento de unos pocos; y, por eso, todo lo que se salga de ese libreto hay que descalificarlo como "populista”, ineficiente y señal de mal gobierno. Priorizar el interés público y el beneficio social debe parecerles algo así como una aberración estatista, que es obligatorio rectificar, o, de lo contrario, procede disciplinar al gobernante que incurra en tamaño desafuero.

En mi opinión, de aquí proviene el discreto encanto que ejerce sobre algunos sectores el golpe de estado del Procurador contra la alcaldía de Petro. La ideología del pensamiento único es la fuente de las posiciones ambiguas de quienes, posando de demócratas, prefieren extasiarse en las honduras jurídicas sobre las atribuciones del Procurador antes que encarar el atropello antidemocrático que su decisión significa.

Caracas - Venezuela