miércoles, enero 15, 2014

No se trata de Petro


|Por: Santiago Peña Aranza|

No se puede reducir lo que está sucediendo en Bogotá a la destitución de una persona, eso es ocultar la crisis política de un sistema que se pretende democrático. Lo de Petro es solo la gota que colmó la copa.

Ayer el Procurador General de la Nación Alejandro Ordoñez confirmó la destitución del Alcalde Mayor de Bogotá elegido democráticamente por los bogotanos, que conocían su programa de gobierno desde la campaña a la Alcaldía.

Ordoñez no espero ni un día hábil después de la gran movilización del pasado viernes diez de enero en donde Petro le dijo “ponga la hora de la siguiente gran movilización”. El Procurador demostró así que no le teme a las multitudes, pero que si le teme a la decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de la que Colombia hace parte y que podría proteger al Alcalde como ya lo hizo con un Alcalde de la oposición venezolana en una circunstancia parecida.

Pero este texto no pretende narrarles los hechos que ya todos conocemos, y que hemos podido seguir perfectamente por Canal Capital que los ha transmitido en directo y sin censuras. Lo que pretendo es argumentar es otra cosa.

Los medios de comunicación en general y algunos analistas –por ceguera voluntaria o involuntaria- se han empeñado en centrar su atención sobre el Alcalde y el acto administrativo de la destitución. Y esa es aparentemente la noticia y el tema, pero en realidad Petro solo es la gota que colmó la copa en la paciencia de gran parte de los colombianos.

No sé trata de “las razones de quienes dicen que Petro no se va”, como abre Semana.com hoy, ni de que “la Procuraduría diga desconocer el complot”, como abre El Espectador, ni de la “cuenta regresiva para la sustitución del Alcalde y el llamado a las elecciones”, como abre hoy El Tiempo tratando de pasar la página a los hechos. No. No se trata de eso, ni de como abrieron Caracol y RCN: “El presidente procederá cuando el fallo esté en firme” y “En firme destitución e inhabilidad del Alcalde Gustavo Petro”, respectivamente en Internet.

Se trata de que Petro es, en este momento, el símbolo de la posibilidad de una forma diferente de conducir a Colombia. Ni siquiera es que estemos diciendo que tenga que ser él, lo que decimos es que tiene que existir una forma diferente porque la anhelamos millones de colombianos; porque estamos hartos de ver que tras 200 años de gobiernos liberales y conservadores, que se han repartido el poder milimétrica, descarada y corruptamente, el país no se ha desarrollado y siga en el feudalismo, como lo diría el mismo empresario de derecha Hernán Echavarría Olózaga.

Los colombianos estamos hartos de que tras 200 años de un Frente Nacional de facto -porque aún no ha terminado- seamos uno de los países con más pobreza del mundo cuando todos sabemos que Colombia, desde su misma fundación, era un país destinado a la grandeza y que tenía –y tiene- todo para ser grande y rico. 

Pero esos liberales y conservadores han despilfarrado y robado las riquezas del país, han dado en concesión excelentes negocios que podrían ser explotados por el Estado, haciendo que empresas extranjeras sean tratadas con mejores condiciones que las empresas nacionales (la Drummond y Pacific Rubiales son sólo dos ejemplos de muchos) y tengan derechos más efectivos que los colombianos que trabajan de sol a sol para sostener a sus familias.

Esos mismos liberales y conservadores que han gobernado durante 200 años el país son los mismos que han permitido la pérdida de territorios. Hace más de cien años Panamá, una parte del sur de Colombia con Perú y hoy el 10% de mar y ojalá no pase en un futuro con San Andrés. Eso sin mirar otros casos.

Esos mismos liberales y conservadores, en estos primeros 200 años de historia, nos dejaron un conflicto interno armado que cumple cincuenta años y que se originó por la exclusión del sistema político hacia el que no era de sus huestes rojas o azules, se originó por las maneras feudales que aún persisten de manejar el campo. No se originó porque unos tipos decidieran irse al monte a echar tiros porque sí. Eso los colombianos tenemos que entenderlo con cabeza fría. Ahora, que esos tipos cayeron en las lógicas criminales de la guerra -al igual que nuestro Ejército- es otra cosa, pero hoy podemos alcanzar la paz, detener la muerte, pedirnos perdón y reconciliarnos.

Y precisamente ahí está la importancia de Petro como símbolo de que no se necesitan armas para cambiar a Colombia. De que la democracia si puede funcionar, y de que si es posible alcanzar una paz negociada. Humberto de la Calle, negociador del gobierno en La Habana con las FARC lo puso de ejemplo en el discurso que dio inicio a los diálogos, entonces ¿qué mensaje se está mandando con su destitución? Pues el de la guerra, por eso aplaudo a Petro cuando le dice a las FARC "ni se les ocurra levantarse de la mesa".

Los que destituyen e inhabilitan hoy, y consideran rebeldes a quienes piensan diferente como Francisco Toloza y Huber Ballesteros de Marcha Patriótica, entre otros, son aquellos que se benefician de la guerra y están dispuestos a todo para que no termine. No quieren que el país avance y entre en la Modernidad. Porque ni siquiera se trata de una revolución, se trata es de la Modernidad en el mismo sentido de la Ilustración del siglo XVIII y de la democracia.

Entonces que los medios de comunicación y personalidades públicas centren su atención solamente en la destitución de Petro, con todo y sus irregularidades, es distraer la atención de la crisis política de la democracia que les menciono.

Lo de las basuras es solo la excusa. Si fuera en realidad por errores administrativos y mala gestión, ¿por qué la sanción del Procurador contra Samuel Moreno fue menos drástica? No dejemos que se reduzca el problema a una sola persona llamada Gustavo Petro, el problema realmente es que en Colombia la democracia verdadera no existe y eso está más que claro después de 200 años.

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