domingo, febrero 02, 2014

NO ESTAMOS TODOS. FALTA JEGA. FALTAN LOS PRISIONEROS POLÍTICOS



El pasado 2 de febrero, Jorge Eliécer Gaitán, integrante del Comité Ejecutivo de la Federación de Estudiantes Universitarios, FEU-Colombia, cumplió 27 meses de reclusión en una de las tantas cárceles colombianas. Pese a que ha transcurrido un buen tiempo, el arrojo de su personalidad sigue vivo, en especial entre sus coterráneos y cercanos quienes permanentemente lo rescatan del olvido. Por desgracia aún sigue ausente de las calles y troncales de su natal Neiva y, en específico, de los diferentes episodios que están protagonizando sus compañeros estudiantes y campesinos en el Huila.

Mientras se desenvolvió como activista universitario, el JEGA –mote con el que cariñosamente lo conocimos en la FEU– fue un compañero excepcional. Primero, conocí su faceta fraternal y su espíritu cálido y parrandero propio de la mayoría de quienes viven en tierra caliente; pero con el tiempo, después del segundo congreso de la federación, cuando lo conocí más de cerca, descubrí en él un líder y un dirigente echado pa´lante, sin titubeo alguno ante los obstáculos a los que se enfrentaba y, en particular, sin miedo al terror oficial.

En la USCO, entre 2008 y 2011, en calidad de estudiante de Derecho, JEGA se destacó como activista y conductor de Vanguardia Sur, una agrupación de estudiantes identificada y vinculada a la FEU-Colombia; igualmente, fue asesor y acompañante –desde 2009– en la conformación de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Huila, actual ATCH. En 2010, a la par de sus compromisos con Vanguardia y la ATCH, promovió junto a sus compañeros estudiantes la conmemoración de los 200 años de lucha por la independencia, convocando, organizando y ayudando a movilizar una importante delegación de jóvenes y campesinos hacia la Marcha Patriótica y el Cabildo Abierto por la Segunda y Definitiva independencia, evento celebrado durante el 19, 20 y 21 de julio de 2010 en la ciudad de Bogotá.

El entusiasmo que caracterizó a JEGA siempre estuvo acompañado de un ápice de realismo: él sabía que muchas de las actividades que estaba realizando le traerían consecuencias en algún momento de su vida; incluso, era conciente de que lo iban a perseguir, asediar y hasta asesinar, o que las instituciones colombianas lo iban a tildar de rebelde y lo iban a encarcelar. En otrora el Estado ya había actuado de esta manera y nadie, ni siquiera él, iba a estar exento de tal posibilidad.

Lamentablemente, este coco se hizo realidad para Jorge, ya que el 2 octubre de 2011 fue apresado por el régimen. No alcanzaba de llegar de Palmira-Valle del Cauca, de la Asamblea Nacional de Delegados de la FEU y del comité operativo de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) que orientó el paro nacional universitario del segundo semestre de 2011, cuando agentes de la Dijín arribaron a su residencia en Neiva, con orden de captura en mano, para detenerlo. El delito: presuntos vínculos con la guerrilla de las FARC, como lo señaló la revista Semana el 3 de octubre.

A esa fecha, Jorge era un destacado activista estudiantil y un líder representativo del movimiento popular en el Huila. El trabajo arduo reivindicando los derechos de los estudiantes, defendiendo la universidad pública y pugnando por la solución política al conflicto colombiano, proyectó a JEGA como hijo valioso del movimiento social y popular colombiano. Su inclusión y refrendación dentro del Comité Ejecutivo de la FEU-Colombia después de su tercer congreso, puso en evidencia la significación de Jorge en el universo de las luchas sociales y políticas que a la fecha se estaban librando.

JEGA no alcanza a tener 30 años, pero más de dos los ha tenido que vivir entre las paredes de una mazmorra y al margen de su familia y de quienes lo vimos crecer personal y políticamente; además, ha tenido que ver desde una orilla, sin poder intervenir, los últimos los ascensos, logros y aciertos de un pueblo que perdió el miedo. Por ahora, Jorge no gozó placidamente de la bofetada acertada por los estudiantes al gobierno de Juan Manuel Santos, ni percibió cómo la plaza de Bolívar en Bogotá se llenó, en dos ocasiones, con millares de personas clamando un nuevo gobierno y la solución política del conflicto, y mucho menos palpó al campesinado aguerrido peleando en las calles y troncales del país. Sin embargo, y con mucha esperanza, JEGA podrá ver, sentir y vivir –si las cosas siguen el curso que están siguiendo– un país diferente. Si no, nos vemos en la mazmorra.

Escrito por un antiguo activista de la FEU-Colombia en la Universidad del Tolima