viernes, marzo 28, 2014

La minería de oro: breve historia regional e impactos negativos en el Tolima

Alexander Martínez Rivillas-Profesor UT

La minería de oro tiene una larga historia en el Tolima. Durante la Conquista (1492-1550), las avanzadillas de españoles hacia el Alto Magdalena permitieron explotar el oro de aluvión de los ríos La China, Combeima y Saldaña, entre otros, obteniendo, por supuesto, pobres extracciones. Esta es la “primera fiebre del oro” que se ceba sobre nuestra región, la cual produce toda suerte de violencias o vejámenes sobre la población indígena mediante la figura de la “Encomienda”. 

Durante la Colonia (1550-1819), el oro de aluvión pierde importancia, y los obsesos españoles y criollos, mediante distintas formas de apropiación del suelo tolimense, reguladas por Cédulas Reales, explotaron algunas vetas de oro. Entre las más prometedoras se encontraban las “Minas de Santa Ana”, Mariquita, las cuales surtieron importantes cantidades de oro durante un corto periodo de la Colonia. Posteriormente, fueron abandonadas, y aún quedan algunos vestigios. En ellas, y otras explotaciones mineras pobremente referenciadas, se esclavizaron indios y afros, en una orgía de infamias que aún no hemos estudiado a fondo. Por Mutis, Humboldt y otros informes, apenas sabemos algunas cosas. Esta es la “segunda fiebre del oro” que experimentamos en nuestro territorio. 

En el último cuarto del siglo XIX, asistimos a otro espejismo del metal. Emprendedores, comerciantes y hacendados se congregaron en la cuenca del río Combeima, e iniciaron distintas explotaciones de oro de veta. Sin embargo, el metal se escabulle de nuevo, y las inversiones realizadas se esfuman. Jorge Isaac, el autor de La María, fue uno de los empresarios que quebraron. De este modo Ibagué, y su zona de influencia, experimentaron la “tercer fiebre del oro” en el Tolima, con los consecuentes efectos sociales negativos, y fenómenos inflacionarios que ya fueron identificados.  

Después de un siglo, vuelve entonces otro periodo de convulsión extractivista. Esta vez volviendo sobre antiguas minas de aluvión o socavón, descubiertas en las anteriores fiebres del oro. No hay nada nuevo. Son las mismas localidades que prometieron ser distritos mineros en antiguo. La novedad ahora consiste en las tecnologías de aprovechamiento del metal precioso. El oro diseminado en las rocas o arenas puede ser extraído mediante procesos químicos y mecánicos, relativamente baratos dependiendo de la concentración del metal, la topografía de la zona, la disponibilidad de agua, la seguridad del entorno, el marco legal ambiental y laboral, los impuestos y controles en “boca de mina”, entre los más importantes.    

De este modo, las décadas del 2000 y 2010 han visto la concesión de más del 70% del territorio tolimense para exploración minera, petrolera y gasífera. En cuanto al oro, de sur a norte: las minas de aluvión en el río Saldaña, donde se destaca Goliat S.A.; el megaproyecto “La Colosa” de Anglogold Ashanti (una de las minas más grandes del mundo a mediano plazo); “El Gran Porvenir”, en el Líbano, con pobres rendimientos pero muy activa; entre otras explotaciones por supuesto. Los hechos son claros. Sobreviene la “cuarta fiebre del oro”, caracterizada por su conflictividad ambiental y social.

Ciertamente, el extractivismo es un fenómeno que afecta a los países del norte y del sur, pero especialmente a los del sur. 450 años después, Potosí, en Bolivia, sigue siendo objeto de explotación con cooperativas mineras y multinacionales, pero con pobres rendimientos. No obstante, la esperanza de vida de los mineros es impresentable, tal como lo fue en su época de mayor prosperidad. 

Las minas de las “fiebres del oro” en América, a finales del siglo XIX (pues no fue un fenómeno exclusivo de Colombia), ocasionaron impactos sociales significativos (con saldos ambientales no tan visibles): la colonización de pueblos nativos, la destrucción de sus costumbres, la afectación de sus territorios, los cambios en sus estilos de vida y referentes de bienestar. Estos casos están a la vista en el “salvaje oeste” estadunidense y en el oeste de Canadá (región del Yukón). 

En cuanto a Colombia, las explotaciones de Segovia, Marmato, Titiribí, Gramalote, múltiples extracciones de oro en el Pacífico colombiano (muchas en la sombra), entre otras, representan ejemplos de impactos sociales y ambientales muy negativos en comunidades campesinas, indígenas y afros, en algunos casos desde la Colonia, o en procesos extractivos hoy mismo. 

En el mundo contemporáneo, la minería en ecosistemas estratégicos para las comunidades humanas, o para la preservación de la biodiversidad de flora, fauna y molecular, está seriamente cuestionada. De hecho, en lugares “ambientalmente no estratégicos” por sus estados de rexistasia (degradación ambiental extrema), aún se pueden alterar procesos de “restauración natural”, o procesos de evaporación y percolación en el ciclo del agua vitales para las comunidades humanas.  

La minería de metales o metaloides con altos valores de uso (como el hierro, aluminio, níquel, etc.), muy importantes para soportar estilos de vida euro-norteamericanos, y en menor medida, estilos de vida latinoamericanos, debería estar mejor regulada, mejor controlada en sus efectos ambientales; pero sobre todo en sus tasas de extracción, y realmente sometidas a estrategias de racionalización, re-uso y reciclaje.   

Por el contrario, la minería de oro no tiene mayores usos materiales. El 95% o más del oro extraído sólo tiene usos suntuarios, y el restante tiene usos tecnológicos o médicos. Así pues, los impactos sociales y ambientales de esta minería, para tan pobres utilidades prácticas (indiferentemente de la cultura) no podrán ser compensados por ninguna inversión monetaria, o destinada a la mitigación ambiental y social. Esta tesis aplica tanto para el balance planetario de su extracción, como para su balance regional, que es el caso de nuestro país.   

Hoy mismo (y muy aparte de la retórica) los costos de la restauración ambiental de las minas del oeste canadiense, son o fueron mucho mayores que los beneficios generados en su momento. Estas experiencias, bien constatadas, nos obligan a revisar o rechazar la minería de oro en el Líbano, el Tolima y Colombia.

Bibliografía consultada
Clavijo, Hernán. 2004. Educación, política y modernización en el Tolima. El centenario salesiano en la ciudad musical de Colombia. 1904-2004. Universidad del Tolima 50 años. Ibagué. Colombia.
Humboldt, Alexander Von. 2013[1801]. Diario de Viaje por la Nueva Granada (Diario VIIA y VIIB). Extractos preparados y traducidos por la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Colombia.
Ingeominas, 2011. Servicio Geológico Colombiano. Catastro Minero de Colombia. Corte a octubre 26 de 2010. Bogotá. Colombia. En: http://www.ingeominas.gov.co. Visitada el 19 de octubre de 2011.
Martínez, Alexander. 2009. Estudio general de riesgos integrales del proyecto de exploración y explotación minera La Colosa, Colombia. Organización Tierra Viva, Colectivo Estudiantil Punto de Encuentro y Seminario de Minería del Observatorio Ambiental de la Universidad del Tolima. Ibagué. Colombia.
National Geographic en Español. Febrero de 2014. 
Pedro de Aguado, 1572. Historia de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada. Real Academia de la Historia.
Pedro Simón, 1626. Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales. Casa Editorial Medardo Rivas. Tomo 5. Tercera Parte. Bogotá. 1892.