martes, septiembre 02, 2014

Corrupción y Corruptos, un crimen de calculo



|Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez|
 
La corrupción es un sistema articulado para apropiarse de lo público, del bien común, del patrimonio, en sus dimensiones de lo simbólico, lo material, los derechos y los relatos sobre la verdad. La corrupción es un sistema organizado para funcionar de manera armónica, es instalado en instituciones públicas y entidades privadas, está presente en bancos y ministerios, iglesias, clubes deportivos o militares, partidos y movimientos. Crece donde las condiciones son propicias y favorables. No es una suma de partes, de individuos que coinciden en prácticas aisladas que se juntan, no es sumatoria, es estrategia, es un instrumento de saqueo, trampa, persecución, robo, extorsión, conjugación de dinámicas formales e informales. Esta provista de incentivos que multiplican con mediana o alta impunidad las oportunidades para corromper, sobornar, deteriorar, aniquilar o abusar del poder en beneficio propio. La corrupción mantiene interconectadas diversas prácticas sociales, económicas, políticas, culturales propias de su contenido.

La corrupción aunque no configura una teoría se basa en principios, tiene método y metodologías y produce combinaciones y mezclas que generan resultados universales. El principio general es la sacralización de lo privado y la apropiación egoísta de lo público, su método la combinación de factores que posibilitan el saqueo y la negación y vulneración de lo colectivo, sus metodologías mezclan el uso del terror, la administración del miedo, la astucia, la trampa. Los corruptos tienen una vida social activa y evaden de todo tipo de control a través de las mecanismos de corrupción, diseminadas en pequeñas, medias y grandes prácticas.

La corrupción pasa por el clientelismo, el favoritismo, el tráfico de influencias y favores, el robo, la defraudación al erario, la truculencia, la estigmatización al adversario, la judicialización o eliminación física o moral de sus críticos. La corrupción se agazapa en las zonas grises de la delgada línea divisoria entre legalidad e ilegalidad. La corrupción es histórica, es un fenómeno social construido y mantenido en el tiempo. Su estructura es la de un dispositivo de poder pervertido que echò raíces con el beso del judas traidor que por monedas entregó a su líder a los criminales para ser crucificado; pasó por el reino de la extorsión y la mordida (coima) en la Roma antigua en la que el emperador repartía sobras de corrupción a simples funcionarios.

Los corruptos, son el motor del sistema, son astutos, codiciosos y despiadados, se encargan de sostener las condiciones y los contextos favorables al saqueo y las falsedades garantizando su existencia y reproducción con mínimos contratiempos y elevada eficiencia. Los corruptos están incrustados en partidos políticos, oficinas públicas, cargos de dirección y decisión, instituciones, bufetes de asesores y contratistas. Hacen parte de una realidad que se extiende con el ritmo de la economía sin freno y del sometimiento de la política a las reglas del mercado. El sistema de corrupción favorece la movilidad del capital, dinamiza los flujos de mercancías, fortalece la conservación del poder y las prácticas autoritarias.

Los corruptos se ponen al margen de la defensa del bien común y la ética, fracturan la confianza, la solidaridad y la convivencia. Configuran un sector social que reproduce sus propios sujetos de corrupción y mantiene la dinámica del sistema. En Colombia un ejemplo reciente es el de los hermanos Nule modelados por el poder para ejercer su papel, pero también tiene funcionarios y particulares que entran al sistema por cooptación o afinidad. Los corruptos comparten la perdida de responsabilidad ética y el sentido de ser y hacer parte del colectivo, del entorno,  de la comunidad. 

Los corruptos tienen talento para engañar, organizan trampas para evadir la ley, interpretan normas que acomodan para su beneficio, modifican el sentido común con argucias retoricas, dispersan y obstruyen la justicia con telarañas de trámites, conocen el funcionamiento de la economía, del interés compuesto, de las debilidades del ser humano, de las necesidades humanas y sus urgencias, difaman, difunden temores, le tienen precio a la gente, compran sus actuaciones, pagan por decisiones, compensan favores, controlan cargos y contratos, si necesitan matar matan, se declaran honestos entre sí y se hacen pasito como llaman al libre y doble juego del todo vale y del dejar hacer dejar pasar lo que los encubra y beneficie sus intereses y los de sus aliados.
 
El sistema de corrupción y los corruptos configuran un crimen de calculo que algunos analistas identifican con la fórmula de C=M+D-C, cuyo equivalente es: Corrupción (C) = Monopolio (M) + poder discrecional (D) con menos (-) rendición de cuentas (C). La corrupción hace parte del núcleo duro de las democracias tomadas por poderes particulares que enviaron al margen la capacidad de los pueblos en la construcción de colectivo social. Anida y florece donde el grado de desinstitucionalización es mayor, las estructuras políticas no funcionan en democracia y la sociedad civil es suplantada por organizaciones al servicio del estado.

Igual al modo de la política del terror del estado que usa la barbarie para provocar el destierro, el sistema de corrupción es organizado para provocar el despojo y mantener el poder. La corrupción convierte a las instituciones que soportan a la democracia en débiles instancias a su servicio que sobreponen el interés individual a los deberes con la comunidad. La corrupción es un sistema al que hay que derrotar totalmente si se quiere una paz estable y duradera con garantías y derechos pero también con nuevos modos de ejercer el poder y construir lo colectivo.