jueves, septiembre 25, 2014

Esos hombres… son verdaderamente Nazis


|Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez|

Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros que luchan un año y son mejores, pero hay los que luchan toda la vida esos son los imprescindibles, anuncio Mario Benedetti en uno de sus versos más reconfortantes para quienes no se cansan de luchar por dignidad y derechos. Pero también los hay del otro lado. Hombres que hacen daño un día y son absurdos, otros que hacen daño toda su vida, esos son verdaderamente nazis.  No importa lo que digan, lo que anuncien, la causa que prediquen, sus modos de acción llevan la esencia nazi. Sus virtudes del mal están en lo que hacen pero sobretodo en la capacidad para borrar las huellas del horror que provocan. Son astutos, se atrincheran en redes, logias o ghetos para autoprotegerse y hacerse temer, incluso promueven formulas paralelas de organización como sindicatos, colectivos, juntas, ONG o plataformas, para vaciar de contenido los discursos y creen firmemente que su misión es curar a impíos, herejes, críticos, comunistas y rebeldes de la enfermedad llamada dignidad.

Siguen el plan de una matriz de odio incrustada ya en políticas de estado, en programas de instituciones o acciones específicas para eliminar legalmente o materialmente a los otros, a sus adversarios. Su trazado es combatir las formas de pensar contrarias a su interés de sometimiento y de control de gentes y territorios. Son partes de un engranaje criminal, unos son determinadores, otros adiestrados ejecutores. Para estigmatizar y mantener el miedo, difaman, calumnian, inventan justicieros.

De esos hombres hay cientos todavía, organizan el horror, borran los rastros y le ponen a sus víctimas la responsabilidad de propio dolor. Son hombres despreciables que llevan en sí el sello de lo inhumano, que les permite ser capaces de todo, actuar con obsesión sin límites. Los mueve el afán de desaparecer al enemigo creado sin dejar rastro. En la historia reciente paramilitares colombianos como el iguano, mancuso, centella, don mario, el médico, don Berna, H.H, Arroyave, el alemán y muchos más en sus breves confesiones han ratificado que no dudaron en tajar trozos de carne humana viva que comieron para deleitar su victoria, que no se conmovieron al practicar cirugías sobre la carne viva del acusado comunista, guerrillero, colaborador o amigo del colaborador para saciar su odio. Que tampoco sintieron pánico al cortar las cabezas de sus adversarios y jugar al futbol, ni vergüenza al abrir vientres de embarazadas para sacar el feto enemigo, ni se inmutaron descuartizando cuerpos de inocentes o metiéndolos en hornos crematorios para disminuir las pruebas del exterminio y no dejar rastro.

Esos hombres saben bien la combinación entre el límite de la ley y sus actos criminales. A esos hombres solo los paraliza el verbo que los pone en evidencia y revela sus imposturas. Sus cuerpos ya no son políticos, son meramente biológicos por eso no se atragantan con la carne de sus víctimas. Añoran otra vez tener un estado nazi como el que formó a sus héroes. Llevan en sus cuerpos la sustancia del mal aunque los determinadores no disparen sus ansias los delatan, tratan de someter, torturar, vengarse con el otro de su propio y triste destino. Son hombres sin otro, sin humanidad, solo saben hacer daño. Destruyen al otro para ocupar su lugar.  Los persigue la culpa de no haber creado su lugar propio en el mundo, viven donde muere el otro, destruyen para imitar a sus víctimas. Son el caìn de sus hermanos para suplantarlos. Nunca están en su lugar, siempre están en el lugar de otro. Su talento es biológico, visceral, enfermizo. Sus conductas son de supervivencia, son cazadores en busca de presa para arrancar el alito de vida de sus víctimas que aliente su miserable existencia difícilmente superable aun con años de tratamiento siquiátrico. Tienen el mal en sus células, no logran enfrentarse a sus propios recuerdos,  son obsesivos su terrible depresión la ejercitan destruyendo, matando, regando de victimas los caminos que pisan.

Esos hombres para hacer daño y continuar pareciendo honestos, son reconocidos por sus métodos de intimidación legales o violentos y se ganan el silencio y omisiones de quienes pudiendo actuar no lo hacen por el miedo a ser las próximas víctimas y prefieren repetir que no pueden hacer otra cosa que lo que hacen, que omiten para defenderse aunque reproduzcan impunidad. Estos hombres Nazi, en todo caso, han roto los vínculos con lo humano. No les interesa ni la vida ni la muerte, solo la víctima, el cadáver, que pone en entredicho incluso la posibilidad de llamarlos humanos. No quedan testigos de su obra, solo su propio testimonio, el secreto del hilo conductor de sus crímenes lo llevan ellos mismos y nadie más puede dar testimonio de su miserable tarea destructiva. Quizá vuelva Núremberg otra vez, por lo menos para saber del horror que han provocado esos hombres, nazis incrustados en las paredes de mi barrio, de mi calle, de mi pueblo, de mi entorno en el que habitan también imprescindibles.

P.D. 1. Con el solo anuncio de adelantar en el Congreso un debate político sobre paramilitarismo, en una semana distribuyeron amenazas a 180 defensores de derechos humanos. Entre tanto mantienen la cuota de sangre de un defensor asesinado por semana para que sepan que están ahí y que está vigente su esencia nazi. 2. Solidaridad a Miguel Ángel Beltrán colega profesor de la U.N y a todos/as los perseguidos/as de la academia por su pensar