domingo, octubre 12, 2014

EL ÁNGEL QUE LLORAN LOS SANTOS



|Por William Moreno| Concejal de Bogotá|

En una sociedad tan injusta como la nuestra, en la que muchos optan por las armas como una opción de sobrevivencia, el profesor Miguel Ángel Beltrán, se decidió por los libros. Ese es su gran pecado y su delito.

El profesor dice “no me apasionan las armas sino los libros” en una entrevista del fin de semana publicada en el diario El Espectador. Su Hoja de Vida lo respalda. Su prontuario, consiste en ser sociólogo, licenciado en Ciencias de la Educación con especialidad en Ciencias Sociales, Magíster en Ciencias Sociales, Magíster en Historia, Doctor en Estudios Latinoamericanos y estaba adelantando un posdoctorado en México cuando, el 22 de mayo de 2009, la mano oculta de la represión lo secuestró, o lo capturó sin orden judicial, que es lo mismo; le adelantó una “expulsión exprés” violando sus derechos y criminalizándolo por rebelión y concierto para delinquir con fines terroristas, cargos que por cierto nunca pudieron ser demostrados y por lo cual más de dos años después, lo absolvieron.

“El tiempo perdido, los santos lo lloran”, dice el refrán y deben estar llorando a cántaros, por que no sólo son los más de dos años en una cárcel de la vida de un académico con una hoja de vida que deberían envidiar los dirigentes y dueños del país, sino es el tiempo perdido de todo un país que no cesa de repetir los sicariatos, ahora a los derechos civiles, de los pocos que se atreven a criticar al sistema con la cara al aire, porque no tienen nada que esconder.

O intentos de sicariato, porque dice el profesor con toda convicción, en la misma entrevista antes citada: “Espero que se haga justicia pero, en todo caso, no dejaré los libros. Hasta en la cárcel escribí lo que considero que son mis mejores reflexiones sobre el conflicto colombiano”. Debe ser porque los grandes hombres, al contrario de disminuirse, en las dificultades se engrandecen. Pero eso no significa que los abusos se dejen pasar sin siquiera un gesto de indignación.

Como la mano oculta de la derecha extrema de este país, sólo tenía montajes  contra el profesor Bejarano, la trama estaba destinada al fracaso y el profesor logró su libertad. Desde el comienzo la fiscalía sabía que las pruebas eran ilegales. Dice a la letra el fallo del Juzgado Cuarto Penal: “6.17 Todo lo anterior evidencia, que más allá del operativo militar (…) el recaudo de los EMP y EF fue ilegal, así se pretenda aplicar las normas del DIH, porque precisamente las normas de este fueron quebrantadas”[1]. Pero para ellos eso no importa: con haber retenido durante más de dos años al profesor ya era ganancia. Sin embargo su aniquilación insaciable no podía permitir que el profesor volviera a su protagonismo académico, trasmitiendo el resultado de su excelente desempeño profesional a la sociedad, y entonces llamó a las filas de la batalla inquisidora, a la infantería de la procuraduría, quien en fallo de segunda instancia, confirmó la  destitución e inhabilidad por 13 años del profesor Beltrán.

Cuál es el delito, si el profesor fue absuelto en lo penal? Si no hubo ninguna prueba que perdurara en su retención? Dice la página de la Procuraduría al día de hoy “La Procuraduría General de la Nación, en fallo de segunda instancia, confirmó la sanción impuesta al señor Miguel Ángel Beltrán Villegas, conocido con el alias de “Jaime Cienfuegos”, en calidad de profesor de tiempo completo adscrito al Departamento de Sociología de la facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, para la época de los hechos, con destitución del cargo e inhabilidad general por 13 años, por auspiciar y colaborar con el grupo armado al margen de la ley, FARC”. Cuál “alias Cienfuegos”? si eso fue precisamente lo que la fiscalía nunca pudo demostrar y no por falta de pruebas, sino porque durante los dos años de la retención todas las pruebas entregadas al caso evidenciaban que: “(…) no se podría incluir con la certeza que se requiere, porque se encontró en la USB del acusado; que Alias  “JAIME CIENFUEGOS” sea el mismo MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN VILLEGAS”, es que no existe ninguna otra prueba que así  lo considere (…)”. Entonces, si la procuraduría respeta la legitimidad del estado colombiano, por qué insiste en llamar al profesor por un alias que no le corresponde?. El descaro es absoluto.

Dónde está el principio de legalidad que tanto defiende la procuraduría cuándo ellos son los primeros que desconocen los fallos judiciales? Cómo es que la procuraduría utiliza las declaraciones de la policía que ya fueron descartadas por la jueza por insuficientes, para inculpar de un delito administrativo a un funcionario público? Dice a la letra el fallo del Juzgado Cuarto Penal: “6.57 (…) De manera que, al no darse la certeza de la pertenencia y de la militancia deMIGUEL ÁNGEL BELTRÁN VILLEGAS al aludido grupo guerrillero, así sea en forma de ideólogo, no puede entonces, no se reúnen, no se dan los supuestos para proferirse el fallo de condena (…)” . Entonces, cómo es que la procuraduría puede declararlo disciplinariamente responsable de “Fomentar actos tendientes a la subsistencia de grupos armados al margen de la ley, (…) promover grupos al margen de la ley (…)y colaborar con grupos al margen de la ley”? si ya la jueza concluyó lo contrario. La procuraduría descaradamente desconoce un fallo de la jueza y ni siquiera se sonroja.

Cuál es el delito del profesor Beltrán? Sigue el comunicado de la procuraduría: “Cienfuegos” redactó documentos oficiales del grupo guerrillero, cumplió tareas políticas dentro de la organización, difundió con sus escritos el pensamiento revolucionario de las FARC, divulgó las ideas del grupo armado ilegal en foros internacionales, organizó eventos en la Universidad Nacional con sentido político instando a los estudiantes para que se unieran al grupo terrorista, además de propender por la creación de un centro de investigación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia “, llaman la  atención estas declaraciones, cuando el mismo fallo de la jueza, dice a la letra: “6.56 (…)las declaraciones que se escucharon en el juicio, presentadas por la defensa, permiten establecer que a ninguno de los compañeros  de MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN VILLEGAS o alguno de sus alumnos que comparecieron aquí, hubiesen sido influenciados o hubiesen podido asistir a alguna de las supuestas intervenciones, que habría de realizar el acusado en su militancia con las FARC-EP”. Entonces cuál es el delito?

Claro! Es que el profesor Beltrán un día dijo: “revolución”, debe ser eso. Ahí está la prueba! Qué más sino que investigó y analizó y reflexionó sobre la realidad social de esta país injusto. Ese es el delito: la producción intelectual. Porque recuerden que ese es la falta imperdonable que no soportan todos aquellos que insisten en el principio autoritario del poder de un “gran señor” que es dueño de la vida y bienes de todos sus súbditos y bajo el mando del cual no existen hombres libres sino esclavos de su capricho. Porque los “grandes señores” de este país permiten, amén de su generosidad, que la gente sin distingo aprenda a leer y escribir, incluso bondadosos, hasta permiten que aprendan a sumar y restar, pero que ni se le ocurra a algún sujeto atreverse a pensar.

Eso de investigar, cuestionar, reflexionar, son acciones que la derecha de este país, medieval y retardataria no soporta. Si a algún sujeto se le ocurre mencionar la palabra “revolución”, con eso es prueba más que suficiente para que sea un terrorista. Como si los grandes avances de la ciencia no fueran una revolución, como si el mismo Cristo, frente al cual hasta el más conservador se persigna por lo menos dos veces al día, no fuera la encarnación de una de las más grandes revoluciones históricas de nuestra sociedad. La procuraduría insiste en que quien hable de revolución y más si es social, es un terrorista.  La procuraduría no ha podido entender la diferencia entre el pensamiento de izquierda y el terrorismo.

Y cómo lo van a entender, si la mano oculta de la extrema derecha tiene, en cabeza del procurador, su mejor fusilero? Él es el que le acierta a todos aquellos que, utilizando el debido proceso de las instituciones legítimamente constituidas, logran demostrar las injusticias del sistema y se salvan de la inquisición. Él es el que se encarga de rematar a los que continúan creyendo y dando su tiempo, vida y conocimientos para la construcción de una nueva Colombia posible que no sólo dé oportunidad para unos pocos sino donde quepamos todos dignamente. Y como ya la derecha tiene bastante sangre entre las manos y es tan difícil ignorarla, prefieren disimular la barbarie y ahora “respetan la vida” de quien se atreve a reconocer que piensa distinto, pero van por sus derechos civiles para liquidarlos y mientras tanto, los santos siguen llorando.

Pero eso no es lo peor, ahí no se termina la tragedia.

Cómo es posible que la Universidad Nacional de Colombia, con todo lo que significa ese título en el país en el que vivimos, que se autoproclama en su página web como cumplidora de “funciones no administrativas orientadas a promover, en nombre del Estado y bajo su fomento, el desarrollo de la educación superior hasta sus más altos niveles; favorecer el acceso a ella y  estimular la docencia, la investigación, las ciencias, la creación artística y la extensión, para alcanzar la excelencia.”, se atreva a permitir que se le calle la boca a la investigación social, de un excelente docente con los más altos títulos en educación, en un país que lo que más tiene es injusticia social?.

Dice la misma página que la Universidad tiene como fin: “Contribuir a la unidad nacional, en su condición de centro de vida intelectual y cultural abierto a todas las corrientes de pensamiento y a todos los sectores sociales, étnicos, regionales y locales”. Cómo se explica entonces cualquier ciudadano, un joven, un estudiante que esté empezando a construir sus líneas de pensamiento, que la misma Universidad adopte, sin protestar, el fallo de la procuraduría que destituyó e inhabilitó al profesor Miguel Ángel Beltrán por 13 años, cuando las acusaciones únicamente corresponden a su producción intelectual? Cómo contribuye la decisión de la Universidad Nacional a la unidad nacional? Cómo le dice una sociedad a los que piensan distinto, que pueden hacerlo amparados en los mandatos constitucionales de la libertad de pensamiento y expresión, sí su propia  Universidad Nacional, acoge, sin revirar, un fallo que se basa en que el profesor produjo unos documentos académicos? Es muy débil al argumento del Señor Rector, expuesto en declaraciones al diario El Tiempo, de que debido a que el fallo es netamente administrativo, él no tiene más opción que adoptarlo y es hasta sínico que trate de compararlo con el caso de otro profesor que incurrió, en violación de la ley por doble contratación.

Flaco favor le hace el Rector de la Universidad Nacional a la educación de este país, al rasgarse las vestiduras aduciendo el respeto de un dictamen administrativo mientras con la misma acción niega el derecho de la libertad de expresión y pensamiento. Porque debe saber el Señor Rector, que la mejor educación la da el ejemplo. Y qué ejemplo es ese que flaquea cuando más se lo requiere indemne? Qué ejemplo es ese que imparte como correcta la violación de los derechos consagrados en la Constitución Política? Y todo eso sin contar que desde su creación en 1867 por ley 66 del Congreso de a República, la Universidad Nacional es un ente con “plena autonomía” y cuenta con el artículo 27 de la Constitución Política, según el cual “El Estado garantiza las libertades de enseñanza, aprendizaje, investigación y cátedra”.

Qué autonomía tiene entonces la Universidad Nacional de Colombia? Observan que si una universidad privada contrata al profesor Miguel Ángel Beltrán para que continúe las mismas investigaciones, dicte los mismos seminarios y continúe su misma línea académica, eso sí sería legítimo. Qué sarcástica es la realidad de este país.

O sea que ahora, si al procurador no le parece que se investigue sobre crímenes de lesa humanidad o sobre violación a los Derechos Humanos, o sobre el conflicto armado, porque todos esos son temas relacionados con los grupos al margen de la ley, entonces el Rector de la Universidad Nacional va a cerrar todas las cátedras y los institutos y a sacar a todos los profesores?

De qué quiere el procurador que investiguemos en Colombia? De la situación social de Stornoway, en el Reino Unido, o de la Isla Borden de Canadá? De todo, menos de nuestra realidad?. Pero el problema no es que el Procurador lo quiera, el problema es que el Rector de la Universidad Nacional se lo permita. Esta era la oportunidad máxima para que la Universidad saliera a impartir cátedra a la sociedad sobre el respeto de los derechos de sus individuos, sobre el respeto de la Constitución Política, sobre el Estado Social de Derecho, sobre la libertad de cátedra, sobre la autonomía universitaria, sobre la libertad de expresión, pero al contrario se esconde y se convierte en el idiota útil de la represión.

Dónde queda entonces, el espacio para el debate libre de las ideas? Si las ideas no se debaten en las aulas y con libros, entonces en dónde y con qué? En el campo y con las armas? Eso es lo que quiere la derecha de este país: cerrar todos los espacios de concertación, de pensamiento, para abocar a la guerra. El país lleva en guerra toda su historia, pero para ellos eso no es suficiente. Para ellos es más importante el negocio de la guerra. Ellos quisieran ver al profesor Beltrán con un fúsil, para poder eliminarlo como a otros tantos tachándolo de terrorista. Ellos quisieran poder terciarle una cinta de munición de ametralladora como lo han hecho tantas veces con los inocentes muertos que terminan registrados como guerrilleros. Ellos lo querían falso positivo, pero como él se defendió legítimamente y se libró, entonces hay que eliminarlo de las aulas y de la academia, porque él es culpable de dedicarse a los libros y no a la guerra. Ese es su delito: no tener fusil, sino investigaciones, y ensayos y textos, ideas y palabras.

Mientras tanto, como la represión no entiende de razones, se sigue perdiendo el tiempo y los santos siguen llorando.