viernes, noviembre 07, 2014

A propósito del AYA MARKAY ó día de los difuntos

 
La muerte no es sino el acto de despojarse de una cuerpo biológicamente inservible. Schpernhauer (1993) determina al respecto que “el nacimiento y la muerte pertenecen igualmente a la vida y se contrapesan. El uno es la condición de la otra. Forman los dos extremos, los dos polos de todas las manifestaciones de la vida”.

Por lo que se plantea que la muerte es una transición del cuerpo y la vida en general. Por lo tanto el día de los muertos es una fecha dedicada exclusivamente a ellos. Esta práctica se evidencia en todas las culturas del mundo, cada quien con sus particularidades específicas.

La celebración de los muertos tiene muchas similitudes, tienen carácter religioso muy marcado. En el ecuador la fecha dedicada para recordar a los familiares difuntos es el dos de noviembre. Un día en el que se rinde homenaje a todos los cuerpos fallecidos,  dentro del país esta práctica varia según el grado de mestizaje así como la interacción de los pueblos y culturas con la religión.

Con la muerte en la práctica occidental se deja de compartir con aquella persona que fallece. La influencia desde occidente determina por lo tanto que los recuerdos son la única forma de relación con el muerto. Por ello el dos de noviembre es un día dedicado justamente para traer a la memoria al difunto. Siendo en su mayoría el único día específico para visitar el cementerio, se limpian y se arreglan las tumbas, se colocan velas y remarcan las inscripciones, es la oportunidad para dejar un presente, una flor.

Sin embargo en la región  andina, cientos de años antes de la colonia se celebraba el “aya markay killa” o “día del muerto”. La muerte tiene otro significado, no es motivo de tragedia, de todos modos es siempre un momento de dolor y mucha tristeza.

La muerte es considerada como parte de la vida, más bien, es como una conclusión, cumplimiento y culminación de una etapa de la vida. Es una llegada a un momento de la permanencia en la existencia de los seres. La muerte por ello nunca es el final o la terminación del ser; es continuidad del ser dentro de la totalidad existencial y universal.

Cuando una persona fallecía era enterrado junto a sus pertenencias y alimentos, porque cando dejan este mundo hay la creencias de que necesitará de todos esto en el otro mundo, pues  el hombre posee algo inmortal que se llama alma, la cual se sobrevive a la muerte del cuerpo.

Cuando una  persona muere, dentro de la comunidad se fortalecen los vínculos. Que se plasman en la solidaridad con la familia que pasa por la pérdida de un ser querido. Este acontecimiento inicia desde la muerte misma hasta el “pampay puncha” o día de entierro, transcurriendo así tres días.

Siendo el primero destinado para la preparación del difunto: esto comprende la búsqueda de un lugar para su entierro, que va a vestir el muero y cuales serán las pertenencias y alimentos que lo acompañaran. También se precisa la forma para transportarlo, para lo cual se necesita algo rígido para cargarlo, esto incluye una sábana destinada para cubrirlo. En la actualidad representa conseguir un ataúd.

Los más allegados al difunto como a la familia  permanecen junto a ellos. Sin embargo la comunidad se hace presente en el transcurrir del día. Para el segundo día ya a altas horas de la noche hasta la madrugada, se realizan juegos tradicionales y el “wandiay”. Lo importante es morir bien, ser bien atendido en la muerte y después de la muerte. En las comunidades, los funerales realmente tienen el carácter festivo. El muerto debe ser bien atendido, celebrado y despedido con todo lo que necesita.

Con estos juegos se envía al muero con alegría al otro mundo a pesar de la tristeza que representa la pérdida de un ser querido, con la finalidad de que parta tranquilo de este mundo. Entre los juegos que más se practica es el atuk y el kunu (el lobo y el conejo). Mediante estos y más juegos la gente disfruta y ríe hasta no poder. Es así que por más triste que estén los familiares y la comunidad todos disfrutan.

Entrada la madrugada, dos de la mañana aproximadamente, se realiza el “wandiay” esta es la ceremonia más importante. Toda la gente en coro por trece ocasiones grita wadiay, esto permite que el difunto encuentre el camino a la otra vida. Marcando asi la despedida del “aya”, espíritu del muerto, manteniendo hasta la eternidad una comunicación con el alma del difunto estableciéndose un enlace entre el “kay pacha” y el “uku pacha”. A partir de la experiencia de la muerte en las comunidades andinas, se comprende el sentido de la trascendencia e inmanencia del espíritu de los seres. Después de la muerte podemos estar en el más allá y también en el mundo de los vivos.

Al tercer día es cuando se deja bajo tierra al cuerpo, materia ya sin vida, conjuntamente con sus pertenecías. El camino al cementerio es sumamente importante, la comunidad acompaña a cuerpo del difunto a pie, cargando su cuerpo desde la casa en la comunidad hasta el panteón que generalmente se encuentra en el pueblo.

En la actualidad los pueblos indígenas acuden al “aya pampa” o cementerio, cargando comida  y frutas más apetecidas por el difunto. Ya en el lugar todas las personas ofrecen  al difunto los platillos elaborados como una forma de dar fuerza a las almas y comparten los alimentos entre todos. Por ejemplo si yo doy un plato de comida a otra persona de igual manera ella devuelve lo que esta ha llevado.

Parecería que con la muerte el alma de una persona queda en la lejanía del tiempo pasado pero no es así, al mismo tiempo está presente en la vida cotidiana de su familia y comunidad, es por ello que la visita al aya pampa no es únicamente en esta fecha, si no durante todo el año.

En definitiva pare el hombre la muerte es y será un acontecimiento de transición hasta cierto punto inexplicable. Arregui, et. al. () destaca que “la muerte, como la tierra es la quintaesencia de la condición humana, es decir, del conjunto de condiciones físicas bajo las que es dado vivir (...) la muerte es el enigma fundamental de la vida” (p.482).

Frente a esto las interpretaciones de la muerte siempre estarán influenciadas por el contexto, sin embargo la muerte representa la posibilidad de recordar y superar la pérdida de un familiar o amigo. Así como también ir aclarando ideas y supersticiones en torno a la fatalidad asociada a la muerte más bien tomarla como un proceso de la vida. Schopenhauer (1993) determina que “el amor es la compensación de la muerte (...) su objeto era evidentemente llamar la atención al espíritu de la manera más sensible, por el contraste entre la muerte del hombre, quien llora encerrado en la tumba, y la vida inmortal de la naturaleza” (p. 108).


Por: Monica Lanchimba
C.E.K. ALALAY