viernes, diciembre 26, 2014

Balance 2014




|Por Libardo Sánchez Gómez|

Colombia, como  neocolonia del capital transnacional encabezado por EEUU, produce pocas noticias de relevancia mundial, destacándose  solamente la misma crisis civilizatoria, financiera y económica que padece el imperialismo mundial.

Para entender los sucesos que, de una u otra manera, han incidido en el diario vivir de la sociedad colombiana  durante el 2014   es preciso pensar el “quien soy”, qué quiero y el cómo, colectivo.   Para iniciar digamos que la sociedad colombiana  es una colectividad fracturada en múltiples fragmentos   antagónicos,  la mayoría de los sectores populares se han sometido mansamente a las clases poderosas;  y   poco se sabe del puerto al que se navega.  El  poder lo viene ejerciendo  una clase al interior groseramente dominante y externamente incomprensiblemente sometida e, incluso, mendicante respecto del capital transnacional, y que ha convertido a Colombia en una neocolonia del imperio USA. Es el imperio quien toma las decisiones de grueso calibre tanto  en materia política como económica.  Por otro lado difícilmente se mantiene  a flote una izquierda light  perfectamente adiestrada por la burguesía y los políticos electoreros; pero, afortunadamente,  existe un segmento que viene haciendo resistencia, incluso,  armada,  nutrido por amplios sectores urbanos y rurales, opuestos al sometimiento y entrega de los recursos naturales al capital transnacional. 

Un   hecho que merece ser destacado  durante el 2014, y que ha terminado polarizando la sociedad  colombiana, está representado por las conversaciones que mantienen la guerrilla de las FARC_EP y el Gobierno, con miras a ponerle fin al conflicto armado de más de medio siglo.  Dichas conversaciones nacieron dentro de los proyectos estratégicos de la clase dominante transnacional para seguir siendo clase dominante, de la  necesidad de poder  realizar sus actividades sin la zozobra a la que le somete diariamente los insurgentes armados y, al interior, fue ideada por el presidente Juan Manuel Santos para  apuntalar su reelección. Las  partes pactaron    no  tocar  temas como la salud, la educación, la propiedad sobre latifundios, la estructura militar; en fin, las superestructuras aparejadas al modelo de producción capitalista dependiente, como la normatividad jurídica y política; nada que pueda afectar los privilegios de la clase dominante.  A   los insurgentes se les ofrece algunas  curules en el parlamento, no cárcel   y algo de dinero para mantener por cierto tiempo a los excombatientes. No obstante, lo insubstancial del ofrecimiento a la guerrilla un amplio sector  de la población, de corte mafioso, encabezado por el hoy senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez, otrora signado como el extraditable No. 82 de la DEA, mantiene el discurso de la guerra, oponiéndose a cualquier acuerdo. Desde luego, si la guerrilla acepta las condiciones en que aceptó negociar, las que quiere e impone el imperio, así se oponga Uribe y sus huestes militaristas se firmará la mal llamada “paz”.

Algo que puede dar al traste con las pretensiones de sometimiento de las guerrillas a cambio de nada, es que Imperio  y gobierno iniciaron conversaciones, partiendo de un diagnóstico equivocado sobre la capacidad militar y política de Las FARC-EP, basados en ilusorios informes de inteligencia militar, la cual precisamente  ha demostrado ser poco inteligente, que sostienen que las FARC-EP están anémicas militar, financiera y políticamente.  Que sus partes de guerra no son más que “los últimos coletazos del monstruo” de que tanto habla el presidente.   Pero la guerrilla con el transcurrir del tiempo ha demostrado una fortaleza inusual. El mejor indicador   de la buena salud de la FARC-EP es la retención del “tintan” general Alzate, mostrando capacidad para retenerlo, así se hubiese  metido solo en la madriguera, y para mantenerlo a salvo.  El general salió  del cautiverio en la jungla chocoana en medio de una poderosa escolta guerrillera, demostrando su agradecimiento por haberlo protegido de las bombas de sus propias fuerzas con un caluroso abrazo al  comandante Alape.

Mientras  en La Habana se busca hacer “la paz” en Colombia el régimen continúa haciendo pilatunas, que van en contravía de lo que se pretende. Como el vasallo más obediente del imperio firmó un acuerdo de cooperación con la OTAN, con ello los gringos quieren poner   su bota en el cuello de los gobiernos díscolos de América, comenzando por Venezuela.  Dentro del país se sigue fortaleciendo el paramilitarismo, asesinando líderes opositores. Y no para de  firmar asimétricos TLCs  a diestra y siniestra con los cuales sigue destruyendo importantes sectores productivos.

El pueblo, en general, no cree que de La Habana salga un   acuerdo que, mínimamente, cambie la situación de dominación, terrorismo de estado, desplazamiento campesino y robo de tierras, discriminación y pobreza ancestrales. Ante la reciente creación del Frente Amplio por la Paz, en apoyo a las conversaciones de La Habana, se anunció por parte del neoparamilitarismo (creación del propio Estado) que no se permitirá su presencia en departamentos como Cundinamarca. Se supone que las reformas sociales y políticas,  que beneficie  las amplias mayorías, se llevarán a cabo después que se firme “la Paz”; es claro que si con la presión de las armas no se ha logrado mucho qué será sin ellas.    La misma insurgencia por todos los medios vienen diciendo que no se dejará meter los dedos a la boca y que no habrá firma de acuerdos definitivos hasta tanto no se produzcan cambios estructurales.  Todo indica que la paz con justicia social, reclamada por los sectores populares y la propia insurgencia, serán en adelante un nudo gordiano imposible de desatar en las conversaciones en La Habana. 

Lo cierto es que el pueblo debe seguir    movilizándose en carreteras y plazas para que, incluso,  en La Habana se logren  verdaderos acuerdos de paz, que impliquen   cambios sustanciales al modelo  de producción. Y si de La Habana no sale nada, lo más probable así haya desmovilización y dejación de armas por parte de la guerrilla, la resistencia debe intensificarse.  Habrá  que tener siempre en mente lo expresado por  Dick Emanuelsson,  ANNCOL. 2014,    “Las luchas por la tierra y por una reforma agraria han sido largas y sangrientas. El año pasado, cuando el pueblo se levantó en los paros agrarios de arroz, café y una múltiple variedad de huelgas y paros en diferentes gremios que reclamaron sus derechos, la respuesta del gobierno y de los grupos paramilitares, fue sangrienta”.