domingo, marzo 08, 2015

El Capitalismo decae. Pero en Venezuela hay quien utiliza al Socialismo para mantener la corrupción



|Por hersh zakheim|

Parece una incongruencia a primera vista, pero no es así. Vean porque…

Es un reflejo de la realidad política y económica actual, en la Venezuela Bolivariana, gestionada por un Gobierno, como el del compañero Maduro, que representa ante su pueblo, la continuidad, del proyecto socialismo del siglo 21, que el Comandante Chávez dejo como legado a su muerte.

Proyecto el de Chávez, que apareció en el mundo, unos pocos años antes, del comienzo de la crisis actual del capitalismo. Crisis que, no solo mantiene su virulencia, sino que avanza deteriorando este sistema el más injusto y opresor de los pueblos.

Y ese decaimiento del Capitalismo, se hace notable para cualquier observador, que sepa liberarse de la presión de los medios de comunicación, de propiedad de los capitales y de los comunicadores intelectuales, al servicio de la propaganda del sistema.

Decaimiento evidente, en la imposibilidad de detener, la concentración exponencial en pocas manos de la riqueza, a costa de la pauperización simultánea, de miles de millones de seres humanos.

En el aumento de la desocupación, y en el deterioro indetenible, de las condiciones de vida de regiones, hasta ayer estables, como es el caso de Europa y el propio Estados Unidos.

En el aumento de la explotación, en el empleo del trabajo ajeno. La presión usurera a través de préstamos compulsivos, sobre pueblos y países, para mantener la cuota de ganancia, de la Banca Privada Internacional.

El aumento en cantidad y variedad, de las guerras de agresión piratas, indetenibles por necesidades de competir robar y acumular, guerras que también aumentaron en su brutalidad, que van desde los Drones, que se despersonalizan como robots de destrucción masiva, cruzados por la brutalidad de los grupos criminales, como los yihdaistas, creados y financiados por el capitalismo norteamericano, que nos retrotraen a la Edad de Piedra, del ser humano.

La fabricación de elementos innecesarios, dedicados a la enfermedad del consumismo, que no solo enferman a los compradores, sino envenenan y deterioran la Naturaleza, con los riesgos de sobrevivencia para la humanidad, que significan.

Con el deterioro de la cultura en general, por la transformación del arte y del espectáculo, en objetos comercializables.

La erosión irrecuperable, del valor y la garantía de las monedas, que eran hasta hace poco, el orgullo capitalista. El aumento irracional del narco tráfico y la trata de seres humanos y su incidencia en la inseguridad y precariedad de la vida en sociedad.
Les guste a no, a los defensores del privilegio y la injustica económica, el capitalismo se está desgastando, a los ojos de los pueblos.

La información y el avance tecnológico, ponen a disposición del ser humano, armas de conocimiento, que se oponen básicamente, al oscurantismo necesario, para mantener sometidos a los pueblos.

El proceso es lento, pero seguro.

En Venezuela, la aparición de un líder como Chávez, que llego dispuesto a beneficiar, al pueblo llano y humilde de su patria, constituyo un fenómeno de excepción, a pocos años de la involución del socialismo real en la URSS.

Involución esta, que causo naturalmente, la exasperación del capitalismo salvaje, libre ya de oposición, en la arena internacional-

Pero ocurrió, que la gesta de Chávez, proceso decididamente dialectico, y contradictorio al crecimiento del capitalismo, se produjo en un territorio y población, de características especiales, como lo es Venezuela.

País en el cual, una oligarquía se apropió de la rica renta petrolífera, apoyada en la importación parasitaria, que reemplazo la industria, necesaria para proveer al pueblo de insumos imprescindibles.

Desarrollando así una población, de escasos trabajadores y campesinos y de demasiados revendedores e intermediarios y de muchísimos pobres abandonados.

Estos explotados, llevados a la desesperación, en las jornadas del Caracazo, dan lugar a la aparición del pronunciamiento de Chávez, pero acompañado por un sector de la clase media progresista, la única posible de acompañar el proceso chavista, ante la falta de organizaciones populares y de trabajadores concientizados, para acompañar el proceso.

El acceso al Poder, de esta clase media, aunque lo fuese representado al socialismo el siglo 21, no pudo evitar la corrupción inherente, a una clase que sueña con alcanzar a las clases dominantes, en materia económica, acumulación y formas de vida.

Todo lo que se trae, del hogar de la clase media, en materia de educación moral y relación con la economía, propende al enriquecimiento individual. Así a lo largo de estos 15 años, se creó una nueva burguesía propietaria, rica e insertada en el gobierno Bolivariano y el PSUV, aprovechando el acceso a la Caja del Estado petrolero y rentista.

Décadas atrás y en América Latina, un acontecimiento como golpe de Chávez, de características nacionalistas populares, hubiera terminado, como lo fue en varias ocasiones, en la devolución al poco tiempo, del poder factico a las oligarquías dominantes, a cambio de puestos asegurados en el funcionariado, bienes y negocios.

Hoy, en el caso de Venezuela, ante el evidente desprestigio de las clases dominantes, acompañando el deterioro y desasosiego general del capitalismo, el socialismo del siglo 21, unido al prestigio de Chávez, tiene un rostro más progresista, justo y más honesto que el capitalismo decadente. Por lo que los burócratas, pueden seguir demagógicamente, declamando su amor al socialismo, mientras pactan con la oligarquía un modus operando, que les permita subsistir, haciendo negocios conjuntos y reteniendo, los resortes del poder efectivo.

Y como no se practica el socialismo ni en la economía ni en la praxis de la vida societaria, termina resultando la principal víctima, como siempre el pueblo trabajador, a quien no se invita a participar, en la dirección política y económica del país.

De allí el doble discurso ante el pueblo, del antiimperialismo inflamado, en un momento que él mismo Imperio, está apoyado sobre patas de barro.

Grandes invocaciones, a la memoria del comandante Chávez y al socialismo idílico. Y por el otro lado, negocios con dólares para la oligarquía, corrupción flagrante en el mismo gobierno bolivariano, sin corrección ni investigación.

Y manejo de la economía, en mano de los oligarcas y multinacionales, sin ningún paso efectivo, para pasar a una economía socialista y solidaria popular.

Y si bien crecen los deseos, de retomar el poder directo por la oligarquía, en estos dos años del mando de Nicolás Maduro, y no deja de provocar con su accionar, a la burocracia bolivariana, hay por el momento un impasse transitorio. Impasse que solo se romperá positivamente, con la participación directa y consecuentemente, el avance de la conciencia socialista mayoritaria, de los trabajadores y los sectores humildes de Venezuela.

Afectuosamente,

Hersh Zakheim.