martes, junio 09, 2015

8 Y 9 DE JUNIO DÍA DEL ESTUDIANTE CAÍDO ¡PROHIBIDO OLVIDAR!





La mañana de 9 de junio de 1954, caían sobre el asfalto de la carrera séptima con calle 13, los cuerpos de varios estudiantes universitarios que encabezaban la protesta estudiantil que conmemoraba los 25 años de la muerte de Gonzalo Bravo, el estudiante que, en 1929, fue baleado por oficiales de la guardia presidencial, cuando se dirigía al Café Capitolio a cenar y en medio de una manifestación fuertemente reprimida por las autoridades.

Como ya era tradición, el día anterior las paredes de la Universidad Nacional se cubrían de cientos de carteles que invitaban a la peregrinación nocturna para rendir tributo a la memoria de Gonzalo Bravo. Se dirigían al Cementerio Central de Bogotá por la calle 26 cuando se encontraron un cordón de la policía militar que les impidió el paso. La tensión no se hizo esperar y rápidamente sonaron los insultos de parte y parte, los ánimos estaban caldeados. El asunto se resolvió con una carta que venía desde la presidencia de la República, en la que se daba autorización para la entrada de los estudiantes al cementerio.

La multitudinaria manifestación se vio ensombrecida por la muerte de otro estudiante de la Universidad Nacional ese mismo día, se trataba Uriel Gutiérrez Restrepo, quien fuese asesinado al interior del campus universitario por la policía militar, en un hecho atroz que despertó la ira del estudiantado por la confusión de los hechos y la actitud de la policía.

Su muerte fue el detonante del descontento estudiantil que motivó la multitudinaria marcha del 9 de junio. La misma donde doce personas murieron y cerca de cincuenta resultaron heridas.

La protesta se dirigía hacia el palacio presidencial y a pesar de la ira estudiantil se marchaba de manera pacífica, sin embargo esta rápidamente terminó en una vil masacre en pleno centro de la ciudad de Bogotá. Cuando la marcha llegó a la carrera séptima con calle 13, se encontró con un cordón de seguridad que les impidió el paso. Las arengas y los insultos hicieron que los militares dispararan indiscriminadamente con ráfagas de fusil creando caos y confusión entre los manifestantes.

De inmediato se esparció la noticia en varias zonas del país y los estudiantes de distintas universidades se solidarizaron con el hecho. En Cali, Medellín y Barranquilla los estudiantes suspendieron las clases, y el 10 de junio convocaron a marchar por sus ciudades para mostrar su repudió al hecho, logrando una gran asistencia y apoyo de diversos sectores de la población.

Del mismo modo, el rector de la Universidad Nacional Julio Carrizosa Valenzuela decidió renunciar a su cargo argumentando que los oficiales de policía hicieron caso omiso a su solicitud de retirarse de los alrededores de la universidad.

Desde ese fatídico día los estudiantes han conmemorado la fecha como “día del estudiante caído” y fue el paso clave para el despertar del movimiento estudiantil que ha encabezado momentos históricos de la protesta social en Colombia.

A 61 años de la masacre, los estudiantes rendimos un sentido homenaje a nuestros compañeros asesinados no solo en esa fecha, sino también a todos aquellos que han perdido su vida, en la lucha por construir un país mejor.

Nuestro paso por la universidad nos invita también a reflexionar sobre los grandes acontecimientos que han tenido lugar el interior del campus, nos negamos a olvidar la enorme tragedia de la fue víctima el movimiento estudiantil y exhortamos la necesidad de recordar y guardar en nuestra memoria uno de los acontecimientos que sin duda marcará la historia de la universidad pública colombiana.

Hoy rendimos un gran homenaje al estudiante caído y revolucionario, a su compromiso con el país, a su sangre derramada y sus sueños interrumpidos. Es un homenaje también para las víctimas de la masacre del 16 de Mayo de 1984, para los compañeros que en los últimos años también perdieron su vida en las marchas y protestas que han sido fuertemente reprimidas por el Estado colombiano. Conmemoramos la ardua lucha del movimiento estudiantil colombiano y nos negamos a olvidar el compromiso que tenemos por mejorar las condiciones de las universidades públicas y la educación superior en Colombia.

“Prohibido olvidar”