martes, junio 09, 2015

LAS LÍNEAS ROJAS DEL RÉGIMEN



| Libardo Sánchez Gómez|

La negoción entre las FARC y el Régimen colombiano tendientes a lograr acuerdos, que permitan  detener la interminable guerra civil,  se enmarcan dentro de una serie de inamovibles o, mejor, de    líneas rojas impuestas de manera unilateral por el Gobierno. Estas líneas se erigen como pétreos muros simplemente para impedir el natural avance dialéctico del actual modelo socioeconómico,  a toda costa se quiere impedir la superación de las estructuras y superestructuras  del inmoral e ineficiente  sistema capitalista, de corte neoliberal, por un modo de producción más favorable al medio ambiente y al grueso de la humanidad.    Los inamovibles, a su vez,  son   ordenados  por supra poderes, que están muy por encima del actual Gobierno vasallo.   Para el mismo presidente Santos son una camisa de fuerza.  Por esta razón, desde el inicio de las conversaciones,  el presidente dejó en claro que  “…desde que pensó en la posibilidad de negociar un acuerdo de fin del conflicto con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ha tenido  muy claro  a dónde quiere llegar, qué se va a negociar,  qué está en la mesa de negociación y qué no está" (Publimetro, 21 febrero de 2014). Las mismas FARC se quejan de dichas  talanqueras,  Iván Márquez manifiesta, “…Dice el Gobierno que no está en discusión la política económica, pero es que Colombia no puede estar condenada a la injusticia. Al saqueo de los recursos naturales por parte de las transnacionales, ni de los políticos recursos. No nos oponemos a la extracción mineroenergética, pero la queremos al servicio de la gente” (Alfredo Molano Jimeno, 31 MAYO 2015) 
  
La principal línea roja es aquella teñida con sangre y que tiene que ver con la estructuración del estamento militar,  ésta línea la impone el Departamento de Defensa gringo y la hacen valer las dóciles fuerzas armadas internas;  Santos advierte,  "Hay líneas rojas que no permitiré que se traspasen y una de esas líneas rojas son nuestras Fuerzas Armadas". Las demás líneas de tipo social y económico,  también,   responden a los intereses  geoestratégicos de dominación global  de los EEUU, quien  en última instancia dice qué se puede o no  acordar con los insurgentes.

Es  un hecho que la caótica situación sociopolítica colombiana está ligada al  desarrollo del capital transnacional, principalmente  a los intereses estadounidenses.  Por  ahora, el imperio necesita intacto al paquidérmico estamento militar,  junto con las renovadas  estructuras paramilitares, para controlar internamente a todo aquel que amenace los privilegios de las clases dominantes internas y externas y, sobre todo,  al díscolo gobierno de la vecina República Bolivariana de Venezuela.  Al respecto, recientemente Contrainjerencia  (http://www.contrainjerencia.com)  publicó  el reportaje, que el Noticiero UNO efectuó a la subsecretaria de Defensa de Estados Unidos Mary Beth Long,  según dicho reportaje,  ésta   “…piensa que hay que prepararse para enfrentar a Venezuela”. Y agrega que para la ex funcionaria,  que también trabajó en el Departamento de Estado, en la CIA y la NSA,  “… las Fuerzas Militares de Colombia se están preparando para eventuales ataques de países vecinos”. El también senador Republicano de los Estados Unidos, Paul Coverdale, manifiesta, “Para controlar a Venezuela es necesario ocupar militarmente a Colombia”, para lo cual el imperio ya cuenta con nueve bases militares  y cientos de mercenarios en territorio colombiano.

Las demás líneas rojas, que el régimen impone como condicio sine qua non para pactar acuerdos con la insurgencia, responden a la preservación de los privilegios acumulados  por las variopintas y sanguinarias clases que mantienen el poder central.  Cada sector dominante impone su conditio,  por ejemplo, la  estructura de tenencia de la tierra es un inamovible impuesto por la burguesía terrateniente, la cual se ha nutrido a través del tiempo  con  la ratería de la sabia campesina e indígena. Los remedos de  reforma   agraria, que tímidamente se ha intentado en Colombia,   contienen un componente perverso,   pues se han hecho no para dar tierra a los sin tierra sino  para despojar a los minifundistas  para traspasarle sus tierras a los latifundistas. Incluso la cacareada Ley de restitución de tierras de Santos, mayormente, no ha hecho más  que legalizarle los títulos a los propios despojadores.

Los TLC, son unas  desequilibradas líneas rojas impuestas  por el capital transnacional,  desde su puesta en marcha  vienen arruinando aceleradamente al sector agropecuario y la pequeña y mediana industria.  Estas tampoco  son objeto de revisión y menos de anulación,  pues   de su observancia  depende la estancia en el poder de los vasallos de turno. 

El capital   privado  a través de las  Empresas prestadoras de Salud  EPS,   sentina de la corrupción de cuello blanco, ha creado a su antojo  su propia línea roja.  La salud y seguridad social son el más grande  de los negocios inmorales en Colombia,   su rentabilidad es directamente proporcional a la desatención, sufrimiento  y muerte de los afiliados.
  
¿La oligarquía colombiana y el capital transnacional están convencidos que la paz les saldrá gratis? ¿Creen que son posibles   acuerdos de paz con la insurgencia, que no impliquen modificación alguna al statu quo?  El desarrollo de los acuerdos  hasta el momento entre gobierno y FARC, con sus ajustes y desajustes, hacen pensar que nada o muy poco les va a costar.  Si se revisa cuidadosamente lo que se ha dado a conocer sobre lo acordado, no hay nada que atente contra los privilegios de la oligarquía ni contra los intereses del imperio. La Mesa de conversaciones más parece una mesa de sometimiento que una de acuerdos entre negociadores donde no hay vencidos ni vencedores.  Hasta el momento las clases dominantes van cantando victoria.  

Pero las FARC han sacado su as   escondido   bajo la manga,   la carta lanzada por la insurgencia sobre la Mesa corresponde a la verdad,  esta es una inflada línea roja, que determinará  el éxito o el fracaso de las negociaciones de paz en La Habana,  ¿los determinadores de la debacle social, ganaderos, banqueros, dueños de medios de comunicación, industriales, funcionarios públicos, legisladores, transnacionales, políticos y militares, entre otros,   se someterán  a subir al estrado a decir la verdad verdadera de lo que han hecho para avivar el conflicto social, político y económico?  No, definitivamente no lo harán;  este será el límite de la paz negociada. Entonces, no quedará más que   preguntarnos, como lo hizo  el fariano Alfonso Cano,  al instalarse las negociaciones entre el Gobierno del presidente Gaviria y las Farc en Caracas en el mes de junio de 1991,"¿Nos veremos otra vez dentro de diez mil muertos?" Así será.