martes, julio 07, 2015

JORGE ENRIQUE BOTERO: “SUEÑO UNA COLOMBIA QUE ELIMINE DE SU ADN LA VIOLENCIA”




|Por Natasha Vázquez|© Sputnik/|09.06.2015|

Jorge Enrique Botero, el periodista y escritor que más veces ha estado en el mismo corazón de la guerra en la selva colombiana; el hombre que ha tenido la suerte y el prestigio de desvelar al mundo más de una primicia sobre esta conflagración; ganador de importantes reconocimientos internacionales con este tema, entre los que destaca el Premio de Periodismo Rey de España, conversa ahora exclusiva con Sputnik Novósti en La Habana, y nos expone algunas claves de este conflicto a pocos metros del lugar donde se desarrollan los Diálogos de Paz.

“Desde que abrí los ojos en 1956 no he conocido ni un día de paz en mi tierra y mis hijos y nietos tampoco y yo me niego a creer que no lo conocerán”, comienza nuestro diálogo con alguien que se ha convertido en experto y referente indispensable cuando se indaga sobre el conflicto en Colombia.

El colombiano es el conflicto más largo de América Latina y del mundo occidental, está cumpliendo según algunos historiadores 60 años, según otros 55, pero son más de cinco décadas de confrontación armada”, recuerda Botero.

“Es un conflicto que  va más allá de lo militar, es un conflicto social y que tiene mucho de político ya que es fruto de la exclusión política  a la que han sometido las clases dominantes a las otras fuerzas. Es un conflicto muy degradado en métodos, en su impacto en la población por el exceso de violencia que ha tenido”.

¿Cuáles son los factores que han influido en que éste sea un conflicto tan dilatado y complejo?

No es como otros conflictos con dos fuerzas definidas, es una amalgama de fuerzas violentas actuando. El Estado y ejército de un lado, las guerrillas por otro, a los que se suman el paramilitarismo y el narcotráfico.

A partir de los años ochenta, en virtud de que no podían derrotar a la insurgencia, las clases dominantes crearon bandas paramilitares, escuadrones de la muerte que arrasaron con el campo colombiano, decenas de miles de personas asesinadas de la manera más cruel e inhumana, hay seis millones de colombianos que son parias en su propio país.

Colombia el principal productor de cocaína, el narcotráfico incorporó una serie de elementos muy complicados dentro de la dinámica de la guerra y se volvió como el combustible de la guerra.

Por eso resolverlo es una pesadilla. La violencia se incorporó  a la cotidianeidad. Culturalmente  Colombia es un país violento, y el día que cese la violencia el país no se va reconocer.

Con ese panorama, ¿qué perspectiva tienen los diálogos? ¿Cree usted que hay solución a la vista?

Este es el quinto intento de acabar el conflicto por la vía negociada. A diferencia de los anteriores, es un proceso muy bien diseñado, con una arquitectura metodológica perfecta, y se ha logrado así llegar hasta donde nunca antes. En dos años se ha logrado acuerdos parciales sobre tema agrario, sobre garantías políticas, sobre narcotráfico. Se avanzó en lo de las minas antipersonas, que el país está lleno de ellas y es un arma que no escoge, que se ha llevado niños…

Ahora el proceso está en un entorno adverso porque hay combates y muertes. Las FARC habían logrado mantener cinco meses un cese al fuego decretado unilateralmente yse ha suspendido. En ese tiempo, Colombia dejó  de enterrar 600 personas, comparado con el mismo periodo del año anterior, aunque no es una cifra significativa porque han habido más de 300 mil muertos, al menos se logró reducir espectacularmente el número de víctimas.

A partir de este momento, el proceso puede adquirir una dinámica totalmente impredecible y es probable que volvamos a los días más crudos de la violencia.

Para alguien que ha podido conocer la guerra desde dentro, ¿qué es lo que más le ha impresionado?

A mí lo que más me ha impactado de mi trabajo periodístico cubriendo la guerra ha sido el tipo de seres humanos que he encontrado en el mundo insurgente. Transparentes, decididos, audaces, sin odios, con buena formación política e ideológica, unos guerreros formidables y  unos seres humanos extraordinarios. Ha sido fascinante conocer a esos protagonistas, el universo que han construido sustentado en convicciones y razones políticas.

Ha sido impactante estar presente en los lugares de los bombardeos, sentir el fragor de la batalla. Ver la cantidad de jovencitos metidos en la guerra, que están ahí porque no tuvieron otra opción, aunque no estén forzadamente, pero es muy triste que un país tenga que estar mandando niños a la guerra.

Me ha impresionado la geografía donde transcurre el conflicto, en  los paisajes más bellos y paradisiacos.

Me ha impactado la crudeza con que asume el ejército la guerra, he visto escenas realmente muy duras, he visto que se ha apelado a recursos violatorios del derecho internacional.

Y por último, me ha alarmado la apatía del ciudadano común y corriente, que pareciera no sentir dolor frente a lo que ocurre, la indiferencia frente a lo que sucede un poco más allá de su pequeño bienestar y el espíritu asesino y cínico de la élite colombiana.

Es verdad que en las grandes ciudades no se escucha el sonido de la guerra, pero están llenas de gente mutilada, en sillas de ruedas, pidiendo limosna en los semáforos, desplazados. No se oye pero sí se siente.

¿Cuál ha sido el papel que han jugado los medios de comunicación y cómo se ve el conflicto, tanto en Colombia como a nivel internacional?

Nuestros medios de comunicación son los más patéticos que hay en el continente, totalmente parcializados y alejados de la realidad, son unos aparatos de los grandes dueños del poder al servicio de sus intereses. Estéticamente impecables y atractivos, pero su contenido está cargado de odio y resentimiento.

A nivel internacional, la visión del conflicto estuvo muy influenciada por la Guerra Fría. En los setentas y ochentas las FARC eran vistas como un alfil de Moscú y fue el pretexto de los yanquis para meterle con todo. Termina la Guerra Fría y ese conflicto, que según esa lógica debería haber acabado, sigue ahí, igual que la Revolución cubana.

Actualmente los ojos del mundo están puestos aquí porque es el último conflicto armado del hemisferio occidental, por lo que atrae la atención de todos, incluido Moscú. Recientemente, el presidente Putin expresó su apoyo al proceso de paz durante su gira por América Latina.

Usted, que no sólo fue el primero en informar sobre estos diálogos de paz, sino que los ha estado viviendo día a día,  ¿qué nos puede contar de lo que no se ve en las cámaras, qué hay detrás de este proceso?

Sobre ese tema justamente estoy escribiendo un libro, pero puedo adelantar que me ha conmovido la reacción de los guerrilleros, el impacto de llegar a Cuba, a un mundo que siempre han soñado. La Revolución cubana ha sido su referencia, incluso idealizan un poco, pero para ellos ha sido un sueño cumplido poder estar aquí y me impresiona cómo son de felices.Pero lo más importante es que tanto del lado de las FARC como del gobierno hay gente trabajando y queriendo resolver las diferencias.

¿Por qué entonces no avanza más rápido el diálogo?

Se estancaron en el tema de la justicia, pretenden que lo guerrilleros vayan a parar a la cárcel y el otro bando no. Y los guerrilleros entienden que ellos han cometido delitos, que incluso se les ha ido la mano muchas veces, pero eso no es nada con lo que ha hecho la otra parte. ¿Qué  miembro de la élite irá a la cárcel, cuál presidente o expresidente será enjuiciado?  Las posiciones en ese sentido son irreconciliables.

Ahora en los diálogos hay un delegado directo del presidente Obama, Bernard Aronson. A la luz de la dependencia histórica de Bogotá frente a Washington puede ser una señal alentadora. El cansancio acumulado hacia la guerra por parte de los combatientes y la sociedad puede contribuir también a que se busquen acuerdos. Hay señales de aliento, pero mis pronósticos son bastante moderados, he pasado por épocas mucho más optimistas.

¿Qué Colombia sueña usted?

Colombia es el país de América Latina con los mayores abismos en la repartición de la riqueza, espero que se nivele un poco esa diferencia y haya un poco más de justicia social. Que progrese, que haya bienestar colectivo, una buena infraestructura, y un estado chiquitico que no intervenga en mucho.

Sobre todo sueño un país que elimine de su ADN la violencia. Todo en Colombia se resuelve por las malas, es una manera cultural de comportarse que demorará generaciones en cambiar. Yo no lo voy a ver, pero mi nieto, Manuel de doce años y Martina, de dos, espero que puedan llegar a vivir en un país donde la gente resuelva sus diferencias de manera racional y hasta amistosa.