domingo, septiembre 13, 2015

Juan Manuel Santos oculta el estado crónico de Colombia, con el cierre de la frontera de Venezuela entre el Táchira y Cúcuta




Se comieron la carne y echaron el hueso.
Lázaro Fernando Sirgo Chiang, Q. E. P. D
Olofista Religión Yoruba-. San Miguel del Padrón-Cuba

Muchos medios nacionales e internacionales, hablan de la crisis de Colombia con respecto al cierre de la frontera de Venezuela entre el Táchira y Cúcuta1, pero al tapado mayor está adentro, en Colombia: el envío de mercenarios y paramilitares hacia Venezuela.2

Actualmente, el presidente Juan Manuel Santos, recurre a los medios a convocar un apoyo de un lado y de otro, rechazando la vía de un dialogo regional con el gobierno del presente Nicolás Maduro, el cual que se le rebosó la taza de tanta agresión paramilitar en la frontera del Táchira.3
Santos, ante el cierre recurre a una moral de parroquia, exigiendo respeto a los colombianos, que según él, les han violado los derechos de colombianos en la frontera. Él, engaña con un mayor embeleco, irradia un para-estado, crónico, calculable, con una política exterior de un raquitismo político, guerrerista, bajo espuelas anquilosadas y anacrónicas.

I El estado de Colombia, no está en crisis, es un estado crónico. Los colombianos, que bajo un dolor histórico personal y colectivo, viven de duelo en duelo, de carencias, de desconfianza atisban hacia un “Pater Familiae” imagen a soportar las carencias y desafectaciones, propiciadas por la implantación hegemónica de una economía y un modelo deshumanizado. El presidente no ignora, engaña; que mejor con la crisis de Frontera con Venezuela, para enviar el mensaje de duelo de patriotas, reenviando amor por esa patria, con la creación que existe un Estado en Colombia que protege y garantiza los derechos civiles, baluarte que no lo es. Una falacia y un irrespeto hacia una población- víctima de disposiciones de una política de Estado que no logra liberar las graves violaciones de derechos humanos, la corrupción, la hegemonía de los gremios y el desplazamiento forzado de colombianos por motivos económicos, políticos y sociales hacia Venezuela y otros países.

En medio de la irresponsabilidad política de Santos, sobre el tema fronterizo con el gobierno de Venezuela, los colombianos luchan por un estado democrático, insisten sobre la incapacidad política, la negligencia y las improcedentes acciones que ejerce el Estado de Juan Manuel Santos, sobre los crímenes de lesa humanidad, delitos políticos, corrupción y males institucionales al interior del país, todo bajo un terrorismo de Estado. Santos y su corpus burocrático de estado, no resuelve aún el tema de las falsas judicializaciones, el tema de tierras, el esclarecimiento de los 100 líderes asesinados de Marcha Patriótica, el asesinato de líderes de Congreso de los pueblos, afros, indígenas y campesinos, el cierre, el despido de trabajadores y la muerte de 25 sindicalistas en su periodo, dice mucho de su Estado. Este tema, no le interesa, ni mucho, ni menos, como tampoco el circuito escabroso de asesinatos extra-judiciales. No existe información por parte del estado, sobre lo que sucedió con más de 45 mil desaparecidos entre jóvenes, mujeres, hombres, de quiénes son los responsables, ni mucho menos inicia una sanción o una plataforma de búsqueda, diseñada y participativa para ejercer una política pública, en miras al esclarecimiento de la verdad y la búsqueda de personas desaparecidas. Esto le corresponde a un Estado en democracia o por lo menos en esa vía; cuando está hablando de Paz, con los movimientos insurgentes colombianos.

Por ahora, Juan Manuel Santos, sus instituciones gubernamentales y militares, no le interesa nada de ello. Ante este panorama, se pregunta- ¿Una mesa de Paz, con los movimientos insurgentes, será la solución social? ¿Será posible la Paz que habla Santos, cuando continúa y consolida mediante la aplicación de un Plan de Desarrollo, basado sobre una política pública privatizadora, diseñada solo por los gremios económicos y corporativos hasta el año 2018? : Sí, se tiene en cuenta, que numerosos territorios viven en el hambre, la miseria y la entrega de los recursos energéticos.

La persecución a líderes de movimientos sociales, indígenas, afros, campesinos, el poco esclarecimiento sobre las fosas comunes en el territorio, el fenómeno de la desaparición forzada, el incumplimiento y dilación de los acuerdos a la Cumbre étnica, Campesina e Indígena en relación a los diversos proyectos productivos, y toda la desestabilización progresiva por el cierre y despido de trabajadores, incluye un estado crónico que no logra avizorar internamente una apuesta por la Paz.

Actualmente, no existe información clara y precisa, sobre qué sucedió, quiénes son los responsables, ni mucho menos sanción sobre los miles de desaparecidos, sobre las falsas judicializaciones, los asesinatos de líderes afros, indígenas, campesinos por parte de las fuerzas militares y agentes al servicio del estado, y sobre los innumerables delitos políticos. Mientras esto ocurre, consolida la herencia de un modelo paramilitar al interior del país, con transferencia hacia la frontera del estado en Venezuela.

II Territorialización Paramilitar en el estado de Táchira

En 1999, miles de colombianos, una población flotante, desplazada desarraigados por el hambre y la miseria son acogidos por el presidente Hugo Chávez Frías. En este contexto existen estudios realizados por la Asociación Colombianos en Venezuela, (ACOV), en el año 2002 entraron 23.000 colombianos; en el año de 2003 la cifra aumentó a 69.000. Se calcula que entre 2002 y 2009 han ingresado 480.000 colombianos.4

Son desplazados que se adhieren progresivamente y territorialmente, en un contexto geográfico hacia la frontera de Venezuela entre Cúcuta y el estado de Táchira y Zulia. Los colombianos desamparados por el estado Colombiano, son acogidos de buena fe por el gobierno de Venezuela, dándoles garantías de vida y otros colombianos desplazados por el gobierno de Colombia, se confluyen en la frontera en bandas de paramilitares en el estado del Táchira, en los municipios de Bolívar y Morelia, buscando consolidar un proyecto contra-económico: instaurando mafias para la economía del petróleo fronterizo, la cual, genera grandes divisas, diría más que el narcotráfico.

Los grupos de paramilitares, instalados por el gobierno colombiano en la frontera, hacen parte de una economía del petróleo, en una red circular en los estados fronterizos de los estados de Táchira y Zulia, cuyos gobiernos son de derecha y opositores al gobierno de Venezuela. Allí, se instaló un circuito económico: cambios de divisas, corrupción, contrabando de gasolina, captación de productos venezolanos hacia Cúcuta, intercambio de divisas, mercancías ilegales, narcotráfico, creación de plataformas para formar corporativismo entre la población al servicio de los paramilitares. Es la implantación de redes locales económicas, por parte de miembros paramilitares colombianos, se inserta y genera un corporativismo en diversas redes, es decir, una territorialización paramilitar. Toda una imposición de mafias de fronteras, a través del mercado del petróleo.5

2.1 Cartografía Paramilitar

Esta instalación de territorialización paramilitar transnacional, requirió un plan de implementación a través de una cartografía paramilitar.6 En el estado de Táchira, esta cartografía temática, se realizó, bajo un empadronamiento cartográfico en detalle, logístico, de identificación de ciudadanos, bajo un trabajo local, con el fin de insertar estos grupos de manera ilegal, en la comunidad fronteriza7, para llevar progresivamente una penetración territorial de paramilitares. Esta significación fronteriza, consolida  una hegemonía económica, de manera ilegal con el fin de desestabilizar el paso fronterizo hacia el estado de Táchira y viceversa. Desde Colombia, con esta cartografía corporativa, se implementa el Modelo Paramilitar Transnacional (MPT), transfiriendo hacia la frontera, la aplicación de un empadronamiento al servicio de grupos paramilitares.

Esto conlleva a una territorialización del mercado cambiario en la frontera.

Mientras esto ocurre, la democracia virtual en Colombia, Santos, se significa bajo un estado crónico; sin resolver temáticas sociales y no logra avanzar, situando su política de estado, sobre la consolidación de las grandes oligarquías, la burguesía industrializada y grupos económicos que sostienen el corpus del ejército paramilitar en algunos departamentos y fuera de ellos. El paramilitarismo, se sabe no se sostiene solo.

En medio de las tormentas sociales, Juan Manuel Santos, mientras habla de un proceso de Paz con los movimientos insurgentes FARC-EP y avanza hacia una mesa con el ELN, consolida un estatuto quo represivo, paramilitar con gran proyecto económico del capitalismo gota a gota, sin gritar, vociferar y alardear como lo hacía su antecesor: Álvaro Uribe Vélez. Sí, para ello, tiene que poner una cruz a más de un colombiano, lo hará. Él como eslabón de una familia hegemónica y sin escrúpulos quiere pasar a la historia como un hombre de bien, de paz, demócrata, así sea que esa paz cueste lo que cueste, como lo expresaría un día: “la Paz se consigue a las buenas o las malas8 entonces, cabría preguntarse- ¿Cuál es la Paz que habla Santos, si no combate los organismos paramilitares?

Santos no es ningún Beato, ni un santo con nimbo, es un hombre recubierto, aciago, con un retoricismo discursivo militar y guerrerista. En ese trazo, se configura toda su alianza con el paramilitarismo nacional, trasladando a la frontera de Táchira y sus municipios más próximos el Modelo Paramilitar Transnacional (MPT), esto sin duda, tiene una importancia externa en temas sensibles de su eje y proyecto político:

Su consolidación regional: el petróleo y las concesiones económicas de los territorios a países multilaterales, como respuesta al modelo neoliberal, que propugnando un paramilitarismo interno en Colombia y fronterizo en contra del territorio Venezolano. El petróleo es el objetivo.

El proyecto de extracción en la Mega-Minería- es la afirmación de lo iniciado por Álvaro Uribe Vélez, su prioridad es la entrega de los territorios a las multinacionales en la explotación de los hidrocarburos: la extracción minera, y lo recursos hídricos para entrar en concesión de privatizaciónSe evidencia en su periodo la selección de asesinatos de líderes, miembros de sectores populares y la muerte de 25 sindicalistas durante su periodo.

3. La consecución de los TLC, acuerdo económicos multilaterales, afianzando su política exterior al servicio de un modelo capitalista, con aplicaciones de estrategias neoliberales y cambiaras en detrimento de un modelo de desarrollo social y participativo., En ese trazo, las comunidades de base, las organizaciones populares, los sectores campesinos, afros e indígenas, no son tomados a consideración con sus propuestas. Están fuera de allí.

Juan Manuel Santos, como gobernante inescrupuloso, según él, su postura de hombre de paz hay que creerle, pero solo, esa credibilidad reposa en la terminación de cada frase. No es inexperto, ni ingenuo, todo lo contrario, bien agudo y perseverante en lo que resguardan sus palabras. No hay confianza mancomunada, con los sectores populares, pues imperan los asesinatos selectivos, no las masacres. En él, la realidad se vuelve rebuscada, es una frontera cogitabunda, aparece sostenida bajo una nube gris sobre lo que promete públicamente, y lo que sostiene como eslabón de una clase dirigente, oligárquica y cerrada. Su trabajo político actual, es una esfera sostenida, corporativa, privatizadora, al servicio de los grandes grupos económicos, bajo el modelo capitalista, que bajo un retoricismo expresa una política de niebla brumosa, densa y serpentina. Juan Manuel Santos, parece un escarabajo y sin duda, Álvaro Uribe Vélez, una mosca que revoletea.

La farsa de estado que se propugna en Colombia, extiende su cielo nublado hacia Venezuela. Santos acomoda su pavesa histórica, la convierte en su nube selectiva y guerrerista, no solo, contra los sectores populares en Colombia, sino que transfiere la guerra, hacia el Estado de Venezuela.

Notas:
1 La frontera colombo-venezolana tiene aproximadamente 2219 kilómetros.
2 El domingo 9 de mayo del 2.004 , la inteligencia del estado venezolano, detectan en la Hacienda Daktari, en una zona montañosa del Municipio el Hatillo, propiedad del Maya Mero Robert Alonso a un gran grupo de 153 paramilitares Colombianos que venían siendo entrenados para fraguar un atentado tipo comando para asesinar al mandatario venezolano, Hugo Chávez. Ver:http://www.aporrea.org/ddhh/a168381.html Ver sobre este punto, la presencia paramilitar en el estado de Táchira y Zulia – http://www.telesurtv.net/telesuragenda/Venezuela-infiltrada-por-paramilitares-colombianos-20150826-1326.html
5 Ver sobre esta reflexión la entrevista actual del periodista Dick Emanuelsson- a Juan Carlos Tanus, coordinador de “Colombianos en Venezuela” sobre los verdaderos motivos del cierre de la frontera colombo-venezolana en el estado de Táchira. Escuchar la entrevista completa: https://app.box.com/s/khqaxfyeedrc39ejq6sxa5ic69e4ytek y http://venezdickema.blogspot.com.co/2015/09/18-millones-colombianos-consumen-la.html?spref=fb
6 Para este caso es necesario, hacer referencia como en Colombia el trabajo de una cartografía paramilitar, se encubrió en el año de 1.999 con las mal llamada Cartografía social, que sirvió para la identificación geográfica, es decir, el empadronamiento de líderes del sector campesino a nivel nacional. Esta cartografía social, fueron programas llevados a cabo entre universidades, gobiernos departamentales y alcaldías locales. Estos mapas temáticos, fueron la ruta posterior y progresiva en los territorios, por parte de las Autodefensas (paramilitares) para realizar ejecuciones sistemáticas y corporativas en los territorios en Colombia.
7 Versión oral de un líder en frontera.