lunes, octubre 26, 2015

A LA TERCERA VA LA VENDIDA…



Me parece pertinente señalar que la incidencia o la participación de los medios de información –manejados por el poder de los oligopolios nacionales, sea radio, prensa escrita, televisión e internet, incluyendo redes sociales– fue importante en la elección del nuevo Alcalde de Bogotá. Por ese motivo recuerdo la afirmación de Malcom X: “Si no estás prevenido ante los medios de comunicación, te harán amar al opresor y odiar al oprimido”.

John Alexander Castro

Enrique Peñalosa se presentó por primera vez como candidato a la Alcaldía Mayor de Bogotá en 1991. En esa oportunidad fue derrotado por Jaime Castro. En 1994 volvió a las votaciones y fue vencido por Antanas Mockus. No obstante, en 1997 fue elegido como alcalde en representación del movimiento cívico “Por la Bogotá que soñamos” (¿Quiénes, cuál, para qué y qué Bogotá soñaban?). De ese modo, superó a Carlos Moreno de Caro. En 2007, Enrique Peñalosa vuelve a presentarse como candidato a la Alcaldía Mayor de Bogotá. Pero fue derrotado por Samuel Moreno. En 2011 volvió a las votaciones y fue vencido por Gustavo Petro. Sin embargo, en 2015 fue elegido como Alcalde Mayor de Bogotá con la campaña “Recuperemos Bogotá” (¿Para quiénes va a recuperarla?). Así, Peñalosa superó a Rafael Pardo, Clara López y Francisco Santos. En consecuencia, a Enrique Peñalosa le ha funcionado aquel dicho popular que dice: A la tercera va la vencida.

El primer mandato de Enrique Peñalosa mostró que la alianza público-privada es necesaria y es la salida a los distintos problemas que aquejan a Bogotá. No obstante, el desequilibrio de la alianza es revelador pues el sector público pone el dinero y construye la infraestructura y es el privado quien administra y obtiene los mayores dividendos. Esa alianza público-privada dio como unos de sus resultados a la Empresa de Transporte del Tercer Milenio S. A. Por lo tanto, es posible considerar que la Bogotá que soñaba Enrique Peñalosa iba (y lo hizo) a beneficiar a la empresa privada, con el dinero recogido por los capitalinos a través de los impuestos y otros recursos. Por ejemplo, por cada pasaje de TransMilenio el Distrito recibe el 5%, otro 5% es para los recaudadores y el 90% es para los dueños de los buses. Esa distribución de la ganancia poco le interesa a la opinión pública pues se ha forjado la idea de que la empresa pública es desastrosa y es necesario que la administren los privados. Aunque sean los privados los mayores ganadores y los mayores perdedores sean los contribuyentes.

Bajo tal premisa es posible comprender la promesa de campaña, en 2015, de Enrique Peñalosa: “Recuperemos Bogotá”, ya que el principal beneficiado de la elección de Peñalosa, como Alcalde Mayor de Bogotá, es Germán Vargas Lleras, especialmente en sus aspiraciones presidenciales de 2018. Asimismo, es muy posible que también sean favorecidos los distintos inversionistas de su campaña: Dónde adquirir vivienda SAS; Inversiones Jaipur; Urbanizadora Santafé de Bogotá (Urbansa); Textiles Lafayette; José Luis Aponte Gómez; Dascia; Laminados y Blindados; Lorenzo Kling Mazuera; Fundación Pro Pública; Ladrillera Santa Fe; Asesorías de Inversiones Andinas; Grupo Éxito; Panamericana Librería y Papelería; Colombiana de Comercio; Enelar; Filmtex; Arpro Arquitectos Ingenieros; Twity; Ayura; entre otros. Por lo tanto, se despeja el panorama y se comprende para quiénes pretende recuperar Bogotá. No obstante, esa opinión pública que eligió a Peñalosa afirmará que recuperaron Bogotá de las administraciones de Luis Eduardo Garzón, Samuel Moreno-Clara López y Gustavo Petro.

Esa afirmación de una parte de la opinión pública se sustenta en la creación del enemigo interno y la amenaza externa. El enemigo interno es la izquierda que ha gobernado a Bogotá desde Luis Eduardo Garzón hasta Gustavo Petro y la amenaza externa dice que esa izquierda va a importar el Castro Chavismo y lo va a instalar en el Palacio de Liévano. Esos fantasmas se forjaron y fortalecieron, particularmente, entre 2013 y 2015 pues distintos empresarios –como William Vélez Sierra y Alberto Ríos, dedicados a la recolección de los residuos sólidos en la capital– resultaron afectados con las medidas tomadas por el Alcalde Mayor de Bogotá.

Fue interesante observar que después de la decisión de Petro de incluir a la Empresa de Acueducto de Bogotá en el manejo de los residuos sólidos; Nuestro Señor Procurador abrió un proceso disciplinario contra el Alcalde, investigación que desembocó en su destitución el 9 de diciembre de 2013. No obstante, el 22 de abril de 2014 el Tribunal Superior de Bogotá le ordenó al presidente Juan Manuel Santos, otorgarle las medidas cautelares, dadas por la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, a Gustavo Petro. Esa protección le dio la posibilidad de regresar al Palacio de Liévano.

Sin embargo, a su regreso como Alcalde los medios de información –manejados por el poder de los oligopolios nacionales– iniciaron una serie de afirmaciones reiteradas que calificaron a Gustavo Petro como un “inepto”, un “improvisador”, un “desastre”, un “déspota”, un “populista”, entre otros adjetivos peyorativos. Y su exclusiva y directa responsabilidad en los problemas de movilidad, de seguridad y de los bajos índices de construcción. Esos repetidos dardos informativos (sean ciertos o no, no es el tema de esta columna de opinión) permitieron construir la idea de que Bogotá va por mal camino con la izquierda elegida desde Luis Eduardo Garzón. Por ese motivo, todo lo propuesto por Antanas Mockus y lo construido por Enrique Peñalosa se fue por el abismo y la Capital estaba tomando ese mismo rumbo. En consecuencia, era necesario recuperar Bogotá y, además, arrebatársela a Clara López, quien fue señalada de encubrir a Samuel Moreno en el “carrusel de la contratación” y de representar a la dictadura venezolana. Incluso, en medio de la campaña política apareció un afiche en redes sociales con la afirmación: “La única izquierda que le ha servido a Colombia es la de James”. En otras palabras, Colombia es, por tradición, un país de derecha, tanto en el fútbol como en la política.

Por lo tanto, la idea del enemigo interno, la amenaza externa, el patrocinio de importantes empresas, la tradición o el conservadurismo y la campaña negra le permitieron a Enrique Peñalosa ganar las elecciones del 25 de octubre y convertirse en el nuevo Alcalde Mayor de Bogotá, cargo que ocupará desde el 1 de enero de 2016. La nueva alcaldía de Peñalosa no tendrá los mismos tropiezos que tuvo en 1998-2000 pues el Concejo estará conformado por 9 integrantes de Cambio Radical; 5 del Centro Democrático y 3 del Partido Conservador; más los seguidores de Antanas Mockus en el Partido Verde. Y es muy probable que los representantes elegidos del Partido Liberal y de la Unidad Nacional se sumen a sus iniciativas. Además, sólo tendrá a 6 opositores, 5 del Polo Democrático Alternativo y 1 de Progresistas, puesto que los concejales de MIRA y ASI no son potenciales opositores. De ese modo, no tendrá mucha dificultad para lograr la aprobación de sus propuestas en el Cabildo Distrital.

Por último, me parece pertinente señalar que la incidencia o la participación de los medios de información –manejados por el poder de los oligopolios nacionales, sea radio, prensa escrita, televisión e internet, incluyendo redes sociales– fue importante en la elección del nuevo Alcalde de Bogotá. Por ese motivo recuerdo la afirmación de Malcom X: “Si no estás prevenido ante los medios de comunicación, te harán amar al opresor y odiar al oprimido”.

FUENTE; HTTP://PALABRASALMARGEN.COM/