lunes, octubre 26, 2015

AUTOCRÍTICA 1. SOBRE LA DERROTA DE LA IZQUIERDA



Ayer vi muchos mensajes en redes sociales reclamando renovación. Yo creo que un cambio de figuras en la izquierda no será necesariamente significativo si no parte de una reflexión desde la militancia de izquierda que nos permita hacer de esa renovación una consecuencia, y no el lanzamiento espectacular de otro gallo para las mismas peleas.

José Antequera Guzmán
Lunes, 26 Octubre 2015. Posted in ArtículosEdición 68,

Que si Lucho, que si Samuel, que si Clara, que si Petro. Los análisis desde los medios que se propusieron que ganara cualquiera, menos la izquierda, giran alrededor de los personajes; candidatos, ex alcaldes, dirigentes. Eso tiene su lógica. Desde que Maquiavelo escribió El Príncipe, lo recurrente han sido las lecturas políticas centradas en cómo conquistan y se mantienen los personajes poderosos en el poder. Pero también tiene su perversidad. La personalización de la política está vinculada con un mecanismo mediático de concentración de la atención y de la responsabilidad en una estrella de rock que tiene que entrar en desgracia en algún momento para luego ser sacrificada como el cordero de dios que quita los pecados del mundo.

Hay una crítica que hacer a la actitud y la acción de la dirigencia de izquierda en Colombia, sin duda. Mucho más, si volvemos a la certeza de que un proyecto como el Polo se formó a partir de acuerdos al nivel de esa dirigencia. La campaña de Clara, que ha sido la única que no se ha quitado la camiseta polista en ningún momento, pagó todas las peleas de Lucho con el resto, y de Samuel con la honestidad, y de Petro con el Polo, y de Robledo con el Partido Comunista, y las que se me quedan por fuera. Pero todos los liderazgos son jinetes de tigre, y es el tigre de la militancia de izquierda el que tiene que analizar qué ha pedido a sus dirigentes para mantenerlos en el lomo, y cómo también se los ha comido. Si lo que viene es una necesaria recomposición, esa militancia tiene que ser la primera que piense qué es lo que ha aceptado y qué ha rechazado. Cómo ha reaccionado, cómo ha defendido, qué ha dicho o qué ha dejado de decir, durante los últimos años de gobiernos de izquierda en Bogotá.

En los cursos de alta gerencia les enseñan a los empresarios una máxima que deberíamos recordar siempre para la vida y para la política: los demás oyen y los demás ven. ¿Qué vio la gente, en general, más allá de la militancia, que expresara la militancia de izquierda en los últimos años? ¿Unidad? Algunas veces. Casi siempre cuando se acercaban las elecciones. Antes la cosa solía ser como un mal matrimonio. Así que vieron mucha queja, mucha insatisfacción infantil, mucho debate sobre quién era verdaderamente de izquierda y quién no, mucho aleteo para muchas cosas que no lo ameritaban. ¿Y frente a las crisis? Los unos corriendo detrás de un personaje, y los otros corriendo detrás del otro. Y los personajes crecidos, sin reparar en que la gente oye y la gente ve, y puede comparar el discurso del buen vivir, y la ilusión y la esperanza, con las relaciones reales de quienes lo representan.

¿Quiénes somos los de izquierda? ¿Cómo somos? ¿Qué pensamos de la vida? ¿Qué noción tenemos de la moral y cómo la justificamos? ¿Somos, como promueven nuestros programas, la gente que construye acción y pensamiento emancipadores para el pueblo, que vive la democracia, que expresa orgullosa su sexualidad, que cuida el agua y el ambiente, por ejemplo, o somos los que construimos discursos para nuestro propio orgullo, y nos amangualamos en amiguismos, y nos quejamos de que nunca es suficiente, y decimos que luchamos porque vamos a mil reuniones? Somos ambas cosas, y sobre eso tenemos que pensar. No vamos a caer en la trampa. No resolvemos nada con golpes de pecho aceptando cada cosa de la que nos quieran acusar y con los marcos que nos quieran imponer.

No vamos a patear la lonchera ni a hacernos vergonzantes. Pero si lo que nos queda después de estas elecciones es la imagen del acto de cierre de campaña de Clara en Bogotá, pensemos bien qué es lo que eso significa. La unidad como suma de banderas es la clave de una estructura para la conducción del proceso político. Pero la unidad sin amplitud es mera auto-referencia, de manera que también tiene que significar una perspectiva transmisible. Hace unos días una amiga que no es una militante me dijo que yo era de la izquierda análoga, y yo que me creía re actual porque tengo Facebook y Twitter. ¿Qué pensarán de nosotros en Japón? ¿Soy revolucionario, o parezco la nostalgia de la revolución?

Ayer vi muchos mensajes en redes sociales reclamando renovación. Yo creo que un cambio de figuras en la izquierda no será necesariamente significativo si no parte de una reflexión desde la militancia de izquierda que nos permita hacer de esa renovación una consecuencia, y no el lanzamiento espectacular de otro gallo para las mismas peleas.