lunes, octubre 19, 2015

EL CANCER DE LOS HOSPITALES



|Por Alberto Castilla Salazar | Senador de la República. Miembro de la Comisión Séptima. Polo Democrático Alternativo|

Así como el cáncer carcome los cuerpos de un gran número de colombianos, puede hacerse una analogía con la situación de los hospitales de Colombia, a quienes los carcome un cáncer que se dispara por la ley 100 de 1993 y su directo beneficiado: las Entidades Promotoras de Salud –EPS.

En las últimas semanas las calles de la capital del Valle del Cauca se han vestido de batas blancas, bombas, carteles, colores y sonidos de tambores. Son las manifestaciones del estudiantado, los empleados, los médicos, enfermeros y ciudadanía afectada por una triste noticia: el paulatino cierre del Hospital Universitario del Valle “Evaristo García”. El HUV es el único hospital de Nivel IV sobreviviente del suroccidente colombiano, institución que sirve para prestar atención prioritaria y de urgencias a personas de estrato uno y dos, habitantes de calle y pacientes del Régimen Subsidiado de los departamentos de Nariño, Cauca, Valle y Chocó. Además sirve como espacio para la práctica profesional de estudiantes de más de tres universidades en Cali y ha sido merecedor de grandes premios por investigaciones científicas.

Desde hace varios años los trabajadores, médicos, enfermeros y pacientes vienen denunciando el síntoma cancerígeno del HUV: i. El no pago de las EPS que hoy adeudan al Hospital $120 mil millones. ii. Los dineros no pagos en alrededor de $8 mil millones de la Gobernación del Valle del Cauca, los cuales son de obligatorio cumplimiento, provenientes de la estampilla pro- Salud. Y iii. La deficiente administración del Director Jaime Rubiano, quien gracias a estrategias de alianza público- privadas, generó un detrimento de 20 mil millones de pesos. Otro dato que refleja este mal manejo administrativo, son los sobrecostos por más de $30.000 millones en los que incurrió el HUV en los últimos seis meses.

Los dineros adeudados y las alianzas de tercerización a las que sometió Rubiano al Hospital, han generado que éste cierre Urgencias y otras dependencias por falta de insumos básicos, entre ellas la Unidad de Cancerología que atiende alrededor de 500 niños y niñas con esta letal enfermedad. Por otro lado, se adeudan sueldos de más de 4 meses a médicos, enfermeros y empleados, quienes aunque aman su vocación, expresan que sus bolsillos también se están viendo afectados, (al día de hoy se han presentado más de 300 renuncias). Todas estas afectaciones han conllevado a que el HUV hoy haya perdido del 75% de su capacidad de funcionamiento.

Pero este cáncer no se frena ahí. Además de la metástasis que hoy hace mella en el HUV, vemos afectadas otras instituciones de la región como el San Juan de Dios de Cali con problemáticas similares, así como la liquidación de la Clínica Rafael Uribe Uribe, quien cerró sus puertas el pasado 11 de septiembre. Otros Hospitales también se ven afectados como el Isaías Duarte Cancino y el Mario Correa Rengifo; y a nivel departamental los de Cartago, Tuluá y Buenaventura. Sumado a ello, las clínicas privadas a las cuales se les pasó la responsabilidad de asistir a pacientes del HUV, como la Clínica Valle del Lili e Imbanaco, hoy se encuentran colapsadas ante la magnitud de hombres y mujeres, niños y niñas con cáncer que deben recibir atención médica.

Este es el triste panorama del Departamento del Valle del Cauca frente al tema de la salud. Pero es más triste aún recordar que no solo el Valle vive el cáncer de los hospitales, pues los síntomas se padecen en todo el territorio colombiano. Casos como el del Hospital Federico Lleras en el Tolima, o varias instituciones de salud de la Costa Atlántica dan cuenta de ello.

Como Senador de la República, y como ciudadano que también padece las infamias de las EPS, me veo en la obligación de alzar mi voz de protesta en defensa del derecho a la vida, pues brindar el derecho a la salud en condiciones dignas es un elemento necesario para el respeto por la vida de cada uno de los colombianos.

Frente al caso concreto del Valle, en conjunto con el Representante a la Cámara Víctor Correa, he enviado una misiva al Ministro de salud Alejandro Gaviria expresando mi profunda preocupación sobre este panorama, pero sobre todo insistiendo en la necesidad de dar estricto cumplimiento a las promesas realizadas frente al pago de los dineros adeudados. También invito a que el Gobierno Nacional, de acuerdo con lo establecido en la ley 1751 de 2015, reconozca la salud como derecho fundamental, y en conjunto con la Gobernación del Valle otorgue las condiciones necesarias para el funcionamiento y sostenimiento del HUV como entidad pública.

Frente al posible cierre del Hospital Universitario del Valle y demás Hospitales públicos en Colombia, rechazamos rotundamente la propuesta del Ministerio Nacional de Salud sobre la intervención al Hospital Universitario del Valle a través de la Superintendencia de Salud, o su declaración de insolvencia económica, conforme a la ley 550. Reiteramos nuestra oposición al cierre de Hospitales, tal como fue el caso del San Juan de Dios en Bogotá. El San Juan de Dios y el HUV han sido hospitales al servicio de los más pobres del país, función social fundamental para el derecho a la vida.

Por otro lado, rechazo también las declaraciones del Ministro Gaviria, quien se niega a reconocer la aguda crisis en que se encuentra el sistema de salud en Colombia, aduciendo que esto no es más que un show mediático marcado por el amarillismo, evadiendo así la responsabilidad que le compete al gobierno nacional.

No podemos seguir permitiendo que el cáncer carcoma nuestros cuerpos, ni a los Hospitales al servicio del pueblo desfavorecido en Colombia. La salud es un derecho humano fundamental, exigible de carácter inmediato. Los habitantes de la región suroccidente, la bancada del POLO y el Movimiento social en defensa de la salud, esperamos que se tomen todas las medidas necesarias para salvar el Hospital Universitario del Valle.

Edición 468 – Semana del 16 al 22 de octubre de 2015