jueves, noviembre 19, 2015

A la ciencia también compete rechazar la muerte



|Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez|


La imposición fetichista del capital modificó la raíz de la estructura del trabajo científico y prácticamente incorporó a la ciencia en otra de sus conquistas para legitimar su barbarie. La transformó en fuerza productiva explotada, debilitó su potencial creador, critico y liberador, y la ha sometido a sus juegos de lenguaje estadístico que cuentan resultados que sumen y produzcan plusvalía a su favor, lo demás lo desecha. El capital ha venido aislando a la ciencia de los intereses, demandas y necesidades de las poblaciones que viven al margen del poder y ha hecho creer socialmente que ciencia es equivalente a divulgación de publicaciones entre pares y especialistas que se citan entre sí, conversan entre si y crean sus propios escenarios, la mayoría de veces aislados de las comunidades que escudriñan.

El lenguaje de la ciencia ha sido codificado con los referentes de las demás mercancías, los científicos aislados de la toma de decisiones políticas y los resultados medidos por cantidades de reproducción, se cuentan los me gusta de la web antes que los impactos a favor de la vida o de la paz. Los científicos hoy parecen condenados a ocupar un lugar sin clase, sin respeto y sin los privilegios que la modernidad le había destinado.

Cuando aparece la muerte vestida de terror se evidencia la incapacidad de la ciencia para conducir análisis y llamar a la comprensión de lo que ocurre, callan las academias, no se comprometen, dejan que la política ocupe sus espacios. La ciencia sin conciencia se abre paso rápidamente por entre las demás mercancías del menú diario de la mano de grupos, colectivos y agremiaciones institucionalizadas con el propósito prevalente de producir números crecientes, recibir recursos por proyectos, seguir las formalidades para producir artículos, muchos de los cuales buscan sin ética un lugar pagado para ser divulgados, otros en cambio no llegan al mercado, son descalificados más por razones ideológicas que científicas, véase el veto jurídico en Colombia por la utilización de una especie de monos, que por preservar a la criatura humana como fin en sí mismo que no puede ser usada como medio, busca en la ciencia con conciencia una vacuna contra la malaria que salvaría a millones de personas víctimas ya del capital que los envió al submundo de pobreza sin retorno.

La ciencia útil al capital es recompensada, el mismo le traza un destino que alimente los adelantos de la guerra y de la muerte y socialmente justifique su terror con la amenaza de perder valores, derechos o privilegios ya ganados. Las bombas lanzadas por los buenos que matan en nombre de la civilización son más letales y macabras que hace una década, matan en masa, cientos de sirios, libaneses, afganos, iraquíes son despedazados a diario como señal de que la ciencia y la tecnología están logrando su máximo de eficacia y productividad. Los planetas están más cerca, son observados con precisión y ya tienen dueños y en los bolsillos de media humanidad hay trozos de ciencia que conectan al mercado y cada partícula humana es rastreada con fines de control por los mismos que mercantilizan la ciencia, recogen su plusvalía, juzgan, condenan y bombardean a inocentes civiles convertidos en blancos de odio que muertos producen ganancias. Mientras tanto se extienden las publicaciones, datos, intercambios, ponencias y congresos, que no logran impactar las realidades inmediatas consumidas en desigualdad, exclusión y exterminio.

Millones de inmigrantes buscan un poco de comida, agua y un techo para salvar otro día en la contabilidad de la vida que le gana batallas a la muerte. Cada migrante expulsado por las guerras del hambre y del terror, trata de llegar a los países adelantados en la ciencia en espera de vivir un día más escapando de las bombas o tratando de atravesar las alambradas de acero colocadas por las democracias modernas que jalonan la ciencia y en cambio de más democracia ofrecen mas muerte y terror. Al Qaeda, Isis, Mujaidines, Al Shabad, Contras, Paracos, Mercenarios, Contratistas de Guerra, todos son hijos de la misma celula llamada CIA, producida en el país que mas artículos científicos publica. Todas estas formas de depredación humana llevan la misma lógica de destrucción traducida al lenguaje de la ciencia social por numerosos intelectuales agrupados en los Tkink Thank que enseñan a creer que matar a otros es colateral y a los nuestros un crimen contra la humanidad, mientras el acelerado despojo aparece en los titulares de los grandes diarios como justas ganancias de bancos y bolsas de valores en las que la ciencia también sube y baja.

Producir ciencia como mercancía es un trabajo cada vez más controlado por el capital que adiciona relaciones de poder en su favor. La ciencia sin conciencia ni responsabilidad configura un mercado que subjetiviza al sujeto científico separándolo orgánicamente de los otros, del colectivo, del nosotros, mientras la clase capitalista controla el producto científico como cualquier otra mercancía. Las luchas sociales también tendrán que incluir en la agenda para la paz, la discusión por una ciencia propia que escape a la ideología del capital y a su mundo ficticio de libertades vigiladas y controladas funcional a su interés y de manera contraria se afiance en el retorno al ser humano con sentido de humanidad y dignidad en lucha consciente por una ciencia propia, descolonizada y liberadora que transforme y reconstruya en colectivo.