jueves, diciembre 31, 2015

La derrota de la soberbia




“La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres e infelices mortales, que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder.”
Gral. José de San Martín.

Menos de tres años fueron suficientes para que los que se consideran herederos del poder político del Comandante Chávez, construido durante más de dos décadas de lucha, lo dilapidaran. Y no es que no haya habido advertencias. Desde distintos espacios del Proceso Bolivariano, de diferente cuño ideológico y político se avisó tempranamente de esta derrota y se hicieron propuestas para evitarla, propuestas y alertas que no fueron escuchadas ni debatidas.

Con nombres altisonantes y vacíos, arrancados de los manuales fracasados que se pudren en los húmedos sótanos de la ex nomenclatura soviética, la cúpula del PSUV pretendió mostrar una “dirección colectiva” allí, donde sólo hay una connivencia de facciones dirigentes organizadas para apropiarse de manera privada de la Renta Petrolera.

Los “Altos mandos político - militares”, los “Comandos Supremos de la Revolución” y otros esperpentos oscuros, pretendieron suplantar un liderazgo construido en una comunidad íntima y profunda del Comandante con su pueblo. Un pueblo paciente y leal que soportó todo tipo de maltrato hasta que una parte fundamental de él dijo basta.

Los dirigentes lo hicieron de la peor manera. O de la única que saben hacerlo. Mientras mantenían la acumulación mafiosa de capital a expensas de la Renta, llevaron al pueblo que vive de su trabajo a un largo tiempo de penurias que por momentos se vuelven insoportables. Y que continúa y continuará hasta que no se ataquen las causas reales con las medidas apropiadas.

Manipularon el enorme sentimiento popular de cariño y confianza hacia el líder muerto. Y lo convirtieron en estatuas, video – clips y cuadros convenientemente colocados al lado de pequeños liderazgos sobrevenidos. En un intento cruel por petrificarlo, espantados por el frio que todavía les causa su recuerdo.

Repartieron culpas, algunas reales, la mayoría imaginarias, en otros, sin asumir nunca sus propias responsabilidades. “Guerra Económica”, por supuesto. Pero al denunciar a los saboteadores dejaron a la vista sus propias limitaciones, su incapacidad para derrotarlos. Su complicidad. Fueron quedando al desnudo como aquel rey del cuento infantil. Los únicos que no se dieron cuenta de lo que venía, fueron ellos y sus cómplices.

En su utilización del miedo como arma de dominación política, se excedieron hasta el límite insoportable de pedir “agradecimiento” por la mantención de derechos conquistados a punta de lucha y sacrificios y amenazar con castigo para los que cuestionan un rumbo a todas luces perverso.

Intolerantes, groseros, y amenazantes, mostraron sus privilegios repugnantes, y pretendieron comprar a último momento la conciencia de millones con dádivas o con terror. Como si el cariño, el amor, la voluntad de resistencia se pudiera comprar o arrancar a punta de amenazas, cachivaches y desprecio.

La cúpula le sirvió en bandeja de plata la victoria al enemigo. Una victoria que este nunca pudo construir solo. Facilitándole el trabajo al imperialismo y los oligarcas que fracasaron 17 años continuados. Los representantes de la más vieja, rancia y desgastada, de la más reaccionaria, forma de hacer política, acompañados por sus amos imperiales, captaron el voto de una parte del pueblo chavista, asqueado de lo que mostraron sus propios dirigentes, indignados por el maltrato, el desprecio y la sordera.

El PSUV y el gobierno, avalados por el silencio de los dirigentes de la MUD que son sus socios en la raspadera de olla más brutal de las últimas décadas, creyeron que se mantendrían impunes por siempre, forzaron una polarización falsa. Intentaron atrapar en una red de clientelismo y miedo a un pueblo al que considera menor de edad. Creyeron que era suficiente con las razias electorales, con la manipulación de las instituciones, con la proscripción de organizaciones, partidos y liderazgos, con la presión y la violencia contra los que alzaron la voz en el desierto.

Pero el pueblo habló y se ha abierto un tiempo nuevo. Un tiempo que, como todo lo nuevo en los procesos sociales y políticos es desconocido. Y está cargado de nubes tormentosas. Pero también de oportunidades. El movimiento tectónico que provocó que casi cuatro millones de chavistas eligieran el camino del voto castigo, el voto nulo o la abstención castigo, es la prueba incontestable del inicio de este tiempo.
Luego del primer impacto “autocritico”, la soberbia mal trecha de las cúpulas vuelve a escena. Vuelven las amenazas, la política del miedo y la infamia. Las acusaciones de agentes de la CIA a los críticos que presentan auténticas propuestas de salida a la crisis. Y por si fuera poco, lo más grave, ha dado un salto la violencia hacia los que no tienen bozal de arepa. La irrupción de un grupo de choque en una rueda de prensa de ex ministros de Chávez, es un nuevo síntoma de intolerancia y desesperación. En su caída por el barranco, las cúpulas vuelven a buscar culpables por fuera de ellos mismos y ahora lo hacen de manera mucho más violenta.

Por su parte las cúpulas de la MUD, están dedicadas a sus mezquinas batallas de maquinarias. Mostrando, mejor dicho, ratificando, que están muy alejados del sentimiento y necesidades del pueblo que vive de su trabajo. Y desnudan su elitismo. Su soberbia, reaccionaria, racista.

Pero lo que sucedió ha sucedido, y como sea que se desarrollen los próximos acontecimientos, ha emergido un actor político, todavía, borroso, difuso, inorgánico, pero que ha mostrado su decisión de ser protagonista.

Si estás cúpulas se vuelven a equivocar, como parece que empieza a suceder, ese actor que ha emergido, volverá a hacer tronar el escarmiento contra los soberbios que pretendan imponer, “como sea”, su miserable cuota de poder.