miércoles, marzo 16, 2016

La Dignidad Revive la Convergencia Popular: Paro Nacional


|Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez|

Un día después de la conmemoración de los 235 años de haber estallado la rebelión armada de los comuneros ante las reformas borbónicas y sus métodos arbitrarios y violentos para imponer mayores gravámenes a las élites criollas y rematar tierras a favor de la Real Hacienda, empieza el paro nacional por derechos y garantías para vivir con dignidad. La insurrección comunera estuvo compuesta por una mezcla de causas, reivindicaciones e intereses económicos y sociales diferenciados, que congregó a gentes de sectores rurales y urbanos. De manera similar el paro de 2016 resulta de una convergencia de causas, intereses, reivindicaciones y resistencias en marcha.

La rebelión comunera se levantó contra el colonialismo en América y el paro nacional lo hace en la práctica contra el neocolonialismo, es decir contra el modelo económico que rige los destinos de la política y de la vida. La rebelión comunera alzo a un pueblo en armas y el paro nacional levanta a un pueblo desarmado.  Los dos momentos son parte de una misma lucha, que esta vez encuentra en los vientos de paz un aliciente para creer en otro país posible, en una Colombia por construir.  

El Paro Nacional del 17 de Marzo, tiene en común una agenda de paz con justicia social, que tendrá como representante principal al pueblo colombiano que se lanza a buscar un dialogo social con el estado para ponerle fin a las estrategias de desigualdad e injusticias, y por la materialización efectiva de los derechos conquistados, que solo parecen existir como parte de la retórica oficial. En el paro confluyen las voces por el fin de la guerra y; las agendas sociales de las organizaciones sociales con las de las organizaciones armadas, lo que permitirá seguir avanzando en una dirección más clara.

Las reivindicaciones se juntan en un sentido de Dignidad como valor de resistencia y de esperanza, pero además como herramienta de búsqueda de un humanismo nuevo. La referencia a la dignidad como el valor absoluto abstracto que nos permitió entrar al mundo de libertades en los que nadie puede ser propietario de otro ser humano, ni comprarlo, ni venderlo, ni convertirlo en un medio a su servicio, parece empezar a completarse con la necesidad de rebelarse ante todo sometimiento, explotación u opresión y en este paro se integran partes de luchas que ocurren en los territorios, en las comunidades y adentro mismo de cada quien, que toma consciencia contra la humillación, la exclusión, la discriminación y contra el poder sin límites de las elites.

El paro llama a fijar las bases de una lucha sin tregua por ser reconocidos como humanos con existencia política y agrupa a sectores urbanos y rurales, políticos y sociales, económicos y ecológicos, a hombres y mujeres, a trabajadores y estudiantes, a jóvenes sin empleo y a jubilados. Para todos el común denominador es hacer valer la dignidad de pueblo, de grupo, de sujeto, de colectivo, en síntesis, de ser humano capaz de defender los derechos ya ganados en luchas anteriores y seguir conquistando los derechos aplazados.

El preámbulo del paro es defender la vida misma, impedir nuevos asesinatos, desapariciones y encarcelamiento de luchadores populares, y su primer capítulo se condensa en reivindicar la lucha por el acceso a los bienes necesarios para vivir con dignidad. El segundo capítulo, se define en la defensa de los derechos asociados al trabajo, a los reconocimientos específicos y de diferencias de etnias, géneros, roles, pero también los derechos a la salud, la educación, la vivienda, el transporte público, los salarios justos y al respeto a la protesta legitima contra el capital y sus reglas y contra las lógicas de poder del estado cada vez más lesivas y distantes de las demandas sociales colectivas.

Este paro hunde sus raíces más cercanas en el paro cívico nacional de 1977, las marchas campesinas de mayo de 1988, las movilizaciones que derrotaron el referendo Uribista de 2003, las protestas estudiantiles de 2011 que derrotaron la reforma universitaria de Santos, los paros y movilizaciones de indígenas y campesinos de 2013, que convocaron a mineros, sindicalistas, estudiantes y recibieron el respaldo nacional y las luchas diarias que se toman calles y edificios.

El efecto del movimiento colectivo de este paro nacional es que después de muchos años se logra una gran convergencia transversal de estructuras de representación nuevas como ecologistas, recicladores, camioneros, mujeres y tradicionales como los sindicatos y en un pliego unificado de 15 puntos definen la agenda para una negociación política del conflicto social para la paz real.

El paro se configura como una lucha contra el modelo económico, que el gobierno se negó a aceptar en las conversaciones de Paz de la Habana y; contra los poderes que imponen sus decisiones en lo local guiados por el libreto global neocolonial. Los temas que definen la plataforma de convergencia en el paro pueden asociarse en tres tipos de reivindicaciones: Contra la exclusión; En defensa del bien común y el sentido de lo público y; Contra la privatización y degradación de derechos conquistados. Es un levantamiento en Contra del  menosprecio de la clase en el poder hacia los sectores constitutivos del bloque popular como trabajadores, indígenas, campesinos, afros, maestros, estudiantes a quienes les ha incumplido pactos y acuerdos de movilizaciones anteriores; En contra de las reformas impuestas por las agendas del desarrollo global que convocan a la degradación de derechos como el derecho al trabajo en sus contenidos de jubilación, incremento de tributos, precarización del salario; destrucción del sistema de salud, privatización y detrimento de la calidad de la educación, privatización del agua y monopolización de los alimentos y; En defensa del patrimonio público y en general del bien común de la nación, convertido en negocio con ventas, concesiones y despojo, en beneficio de empresarios y trasnacionales, su reciente negocio fue Isagen; 

Es la entrada a  otra fase de la lucha social, que avanza con la misma secuencia de la rebelión comunera, dando inicio a la lucha social desarmada contra la injusticia y la desigualdad, y colocando un mojón hacia la construcción de paz con justicia social y acceso a los bienes que permitan vivir con dignidad y materializar los derechos, pero a la vez la entrada por el camino de la política con nuevos actores y grandes movilizaciones populares. El paro abre la puerta a otras voces hasta ahora silenciadas, invisibles o negadas para que la paz que se firme se construya en colectivo.

El paro pone la cuota inicial de la confrontación venidera que convierta en noticia y en ejemplo las luchas para vivir en este país con toda la dignidad necesaria, sin humillaciones, sin estruendos de guerra que la llenen terror y sin el miedo a ser asesinados. Del paro saldrá fortalecida la agenda de lucha social que integre las resistencias y modos de acción política de los diversos grupos, sectores y actores sociales y políticos y permita avanzar hacia la conformación de un movimiento de poder constituyente que se empodere en derechos y se apreste a repolitizar la política y a disputar el poder sobre el control de los medios de producción y del aparato institucional del estado.