domingo, marzo 13, 2016

Ni Santismo ni Uribismo, sino Democracia legitimada



Por Alberto Pinzón Sánchez|

En esta fotografía aparecen Santiago Uribe Vélez (der) y Fabio Ochoa (izq), miembro del Cartel de Medellín y hoy preso en EE.UU por narcotráfico. La imagen la usó el senador Gustavo Petro en un debate en el Congreso sobre la aparición del paramilitarismo en Antioquia en abril del año 2007. FOTO: Semana.com

¿Desean más guerra de desgaste? Esa habría de ser la pregunta que obligatoriamente deberían hacerse quienes todavía piensan en la debilidad de las Farc, en su carencia de bases sociales, en su arrinconamiento en las selvas, en su mamertismo, en fin, quienes todavía desde sus cadenas noticiosas contrainsurgentes gritan a voz en cuello que, las Farc EP están “casi” derrotadas y del ELN ni hablar: Son tan poquitos los pobrecitos, que no ameritan una hoja de análisis.

Hoy, después de 70 años de guerra contrainsurgente (es una petición de principio decir que desatada desde las alturas del Poder oligárquico e Imperial) a la cual el pueblo trabajador colombiano, opuso desde su inicio la estrategia (hasta ahora no derrotada) formulada por el comité central de los comunistas, de la combinación de las formad de lucha de masas, la que tuvo su desarrollo práctico en una resistencia popular de varios frentes: resistencia política, resistencia civil, indígena y negra, resistencia sindical y estudiantil, resistencia cultural y sobre todo, la más visible, la resistencia armada que, indudablemente, como escribía uno de sus teóricos Amílcar Cabral en 1966, por su desproporción de medios de todo tipo que posee el adversario, “deberá ser una guerra de desgaste”.

Hoy, cuando una nueva Colombia está a punto de nacer (los dolores del parto son audibles) y una crisis de todo tipo ha deslegitimado definitivamente y desgastado de manera irreversible las llamadas “instituciones de la oligarquía vendepatria”, y mientras amargamente hacen malabares para sobreaguar en el naufragio de sus mezquindades y fetideces, tienen que confirmar dos cosas:

Una que su avaricia e inhumanidad del más atrasado gamonalismo amalgamado al más bárbaro y autoritario capitalismo neoliberal, los ha llevado a gastar 70 años preciosos del acontecer histórico de Colombia, para sumirla en uno de los episodios más tristes, crueles e inhumanos de todo el hemisferio occidental conocido, cuyas cifras de víctimas espantan a cualquiera.

Y otra que, según el antiguo decir, cualquier Hitler sabe cómo iniciar una guerra, lo que nunca sabe es como va a terminar, ni él, ni esa guerra.

Es probable y además deseable que el próximo 23 de marzo Obama y Raúl Castro puedan anunciar al mundo y en especial a Latinoamérica y el Caribe “la finalización de la guerra en Colombia”. Es un acuerdo o pacto razonable, factible y esperado por la humanidad progresista desde hace muchísimos años que ansía evitar más dolor, muerte y destrucción en nuestro bello país. Lo que nadie podrá anunciar es que la cultura y las tradiciones de la resistencia de masas, anti oligárquica y anti imperialista de 70 años de sufrimientos y llanto, va a desaparecer así: con un chasquear de dedos. Eso talvez sea un poco más demorado o dispendioso, porque independientemente de que los mamertos lo queramos (subrayo queramos) o no; la lucha de clases objetiva y según el gran mamerto Marx, motor de la Historia (con mayúscula) seguirá existiendo por fuera de nuestra voluntad.

No se trata como lo dice el formidable dirigente y conductor popular Fernando Dorado que, la debilidad de las Farc los lleva a querer que la firma de los acuerdos de la Habana y la lucha irreductible por una Paz Democrática con justicia social “coincida” con la movilización social y los paros o huelgas de todo tipo, que están por venir.

No. No es un asunto de querer. Es que el flujo de los hechos sociales como los ríos que fluyen hacia el mar son confluyentes. Y ese es el coletazo que aterrorizado está dando el narco paramilitarismo Uribista, tratando de separarlos y de hacerlos fluir o correr hacia atrás en contracorriente, porque sabe que el narco para militarismo de su mafia familiar es incompatible con la Paz Democrática y legitimada que vendrá después de los acuerdos de la Habana y por eso, está utilizando todos los medios a su alcance, que son muchos e insondables, para hacer que esos acuerdos no se logren. Para que siga la guerra contrainsurgente y su mafia familiar y allegada siga disfrutando de sus ganancias y de la tradicional justicia para los de ruana.

Afortunadamente, y ese ha sido un gran acierto de los diálogos de la Habana, se escuchó la recomendación que siempre hizo el otro mamerto Manuel Marulanda, de incluir en las conversaciones militares y oficiales profesionales nuevos y sin mácula, es decir alejados del narco paramilitarismo Uribista, conocedores de los horrores de la guerra e interesados en acabarla de una vez por todas. Con esos oficiales ha sido posible alcanzar importantes acuerdos tácticos como por ejemplo el desminado, ect, y gracias a su apoyo es que JM Santos, a pesar de su mórbido enganche emocional de rivalidad con Uribe, ha podido llegar en los diálogos de paz hasta donde ha llegado.

Pero los movimientos dialecticos, es decir generados por contradicciones reales y objetivas, que se dan tanto en la Habana como en Colombia para finalizar la guerra contrainsurgente llamada por JM Santos “conflicto Interno”, han llevado a la sociedad colombiana, sin excepciones, a plantearse desde ya una necesidad que les es común:

La necesidad de construir una Democracia legitimada para la paz; porque la “democracia genocida” que nos ha regido hasta hoy, finalmente ha quedado totalmente desgastada por la resistencia popular y deslegitimada por la actual crisis “institucional” que como una vorágine se desarrolla en Colombia.

O, ¿ustedes creen que sin el libro de Olga Behar sobre el “apóstol Santiago”, no el español sino el antioqueño, y sin los demás libros, juicios, casos, y miles de acciones y denuncias tanto nacionales como internacionales sobre la familia Uribe Vélez y su mafia narco paramilitar, se hubiera llegado a tener la conciencia colectiva de que el narco paramilitarismo Uribista es incompatible con la Paz y con  una Democracia Legítima y, después de 20 años se hubiera llegado hasta donde se ha llegado?

Lo dudo. El desgaste es algo como la fatiga del metal: imperceptible, más si es clandestino y prolongado, pero llega, y algún día, la máquina hace un ruido infernal extraño, echa humo y no va más. Hay que estar atentos a todas esas señales