sábado, marzo 12, 2016

“Obama viene a la región a impulsar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica”



Por Manuel Barrientos y Walter Isaía / Resumen Latinoamericano/ APU/11 de Marzo 2016.- Leandro Morgenfeld, doctor en Historia de la UBA e investigador del CONICET, sostiene que hay que observar con preocupación la agenda que planteará el presidente norteamericano en su visita a la Argentina.

“Muy pocas veces llegó un presidente norteamericano en ejercicio de su mandato a la Argentina. No es un dato menor, porque las cinco visitas previas que se produjeron, marcaron cambios en la relación con nuestro país. Entonces, no es un viaje más, ni una cuestión diplomática o meramente simbólica”, advierte Leandro Morgenfeld, historiador y autor de los libros “Vecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las Conferencias Panamericanas” y “Relaciones peligrosas: Argentina y Estados Unidos”. Franklin D. Roosevelt, en 1936, fue el primer mandatario que realizó una visita oficial. Luego llegaron Dwight Eisenhower (1960), George H. Bush (1990) y Bill Clinton (1997). George W. Bush fue el último, pero no se trató de una reunión bilateral, porque vino en el marco de la Cumbre de las Américas que se realizó en Mar del Plata en 2005.
En la entrevista, Morgenfeld señala que Barack Obama viene a la región a impulsar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, en un contexto ahora favorable con la asunción de Mauricio Macri. Y pide que se observe con atención los acuerdos que se puedan firmar en materia de seguridad, bajo el ala de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.

APU: ¿Cómo debe interpretarse el verdadero alcance de la visita de Obama?

Leandro Morgenfeld: En primer lugar, viene para sellar la alianza con Mauricio Macri. Para utilizar una palabra de moda, viene a empoderar a Macri, y tratar de convertirlo –ya que no tiene tantos atributos personales- en un nuevo líder regional, en el líder de la derecha en el Cono Sur. Desde que Cambiemos ganó las elecciones en noviembre pasado, Estados Unidos está impulsando una restauración conservadora a nivel continental. Utilizó a Macri para atacar a Venezuela en la última cumbre del Mercosur en diciembre, y eso incidió en el cambio de clima y en el posterior resultado de las elecciones venezolanas de diciembre. Al mismo tiempo, la derecha brasileña está atacando al gobierno de Dilma Rousseff porque se siente en un contexto amigable para avanzar en esa línea. Y Evo Morales no consiguió por muy poco que se le habilitara una nueva reelección. Es decir, Estados Unidos está apuntado a reposicionarse y Macri es muy funcional, porque la Argentina históricamente siempre fue un país muy refractario a alinearse con Estados Unidos. Pero el gobierno ya dio amplias señales de que quiere volver al redil de lo que en su momento fueron las relaciones carnales que proponía el menemismo.

APU: ¿Por qué incluyó a la Argentina en lo que era originalmente un viaje a Cuba?

LM: Aunque a nosotros nos parezca mentira, Obama tuvo muchas críticas internas y es corrido permanemente por derecha. Hay sectores violentamente anticastristas que cuestionan la política de distensión con Cuba y que visite La Habana estando gobernada por el régimen de los hermanos Castro, como ellos denominan a la revolución. Entonces, para hacer un poco de equilibrio interno –como hace usualmente-, Obama visita inmediatamente después a la Argentina, gobernada por el nuevo aliado. Eso compensa en la agenda interna el ruido que genera la visita a Cuba. La gira también apunta a captar el voto latino, que será clave para que los demócratas logren torcerle el brazo a Donald Trump en las elecciones presidenciales de noviembre de este año. También hay otra motivación a la que hay que prestarle mucha atención, porque ya fue señalada por los funcionarios de la Cancillería argentina: Obama viene a la región (porque luego volverá a Perú a fin de año) a impulsar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP).

APU: ¿Qué es el TPP?

LM: Se trata de un acuerdo de libre comercio, como en su momento se intentó con el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que fue derrotado justamente en la Argentina en 2005. El TPP ya fue firmado por doce países y la idea es que se sumen otras naciones de la región. Tanto Macri como la canciller Susana Malcorra ya anticiparon que verían con buenos ojos que la Argentina se aproxime a los países de la Alianza del Pacífico, que tiene un claro sesgo neoliberal y antibolivariano, y que eventualmente también firme el TPP. La firma de ese acuerdo sería un desastre para la economía argentina, ya que limitaría las posibilidades del Estado nacional de regular y de intervenir en cuestiones económicas, limitaría las posibilidades de desarrollo de la pequeña y mediana empresa y daría muchas más concesiones al gran capital internacional, en este caso de origen estadounidense.

APU: ¿Qué diferencias hay entre el ALCA y el TPP?

LM: El ALCA avanzó durante todos los años noventa y recién a partir de la tercera cumbre, en 2001, empezó a ser criticado por uno solo de los 34 países: Venezuela, ya con Hugo Chávez como presidente. Y, especialmente, a partir de 2003, cuando se juntaron Brasil y la Argentina y empezaron a cuestionar que el ALCA sólo le daba beneficios al gran capital estado estadounidense y no combatía las formas de proteccionismo de Estados Unidos, sobre todo para sus sectores agropecuarios, que tanto afectan a Brasil y la Argentina. Con el cambio de correlación de fuerzas en la región, el ALCA terminó siendo rechazado en la Cumbre de Mar de Plata de 2005. Ahí Estados Unidos abandonó el proyecto, no volvió a hablar del ALCA, pero impulsó tratados de libre comercio bilaterales, como los que firmó con Perú, Colombia y varios países de Centroamérica. Era una estrategia menos amplia, porque estaba siendo muy cuestionado por parte de los nuevos gobiernos de la región. El TPP es una estrategia para tratar de contener el avance de China, que se transformó en un socio vital para muchos países de la región, empezando a desplazar el lugar que históricamente tuvo Estados Unidos. Po eso, uno de los objetivos del Acuerdo Transpacífico es tratar de cercar a China, porque incluye no sólo países de América sino también de Asia y de Oceanía. Y esta estrategia de expansión del TPP encuentra como aliado al gobierno de Macri, que planteó como vía de integración los tratados de libre comercio y también que el Mercosur firme de una vez por todas un TLC con la Unión Europea, a los que hasta fines del año pasado el gobierno de Cristina Kirchner se opuso porque consideraba que era lesivo para los intereses nacionales. Entonces, ahora Estados Unidos va a tratar de horadar la piedra para generar condiciones que tendrán que ser, a mi juicio, una vez más resistidas por los sindicatos, las organizaciones sociales y populares, porque es claramente perjudicial para los intereses de los trabajadores.

APU: Los medios anticipan que los ejes de la relación bilateral pasarán por las energías renovables y cooperación nuclear.

LM: Si bien por un lado es así, también hay que ver la agenda que está más oculta. Por ejemplo, en la última visita realmente bilateral de un presidente de Estados Unidos (porque cuando vino George W. Bush en 2005 fue para la Cumbre de las Américas), Bill Clinton anunció que su Congreso había propuesto que Argentina pasara a ser su aliado extra OTAN. Pero en ese momento, en el que también fueron a Bariloche, como lo hará Obama en esta gira, ahí firmaron un acuerdo climático. Pero son más declamaciones de marketing que otra cosa, porque Obama viene a hacer lobby por las empresas norteamericanas que operan aquí y necesitan de acuerdos con el Estado argentino. Una de ellas es, por ejemplo, Chevron, que tiene mucha participación en Vaca Muerta. No podemos ser ingenuos: es claro que Obama viene a defender los intereses comerciales de las cientos de empresas norteamericanas que operan en la Argentina.

APU: ¿En qué medida Estados Unidos aprovecha los retrocesos de los gobiernos populares en la región y hasta qué punto juega e incide de manera directa?

LM: Creo que actúa en los dos sentidos. Como es crecientemente denunciado, Estados Unidos viene apelando a diversas formas de desestabilización. Recordemos que, por ejemplo, en 2002 apeló directamente a un golpe de Estado contra Hugo Chávez, que se concretó y duró cuarenta y ocho horas. El empresario Guillermo Carmona autoasumió la presidencia y el gobierno que en ese momento encabezaba Bush lo reconoció en 24 horas, lo que representa un verdadero delirio desde el punto de vista diplomático. Por suerte, ese golpe pudo ser revertido por la movilización popular. Después de ese fracaso, EE.UU. busca otras formas de desestabilización, a través de boicots, de la financiación de ongs que ejercen la oposición, del sostenimiento de grandes medios de comunicación, y de otras formas de atacar a los gobiernos que le son adversos. Por supuesto, al mismo tiempo, es garrote y zanahoria. Entonces, brinda concesiones a quienes se encuadren en sus políticas. Hay cosas muy concretas y que son muy graves. En los últimos años, Estados Unidos desarrolló una forma de injerencia militar de nuevo tipo: con la excusa de la lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo desplegó nuevas bases militares por todo el continente. Antes de irse en 2008, Bush restauró la cuarta flota del Comando Sur para patrullar nuestra América, que había sido desactivada a principios de los años cincuenta. Y Obama, que tiene un discurso más multilateral y menos guerrerista, no sólo no la desmanteló sino que abrió una gran cantidad de nuevas bases militares, como la que se instaló en el Chaco, que se planteaba como una base humanitaria, que no tenía que ver con cuestiones militares, pero que la administraba y dirigía justamente el Comando Sur de EE.UU. Por el escándalo que se armó, la tuvieron que cerrar.

APU: ¿Cómo debe leerse la visita de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, a Washington?

LM: Bullrich se reunió con autoridades del FBI, la DEA y el Pentágono para volver a discutir la cooperación con Estados Unidos. ¿Qué quiere decir eso? Que las instituciones del gobierno norteamericano van a volver a tener injerencia en la Argentina, porque habían sido restringidas en los últimos años. Hay que prestar atención a cómo van a intentar ahora intervenir en nuestro país, teniendo como ministra a alguien muy cercana a ellos como Patricia Bullrich, aunque no esté en la tapa de los diarios. Pero seguramente el gobierno de Macri buscará vender la visita diciendo que la Argentina otra vez está integrada al mundo y que Macri es un líder mundial en la lucha por los derechos humanos.

APU: ¿Por qué Obama viene justamente en el marco de los 40 años del último golpe de Estado?

LM: Obama va a estar nada menos que el 24 de marzo, con la responsabilidad que tuvo Estados Unidos en el sostenimiento de la última dictadura. Y va a tratar de empoderar a alguien como Macri, que nunca hizo nada al respecto, que no había recibido a los organismos de derechos humanos y que lo hizo tan sólo hace dos semanas, obligado ante la confirmación de la visita de Obama. Pero no había visitado antes la ex ESMA, nunca había apoyado la continuidad de los juicios de lesa humanidad… Es una gran contradicción. ¿Por qué hacen esto? Porque entienden que luchar por los derechos humanos es una excusa para tener injerencia en los asuntos de otros países, como vimos en el caso de Venezuela. Así que hay que mirar con mucha preocupación la agenda que traerá Obama.