domingo, marzo 06, 2016

París, es muy tarde para los dos grados



GOTA DE OPINIÓN, Por JE-Cordero-Vi, Bogotá, 5 de marzo 2016

Sigo compartiéndoles mi diálogo investigativo con el libro de Naomi Klein "Esto lo cambia todo, el capitalismo contra el clima" (Edit. Paidós 2015) y sus fuentes bibliográficas más importantes. Más que un libro es un proyecto de alianza por el clima. Por eso las y los invito.

Cuando preguntamos ¿qué nos sucede? ¿Por qué no reaccionamos ante un problema tan grave como el calentamiento global?, es posible que nuestros interlocutores nos ayuden con 3 tipos de respuestas:

1) es que es muy difícil llegar a acuerdos entre tantos y tan diversos países.
2) es que la naturaleza humana no reacciona en colectivo ni se sacrifica, frente a retos que no son palpables en el presente.
3) es que no existen las tecnologías que hagan posible el reemplazo de las energías sucias por limpias. 

La respuesta # 1) no es acertada porque teniendo en cuenta los últimos 30 años (era de la globalización neoliberal), podemos contar cientos de tratados de libre comercio donde han participado hasta los países más minúsculos en múltiples y raras asociaciones. La reacción en cadena comenzó con el tratado TLCAN o NAFTA de 1988 entre USA-Canadá-México, quizás el más grande de los grandes, un acuerdo en que las élites de esos 3 países “convencieron” a 460 millones de personas de que lo que era bueno para ellas era bueno para todos. Fue el comienzo de la avanzada más hegemónica de un modelo económico por el globo entero.

Otro ejemplo fue la creación de la Organización Mundial del Comercio, un acuerdo impuesto a toda la población mundial (6.600 millones) en el que se estipulan fuertes sanciones a los países y empresas infractoras, en el que un país de millones de habitantes puede ser condenado a pagar una sanción de miles de millones de dólares a favor de una empresa de un solo dueño. Qué bueno sería un tratado así para defender el medio ambiente… ¿Lo hay con ese carácter inviolable? No. Pero al menos con solo este ejemplo, demostramos que los humanos sí pueden lograr acuerdos.

La respuesta # 2) no es acertada porque está demostrado que los humanos se sacrifican juntos ante peligros mucho más “inaprensibles” o de dudoso beneficio que el calentamiento global. Por ejemplo, lo han hecho en todo el mundo ante los pedidos de “austeridad” de los gobiernos y de organismos como el Fondo Monetario Internacional, lo han hecho ante las leyes de “ajuste” que vienen a cercenar gastos sociales, volver minúsculo el Estado, vender a los capitales privados los bienes públicos y un largo etcétera de tristes medidas. Y se han juntado para obedecer y respetar esas imposiciones.

Y en Colombia, 40 millones de habitantes hemos aceptado “apretarnos el cinturón” ante iguales y numerosas prescripciones gubernamentales en estos 30 años: que los capitales tributen menos que los empleados, que se utilicen los dineros públicos para salvar bancos privados quebrados por sus ricos dueños, que ajusten el salario mínimo por debajo del aumento real de los precios, que nos arrebaten las garantías laborales… para qué seguir con la lista. Suficiente para demostrar que los humanos merecemos todas las medallas por apoyar, incluso, decisiones que prometen un “incierto” bienestar, agenciadas por personajes que en ninguna encuesta de confianza salen bien librados: los políticos. ¿Entonces, cómo no apoyaríamos un sacrificio para salvar la especie?

La respuesta # 3) tampoco es acertada porque la tecnología de las energías limpias se viene desarrollando desde antes de la era de los combustibles fósiles. Lo que pasa es que fue archivada (¿intencional?) porque no podía competir con los costes del petróleo, pero en los últimos años ha dado pasos de gigante al punto de que países como Alemania planea depender totalmente de ellas en el 2030. Sin embargo, con perversidad, ese país no usa pero exporta energía sucia proveniente de termoeléctricas a carbón, por lo que ha elevado su tasa de emisiones contaminantes.

Si ninguna de las 3 respuestas acierta, entonces, como dice Naomi Klein: “no hemos hecho las cosas necesarias para reducir las emisiones porque todas esas cosas entran en un conflicto de base con el capitalismo desregulado (…). Estamos atascados porque las acciones que nos ofrecerían las mejores posibilidades de eludir la catástrofe -y que beneficiarían a la inmensa mayoría de la población humana­- son sumamente amenazadoras para una élite minoritaria [negrilla mía] que mantiene un particular dominio sobre nuestra economía, nuestro proceso político y sobre la mayoría de nuestros principales medios de comunicación”.

La élite mundial no ha hecho lo que debe hacer respecto al clima a pesar de que los científicos vienen advirtiéndole desde la misma década de los ochenta del siglo XX, cuando comenzó la expansión del modelo de globalización y cuando todavía había tiempo para hacer una transición gradual a nuevas formas de energía. Por el contrario, desde ese momento, las emisiones han ido creciendo como nunca antes con un solo bajón en el año 2009 (gracias a la crisis económica), pero con un brutal repunte en el año 2010 (5.9%), el año más sucio desde la revolución industrial del siglo XVIII.

Los científicos dijeron “pare” y la élite entendió “acelere”. Que las emisiones de gases de efecto invernadero hayan bajado en el 2009 demuestra que solo con el paro general de la economía el capitalismo deja de azotar a la Madre Tierra. Lo mismo será cuando el clima paralice todo. Pero estas dos soluciones de fuerza dejarán demasiadas víctimas entre los humildes del mundo. ¿Es ese el plan de la élite mundial?

En vista de toda esta procastinación, ya no hay más plazo, ya no hay posibilidades de soluciones gradualistas. Las advertencias de varias organizaciones científicas son angustiantes. Por ejemplo, la Agencia Internacional de Energía-AIE (un organismo amigable con el capitalismo) advierte que hasta el año 2017 hay plazo para lanzar más CO2 a la atmósfera si queremos que la temperatura no supere los 2 grados de aumento, respecto a la que teníamos en periodos preindustriales. Si la liberación de ese gas sigue igual después de esa fecha, habremos convertido para entonces en “inevitable” un nivel de calentamiento sumamente peligroso.

Con lo anterior, el acuerdo de diciembre pasado en París huele a desengaño porque ya es demasiado tarde para la meta de los dos grados. No hay la más remota posibilidad de que entre hoy y diciembre del 2017 se suspendan las emisiones en el mundo para lograrla, lo que significaría silenciar desde ya todos los motores que funcionan con combustibles fósiles, todas las aerolíneas, todas las centrales eléctricas movidas con carbón, suspender la extracción petro-gasífera, la construcción de nuevas represas y centrales nucleares, parar la fabricación y funcionamiento de armas, retomar la agricultura campesina con prelación sobre la agroindustrial, entre otros cambios.

Y si todo lo anterior por fortuna se hiciese, tendríamos que enfrentar por varios siglos las consecuencias, pues el carbono que ya está en la atmósfera no se descompone en cien años. Sin embargo habría esperanza y ánimo para afrontar las hambrunas, las sequías, las enfermedades, las inundaciones y para acoger millones de refugiados climáticos. Si con 0,8 grados de aumento ya estamos sufriendo, ¿cómo será de ahí hacia arriba?

El acuerdo de París acoge propuestas tan retardadas, como las de países que aspiran a rebajar un 30% sus emisiones para el año 2030. A la luz de la experiencia, pasarán muchas décadas antes que sus disposiciones se vuelvan obligatorias. París 2015, a la larga, legalizó que cada país haga lo que quiera. Las naciones emergentes dicen que tienen derecho a contaminar porque las potencias lograron ser tales gracias a que hicieron eso. Las potencias no están dispuestas a ceder 1 centímetro su posición geoestratégica y para eso tienen que incrementar la quema de hidrocarburos en los próximos años. Ahí están sus planes de desarrollo para el que quiera comprobarlo y veremos cómo en un año las gigatoneladas de C02 que incorporan a las nubes habrá aumentado.

Entonces preparémonos para el escenario más caótico por encima de los 2 grados, pero a la vez incrementemos la gestión para obligar a los gobiernos a decretar la crisis ambiental, hagamos que se incluya esa decisión en los programas de todos los partidos políticos y marginemos a los que no lo hagan, hagamos educación ambiental en este sentido y construyamos la acción colectiva para presionar decisiones favorables al medio ambiente en todos los órdenes, tomemos con las comunidades el control del agua, los recursos y la alimentación, hagamos el cambio individual coherente con esas metas.