martes, marzo 22, 2016

Razones porqué no firmé la convención



Es obligación de todo dirigente sindical clasista confrontar la orquesta ideológica y política de la clase antagónica en torno al diálogo y la concertación; en donde sin incuestionable razón son los patronos quienes sacan mejor partida de esos conceptos, manteniendo su hegemonía sobre los trabajadores. 

En ese sentido el dirigente, fiel a los principios sindicales clasistas debe convertirse en un férreo defensor de los derechos individuales y colectivos, plantear a través de la confrontación la defensa de sus intereses, que son totalmente opuestos a los intereses del patrón. 

Basado en estos argumentos, fue que tomé la decisión de no firmar la pasada convención colectiva de trabajo con el cerrejón, por considerar que la misma no contiene la salida a la crisis de los trabajadores, y que como dirigencia tomamos como bandera. 

Es verdad que el eje principal planteado como elemento para la defensa, como fue la SALUD, en esta convención colectiva no se soluciona. Por lo tanto no fue una decisión caprichosa. El pago por tratamientos médicos a familiares y al trabajador, no logra solucionarse, o sea que el calvario vivido por la negación del pago por parte de la multinacional Cerrejón durante los tres años de la vigencia anterior, se prorroga por dos años más. Otro gran problema que plateamos darle solución fue el pago de las incapacidades; la negativa del patrón fue rotunda. De los permisos por citas médicas, nada se logró. Concretar sobre la situación de los trabajadores con pérdidas de capacidad o patologías severas, en lo que tiene que ver con rehabilitación, readaptación y reubicación, no fue posible.

Otro tema sentido por los trabajadores como lo es, el proceso de desarrollo individual PDI, lamentablemente, queda a merced de la prepotencia del patrón; la única posibilidad que le resta al trabajador es reventarse como bestia, para lograr otro peldaño en el escalafón. 
Firmada la convención a dos años de vigencia, solo se obtuvo como aumento salarial para el primer año el 0.23% sobre el IPC; aumento que por lo menos durante las últimas 5 convenciones estaba lejos de presentarse. Con el agravante que para el segundo año de vigencia volverá a presentarse el 0.23 sobre el IPC; y será el factor salarial que regirá para todos los artículos que constituyan salario. 

En resumen podemos concluir, que cambiamos salud y salario por un bono a la firma de 7 millones de pesos; lo cual soluciona los problemas de la empresa; pero no la de los trabajadores. 

El bono no soluciona el problema de salud en torno al vademécum contratado por el cerrejón, los viáticos para tratamiento médicos y pago de incapacidades. 

Lamentablemente para todos, no pasará mucho tiempo para darnos cuenta de lo que aquí planteo es la realidad, cuando tengamos que seguir pagando el 100% de los medicamentos, cuando nos enfrentemos a la limitante de acceso a profesionales de la salud en sus distintas especialidades, cuando nos nieguen el pago de los viáticos por tratamientos médicos, cuando nos pongan todas las trabas para acceder a una reclasificación salarial. Para colmo de males, se incluye en la convención un parágrafo transitorio en el artículo 116, que pondrá a la organización sindical habilitar espacios para discutir sobre tema de productividad; lo que a mi juicio se configura como un parágrafo de un contrato sindical dentro de una convención colectiva de trabajo. El texto es el siguiente: 

PARGÁGRAFO TRANSITORIO: “Dentro de los tres (3) meses siguientes a la firma de la presente CCT, EL SINDICATO Y EL EMPLEADOR propiciarán espacios para discutir temas de productividad y, de ser necesario se conformará una comisión integrada por miembros de ambas partes para que con el apoyo de expertos en el tema, defina y diseñe indicadores para el seguimiento a la ejecución de acciones identificadas para incrementar la productividad en los procesos operacionales de la empresa,” es decir; será el sindicato quien a futuro, se preste para el diseño de indicadores y seguimiento a los procesos, otros supervisores. 

No firmé la convención, porque aun con el aval de la mayoría de las bases renunciamos a la única alternativa que teníamos, como era la huelga, no firmé porque sencillamente renunciábamos a los principios clasistas. La lucha no empieza ni termina con la firma de una convención; solo prolongamos nuestra agonía salarial y de salud, vamos a seguir con la misma disposición y empeño, aplicando los principios sindicales para continuar en la búsqueda de ganar una nueva correlación de fuerzas que nos permita a los trabajadores del cerrejón continuar defendiendo nuestros derechos. 

HELI ALFONSO ARREGOCÉS IBARRA
Fiscal Nacional de Sintracarbón