viernes, abril 08, 2016

El mayor informe de toda la historia de la ciencia



Fue desarrollado por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y será presentado en los próximos días

|Por: Darío Monsalve Gómez |

En los próximos días será publicado y divulgado de manera oficial el Quinto Informe de Evaluación del IPCC o Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, un documento cuyos aspectos generales no sobrepasan las quince páginas pero al que autoridades como el exsecretario general de la Organización Meteorológica Mundial, Michel Jarraud, califica de ser “el mayor informe de toda la historia de la ciencia”.

Construido a partir de aportes de científicos de todo el mundo que de manera voluntaria presentan sus análisis en materia ambiental, el nuevo texto básicamente sentencia la discusión de si los humanos hemos causado la mayor parte del cambio climático desde 1950, respondiendo que sí entre un 95% y un 100% de los expertos involucrados en su elaboración. Es decir que para el IPCC el calentamiento global, como en palabras del actor Leonardo DiCaprio durante la pasada entrega de los premios Óscar, “es algo real, está sucediendo en estos momentos y es la amenaza más urgente a la que se enfrenta nuestra especie”.

Sin paliativos, el documento afirma desde sus primeras líneas que “sin una estrategia agresiva de mitigación para reducir la emisión de gases efecto invernadero en este siglo, la temperatura está encaminada a aumentar más de dos grados centígrados para 2100”, no sin advertir que esta situación conllevaría a un “calentamiento catastrófico con consecuencias globales devastadoras”.

Dicho esto, el informe pasa a exponer desde la perspectiva de cada uno de los tres grupos de trabajo que conforman el panel, la serie de hallazgos, impactos y riesgos de todo tipo que deja el efecto del aumento en la temperatura del planeta, así como las medidas que deben ser tomadas si se quieren atenuar sus consecuencias al final del presente siglo. El mismo Jarraud lo dijo tras conocer el informe: “tenemos suficiente información ahora; el cambio climático ya no puede ser ignorado. No hay excusa para ignorarlo”.

Del primer grupo de trabajo, encargado de analizar las causas y medir los efectos del calentamiento en comparación con épocas anteriores, cabe destacar la conclusión de que a partir de 1950, tiempo en que entra en vigencia la llamada sociedad de consumo, la atmósfera y los océanos se han tornado más calurosos, los glaciares y el hielo de los polos se han derretido de manera acelerada y el nivel del mar ha aumentado significativamente. Desde este grupo se opina que el nivel de los océanos se ha elevado, ocurriendo dos veces más rápido entre 1993 y 2010, que entre 1901 y 2010.

Entre los aspectos que menciona esta parte del informe como consecuencia del calentamiento global, se encuentran la acidificación de los océanos, lo que impacta directamente en los arrecifes de coral, y el incremento de extensas oleadas de calor (evidentes hoy en día en la mayoría de lugares del planeta) seguidas de férreos temporales que pondrán más aún de moda las inundaciones y demás catástrofes naturales que la mayoría de gobiernos no calcula en este momento.

Importante además el análisis al llamado “presupuesto de carbono”, al que se explica así: “Para tener 2/3 de chances de mantenerse debajo del calentamiento global de 2 grados centígrados, no tenemos que superar el trillón de toneladas de carbono enviadas a la atmósfera. Para el 2011 ya habíamos usado la mitad de ese presupuesto y los científicos aseguran que de no reducir las emisiones rápidamente, gastaremos la mitad restante en los próximos 30 años”. Por si fuera poco, el informe advierte que el presupuesto es más pequeño de lo que se esperaba.

Paradójicamente, pues están llamados a desaparecer, esa es sólo la punta del iceberg que se vislumbra, ya que el segundo grupo de trabajo es el que realmente se despacha sobre los posibles mundos (todos en este mismo) a que nos dirigimos ante el impacto del cambio climático con que ya convivimos.

Lo devastador que llegaría a ser un calentamiento de 2,5 grados centígrados para finales de siglo, no se compadece con lo inerte a que pasaría a ser todo de continuar la trayectoria actual de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera terrestre.

En términos económicos, “reducir la contaminación de gases de efecto invernadero rápida e inmediatamente podría reducir los daños económicos del cambio climático a la mitad”. En todo caso, pobreza, hambruna, virus, violencia y caos serán los agregados a la terquedad que como especie demuestra la emisión irracional de estos gases.

Para el caso de Colombia y países en vía de desarrollo, la exigencia al parecer será aún mayor, pues sus sistemas dependen en mayor medida de la agricultura y los recursos naturales. Norte de Santander, por nombrar un ejemplo, con la serie de problemas regionales que arrastra, entre ellos la corrupción, la inseguridad, el desempleo y la falta de planes de contingencia, es presa fácil de los efectos negativos del actual cambio en el ambiente, los cuales de por sí ya padece en carne propia a través del aumento en su temperatura promedio (alcanza campante los 36 grados centígrados) y la disminución de sus fuentes hídricas (el principal río de la capital del departamento no ha desaparecido, pero tiene muerte cerebral).

Concluyente, por su parte el tercer grupo de trabajo presenta en términos viables acciones urgentes para lograr cumplir la tarea, entreviendo que las próximas décadas representan a su vez un mar de oportunidades para la mitigación, principalmente en áreas como la implementación de energías de cero carbono, la sustitución de combustibles fósiles por soluciones limpias, o el ideal crecimiento poblacional y urbanístico de las ciudades.

Si bien es ahora que mediante un informe oficial emitido por la comunidad científica del mundo el calentamiento global gana credibilidad general, no han faltado en los últimos tiempos advertencias sobre el peligro que acarrea un alza en la temperatura terrestre. Basta recordar el documental Una verdad incómoda (Davis Guggenheim), que en el año 2006 presentó una clara imagen de lo que supondrá el calentamiento del planeta en los siguientes años. Incluso programas de televisión, como la serie Futurama, han tenido en cuenta la problemática y dado una lúdica explicación sobre en qué consiste. Y, para no ir más lejos, tan sólo el pasado diciembre tuvo lugar en París la XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático, la cual se basó en gran parte en la versión preliminar del AR5 o Quinto Informe de Evaluación del IPCC.

Con los que muchos consideran flacos resultados de esta conferencia, habrá que hacer frente a esta verdad cada vez más incómoda, latente como una bomba a la que, más que huir, deberemos cubrir incluso a sabiendas de que perderemos algún miembro con su estallido. Será eso o perderlo todo para todos. Sin embargo, al día de hoy son pocas las personas y menos aún los estados que se han adherido del todo al bando de la tierra dispuestos a librar la lucha propuesta.

La mayoría en realidad sólo hemos escarceado el asunto y asumido actitudes poco o nada efectivas. Tal vez la indolencia se deba a que por una vez el esfuerzo consiste en una carrera contra nosotros mismos.

Es posible que al haberse socializado a través de la historia la mayoría de aspectos de la población, también lo haya hecho la energía o voluntad humana que se repone a la adversidad. Eso significaría que esta vez la solución a una crisis del mundo no provendrá de un genio, santo o mesías, sino de cada uno. Como siempre ha debido ser. Pero esa idea, curiosamente, y así lo señala también el AR5, debe llevarse a cabo de manera masiva y global. Una verdad que resulta al parecer más incómoda aún.