lunes, abril 18, 2016

Voces libertarias desde los barrotes de la indiferencia. Parte II (III)



DEL OLVIDO, LA DESIGUALDAD Y EL FALSO PODER
Voces libertarias desde los barrotes de la indiferencia. Parte II (III)

Camilo Varelai
solo se puede narrar verdaderamente el pasado como es, ya que al rememorar el pasado es un acto social del presente, hechos por hombres del presente y que afecta al sistema social del presente”ii
Immanuel Wallerstein

La continuación del relato se elaboró bajo entrevistas intercaladas. El tiempo reducido para acceder a ellas, la vigilancia constante del personal de guardia, el estrés permanente del encierro y la sensibilidad del entrevistado al rememorar sus experiencias, convirtieron la continuación del relato en una verdadera odisea metodológica.

Viernes 5 de febrero de 2016. Cárcel “La Blanca” de Manizales

El sonido de los barrotes estremece el alma. El miedo constante y la profunda soledad se ven profanadas por siete almas que junto a Juan completan el cuadro de la desesperanza. Los muros, las rejas y las cadenas recrean su nuevo mundo. El frio intenso y los sollozos se mezclan con el olor a humedad, excrementos y orina. Las paredes desteñidas son lienzos donde los hombres dejan tenues huellas de su existencia. Días, meses y años; frases y palabras entrecortadas, simbolizan una caricia no dada, una rabia contenida, un arrepentimiento fortuito, una rebeldía inconclusa; mensajes desesperados incrustados en el tiempo como un intento de olvidar la angustia, esa que grita a un mundo que los alejó y les impuso el silencio como ley.

Sus sentidos se trastocan de manera continua: sonidos, olores, imágenes y tactos recrean el ambiente del calabozo. La primera noche de Juan en la Sijin fue interminable. La incertidumbre se apodera de su conciencia: mil preguntas, mil tristezas, mil pensamientos bombardearon su cabeza. El intenso frio combatido con “un buzo” le recuerda que la comodidad, esa por la que su destino cayo hacia el abismo, en un recuerdo que empieza a perturbar. Sin cobijas, sin comida, ni un colchón en el cual descansar sus pensamientos, lo conducen a describir la situación en una frase lapidaria, “la primera noche la pase como un perro”.

El sonido de las rejas nos libera del letargo de su testimonio, detengo la entrevista pues la ansiedad de Juan se personifica en un constante movimiento de piernas que según dice, es in “vicio” generado desde su llegada a prisión, cuando ve pasar los días y la monotonía del encierro. Se toca la cara constantemente, regresa su mirada triste. Me dice que al final “ellos hacen su trabajo”. Reflexiono unos minutos y lo increpo, pues la tortura a la que fue sometido no tiene ninguna justificación, la fuerza pública está diseñada para defender la Ley, no para violarla.

Miércoles 2 de marzo de 2016. Cárcel “La Blanca” de Manizales

Al día siguiente Juan es trasladado al Palacio de Justicia para legalizar su captura. A las 9 am, el primer piso del edificio alberga en una de sus salas el testimonio del gran Leviatán que ejerce su poder en los tentáculos inquisidores de la “justica”. Su miedo, sus tristezas y sus explicaciones las carcome el silencio.

Hombres togados, acusadores sin principios hablan sin cesar incongruencias a los sentidos trastocados de Juan. En la audiencia lo esperaba su madre y su hermana que con sus lágrimas, desataron un manantial en sus ojos, un desahogo de la tristeza reprimida desde el día de la tortura.

El juez increpo a Juan con discursos legalistas y desobligantes, su “error” le costaría entre 16 y 21 años de reclusión.

El abogado de oficio lo insto a no aceptar cargos, aunque para Juan, “no hizo nada”. Aduciendo que el delito por el cual es juzgado carece de beneficios penales, entre ellos la detención domiciliaria, se ordena su detención intramural en la cárcel de Manizales. Una escena repetida mil veces, dantesco retrato de la solución del Estado al olvido, la desigualdad y la penumbra que se extiende por el territorio nacional y se reproduce como una condena constante, un bucle sangriento, profano e inhumano, ese que impulsa a nuestros jóvenes a comprender que “el hambre es más roja y matadora que la sangre” (David Sánchez Juliao).

Terminada la audiencia lo trasladan de nuevo al Gaula, esposado de pies y manos y a empujones, la dignidad vejada de Juan de nuevos alientos de consciencia. Su mente comienza a experimentar visos de supervivencia en esa jungla de cemento; fugarse de sus cazadores acelera la adrenalina y su corazón. ¿Cómo liberarse?, ¿hacia dónde correr?, ¿Cómo burlar el cerco de sus captores?, estas preguntas revolotearon en su cabeza. Sus movimientos constantes, los fallidos intentos para liberarse de las esposas y los pedidos de reducir la presión de las mismas, llevaron a sus captores a presumir sus pensamientos. Tratándolo de “chillón”, los de Gaula le expresaban contantemente:

-          Si usted sale a correr por esa calle, lo pegamos.

Morir esposado corriendo por una calle no representaba los heroicos pensamientos que minutos antes oprimían la razón. Máxime cuando recordó el día de su captura en la finca del “rico”, cuando los “héroes” agentes del Gaula le manifestaban constantemente que debía de estar agradecido por no ser desaparecido, “si fuera otro grupo, si”.

De nuevo aparecen los movimientos en sus piernas y su mirada triste. Me desvía el tema, lo comprendo, tal vez más que muchos que lo juzgan; nos juzgan. Mitigo su ansiedad hablando de su situación en prisión. Su madre es la única que lo visita, aquellos que disfrutaron de los excesos de su falso poder nunca han aparecido. Es su madre la que sagradamente el segundo domingo de cada mes le trae los artículos de aseo y los manjares que en prisión no existen. Su ansiedad da saltos inesperados a profundas reflexiones, en la cárcel, me dice, la solidaridad no existe, “nadie hace un favor, todo es plata”. Aunque sabe los sacrificios que hace su madre para visitarlo y traerle artículos de aseo, el colabora a sus compañeros de celda, así como se preocupa por su presentación personal,“aunque estemos en prisión seguimos siento seres humanos…porque estamos en la cárcel no tenemos que portarnos como animales”. El tema de la entrevista se diluye, conversamos sobre sus sueños, los anhelos de estudiar, viajar por el mundo y conocer otras culturas. Su futuro incierto se recrea en poder salir de prisión, tal vez buscar nuevos rumbos.

Juan es un joven noble, sus actitudes me demuestran un cambio en su forma de pensar. Sus reflexiones y problemas, sus carencias e incertidumbres me generan una profunda impotencia. Tal vez mis palabras y sus experiencias que se relatan en estas líneas tengan un eco en los que como Juan, se convierten en víctimas de la degradación de un sistema creado para el privilegio de unos, a costa de la exclusión de otros.

A las 11 de la mañana Juan es trasladado por el Gaula a la prisión………….

Continuara (si las circunstancias lo permiten).
_____________________
i Ex estudiante de Historia. Universidad de Caldas. Preso Político. Cárcel “la Blanca” de Manizales.
ii Citado por Grüner, Eduardo. La crítica de la razón colonial, la esclavitud moderna y la contra-modernidad en el capítulo XXIV del capital. En: Rivera, Mayola (Ed). El pensamiento de Marx en el siglo XXI. Memorias del primer seminario internacional. El capital 150 aniversario (1867- 2017). Teoría  y Praxis. 2015.