viernes, mayo 13, 2016

¿Hay o no crisis de la salud pública en Colombia?



|Por Saúl Franco*|

Ha vuelto a activarse el debate sobre la crisis de la Salud Pública -SP- en el país. El episodio más reciente ha sido un sugestivo artículo de la epidemióloga Sol Beatriz Abad Faciolince confirmándola (El Espectador, 3 de mayo, página 4) y otro inmediato del ministro de salud, Alejandro Gaviria (EE, 5 de mayo, página 13) tratando de desvirtuarla.

Sea lo primero reconocer que no existe una única acepción del concepto de “crisis”. La última edición del diccionario de la Real Academia le da siete significados. Cinco de ellos: cambio profundo, intensificación de síntomas, mala situación, reducción del crecimiento, cambio brusco del curso de algo, describen bien lo que realmente acontece en el campo de la SP en nuestro país.  Claro está que la crisis no es el acabose, ni tener todos los saldos en cero.

Contra mucha evidencia, el ministro Gaviria se ha empeñado en negar la crisis. En agosto pasado, en un debate de control político en la Cámara dijo textualmente: “Es mentira decir que Colombia tiene crisis de salud pública”. Sólo ha aceptado lo que él mismo llama “la crisis intelectual de la salud”, para descalificar a sus contradictores. En el caso que nos ocupa, aprovechando algunas imprecisiones u omisiones del artículo de la doctora Abad, volvió a tratar de demostrar que no hay tal crisis y, también con omisiones e imprecisiones que señalo a continuación, presentar un panorama favorable de la SP colombiana. Tomo la información básicamente de dos fuentes que espero sean confiables: el Plan Decenal de Salud Pública y el reciente informe del Observatorio Nacional de Salud sobre las desigualdades sociales en salud en Colombia.

Es cierto que ha disminuido la mortalidad materna en las últimas décadas. Pero todavía en 2013 la tasa era de 55/100.000 nacidos vivos, por encima del 45/100.000 propuesto en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Y algo peor que las tasas: la inequidad. El 40% de las muertes maternas se concentra en el 20% de las mujeres más pobres, algo que no parece preocupar al ministro. También en las muertes por Enfermedad Diarreica Aguda, EDA, hay una disminución sostenida. Pero la inequidad en dichas muertes también se ha incrementado: mientras en 1998 la tasa por EDA era 15.3 veces mayor en los departamentos más pobres del país en relación a los más ricos, en 2013 tal diferencia se había incrementado a 27.3 veces. En cuanto a la tendencia del suicidio en el país, tiene razón el ministro: es decreciente y no creciente, como afirma la doctora Abad.

En cuanto al zika, si bien el número de casos ha sido la mitad de lo previsto (convendría conocer las bases de dichas previsiones), Colombia tiene las mayores tasas en toda la región. Hay más de 2.000 embarazadas que han tenido la enfermedad y se estima en más de 500 el número de niños que posiblemente nacerán con microcefalia asociada al zika. El VIH/Sida aumentó un 14% en el 2015.  Las tutelas alcanzaron ese año un promedio record de una cada cuatro minutos, y se mantuvieron las diferentes barreras de acceso.

El debate sobre la crisis de la salud pública implicaría también pasar revista a los graves problemas nutricionales, ambientales, de las distintas violencias, de la deuda billonaria de las EPS con los hospitales, de la calidad de la formación, la información y la investigación en SP. Y preguntarle finalmente al ministro por qué no ha promulgado la declaratoria del Imatinib como de interés público, y en qué va la turbia y turbulenta cuestión de Saludcoop-Cafesalud. Se sabe que, a más del incremento de las desatenciones, del maltrato al personal y la persistencia de la corrupción, se han presentado ya atentados preocupantes y hasta un crimen confuso.

Claro que sí hay crisis de la salud pública en Colombia. Y no es desconociendo los logros o los grandes problemas como vamos a salir de ella. Es aceptándola y yendo a las raíces de las inequidades, a los fundamentos del sistema mercantil vigente en salud, y a las causas de la corrupción rampante como podremos encontrar - con argumentos, pluralismo y sin prepotencias - el camino para superarla. Que es lo que realmente importa.

(*) Médico social