jueves, mayo 05, 2016

La herencia enriquecida de Mariátegui



|Por Alberto Pinzón Sánchez|

Al comenzar 1967, la Universidad Nacional de Bogotá, como una premonición a lo que ocurriría un año después en París, era un magma ardiente: Hacía tres años Valencia, encabezando el bloque de clases dominante había comenzado la Guerra Contrainsurgente en la cordillera de Marquetalia con el famoso Plan LASO (Latin American Security Operation) y Lleras Restrepo, la había ampliado en las selvas santandereanas de los ríos Carare y Opón contra el ELN y, al alto Sinú donde se había constituido el maoísta EPL. Se discutía talvez muy a la manera colombiana y se le lanzaban huevos podridos a Lleras Restrepo, quien había venido a la Universidad, a exhibirse con el banquero estadounidense Rockefeller.

El debate incluía dos textos de reciente aparición en el Tíbet Bogotano: El excelente libro sobre Simón Bolívar de Indalecio Liévano Aguirre con el énfasis que allí se había puesto a dos pensamientos del Libertador; uno, de cómo los EEUU habían sido destinados por la Providencia a plagar la America de miserias a nombre la libertad y otro, explicado maravillosamente en la Carta de Jamaica, sobre la identidad y cultura Nuestramericana como un pequeño género humano aparte, mezclado.

El otro texto en debate, era el denominado “Las Formen de Marx”, de reciente traducción al castellano, que nos llegó acompañado de los textos polémicos producidos en casi todo el mundo, sobre el llamado “modo de Producción Asiático” o despótico-tributario-aldeano, y la posibilidad contemplada por Marx de que en algunas sociedades con particularidades y restos de tradiciones comunitarias y practicas solidarias fuertemente arraigadas, se  pudiera  evitar el desastre que implicaba la destrucción comunitaria provocada por el desarrollo tardío y arrasador del capitalismo en expansión.

No sería exageración si dijéramos que toda la facultad de ciencias humanas, con sus departamentos de economía, derecho, sociología, psicología, filosofía, educación, geografía, historia, lingüística, literatura, trabajo social, y antropología, era el centro de tal debate y participaba con sus producciones, publicaciones y polémicas.

En esa batahola (ahora creo que, para ponernos sobre la tierra) la profesora de Etnología, Blanca Ochoa de Molina, esposa de Gerardo Molina, nos puso como tarea la lectura y análisis académico del libro de Mariátegui “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”. Al concluir la clase, nos dijo en su lenguaje habitual: – “Muchachos, tienen 15 días para entregar el informe final. Ustedes pueden formar los grupos como quieran”.

Conformamos un grupo con Boris Zapata y Guillermo Sáenz y después de hacer algunas averiguaciones biográficas sobre el autor, acabado de ser sacado del ostracismo y  reeditado por la revolución cubana, y de consultar un historiador del partido comunista colombiano quien nos dio algunos detalles de la influencia que había tenido Mariátegui directamente sobre Fidedigno Cuellar, un amigo suyo en Colombia fundador del partido comunista colombiano, así como del papel jugado por Carlos del Barza y Bernardo Retjam, dos amigos personales de Mariátegui, exiliados peruanos en Colombia y del papel que ellos jugaron en la conformación del núcleo originario de comunistas colombianos; leímos la obra con deleitación, discutimos sus puntos de vista “metodológicos de Etnología Política” y, pretensiosos presentamos el informe a doña Blanca.

Hoy 49 años después, he vuelto a leer los “siete ensayos de Mariátegui” y sigo sorprendido como aquella primera vez por su frescura y vigor que sobrepasa sus limitaciones físicas y su enfermedad. Su paradoja existencial, ayer repudiado como “hereje” por sus propios camaradas y hoy invocado por ellos y otros más que se les han unido para destacar su “vigencia”.

Pero que quede claro: No es su vigencia lo que sobrevive de Mariátegui. Es su herencia agrandada y enriquecida en toda Nuestramérica, la que nos sigue golpeando por su persistencia y tenacidad.

Si se contextualiza el tiempo, el lugar, el modo, y las evoluciones particulares en cada uno de los problemas tratados en sus ensayos, es evidente que Mariátegui refleja las limitaciones de los conocimientos de la época en la cual vivió. Es un intelectual orgánico empeñado en aplicar con convicción y seguridad mental el método marxista (teórico y práctico) a la realidad peruana de antes de la gran crisis capitalista e Imperialista de 1930.

Sin embargo, lo cierto es que a pesar de los reparos puntuales que se le puedan hacer a cada una de sus afirmaciones, su método histórico, totalizador y dialectico y su obra siguen en pie después de tantas décadas de embates teóricos y prácticos por parte de sus adversarios burgueses, o de la incomprensión de algunos mal llamados marxistas, y hasta de sus deformadores maoístas.

Su diseño de definición de la realidad peruana abstraída y descrita históricamente y, su manera original y autóctona de abordarla analíticamente como una totalidad dialéctica y compleja, no es que siga vigente, sino que se ha afinado en innumerables desarrollos en cada uno de los problemas por él planteados y se ha ampliado con estudios profundos en toda Nuestramérica y hasta en universidades de lenguas extranjeras, al punto de hablarse hoy en día de un Marxismo Nuestroamericano fundado en su obra teórico-práctica, y hasta se hagan paralelos semejantes de su vida y sufrimientos con los del fundador del partido comunista italiano, Gramsci.

En Colombia, los comunistas  ”convictos y confesos” nos alegramos de que Fidedigno Cuellar hubiera sido amigo personal de Mariátegui y hubiera puesto en práctica en sus luchas de la cordillera caucana y tolimense todas sus enseñanzas en compañía del indio José Gonzalo Sánchez, y además, que los continuadores de Fidedigno como el indio Isauro Yosa (maestro de Manuel Marulanda Vélez) también hubieran entendido no solo la centralidad de la lucha de siglos por la tierra planteada por Mariátegui, sino el histórico problema indígena como un asunto de clases sociales explotadas y oprimidas determinado por la lucha de clases general desarrollada en Colombia hasta hoy. Desde la encomienda y la mita, pasando por el gamonalismo republicano, su fusión temprana con el capitalismo imperialista y la transnacionalización contrainsurgente actual.

Esa es una experiencia teórico-práctica que los comunistas colombianos pueden mostrar hoy en día, como un aumento o enriquecimiento de la herencia legada por Mariátegui. Y esto, puede enorgullecer a cualquiera.