martes, mayo 17, 2016

Universidad Nacional 16 de mayo de 1984: masacre estudiantil para imponer nuevo modelo educativo



Este 16 de mayo del 2016, por invitación de la Secretaria técnica nacional del Movimiento de víctimas de crímenes de estado, asistimos a la universidad Nacional para acompañar igualmente al colectivo de comunicación “el rebelde”, otro de los convocantes al foro denominado ¿Qué pasó el 16 de mayo de 1984 en la UN?.
 
La convocatoria llegada de parte del MOVICE, entre otras señalaba: “El 16 de Mayo de 1984, estudiantes de la Universidad Nacional realizan una protesta rechazando el homicidio de Chucho León Patiño, estudiante de Odontología de la UN, quien fue desaparecido y encontrado muerto con signos de tortura en Cali. Durante la protesta, desarrollada en Estado de Sitio, ingresó la Policía y el GOES (Grupo de Operaciones Especiales). Aún no se sabe con claridad que fue lo que ocurrió ese día en la Universidad, muchos/as hablan de estudiantes muert@s, desparecid@s, torturad@s, otros simplemente dicen que es un mito. Lo cierto es que la Universidad estuvo cerrada durante un año, que bastó para limpiar algunos recuerdos, dejarlos en el olvido, acabar con las residencias universitarias y terminar con los beneficios del Bienestar Universitario. Por eso hoy nos preguntamos ¿Qué pasó el 16 de mayo de 1984? ¿Qué pasó esa tarde que aún hoy el miedo sigue rondando? ¿Qué pasó ese día que ellos no se atreven a recordar ni nosotros a olvidar?”.

Frente a estos hechos presentados durante el año 84, el colectivo “el rebelde”, realizo ante los asistentes algunas reflexiones sobre las consecuencias que hoy como estudiantes evidencian dentro de la universidad y su proyecto, a raíz de este suceso histórico. Al decir de algunos, la universidad a partir de aquel momento, sufre un cambio radical.

Para los estudiantes Universitarios, el momento actual esta caracterizado, entre otras, por el boom de la memoria, en donde la memoria se vuelve un hecho bastante común, bastante politizado, pero también bastante, si se quiere, ausente de rigor y de la verdad que merece el País.

Para los estudiantes de la Universidad Nacional es necesario hacer una revisión histórica del proceso de universidad que hoy se tiene, para entender las complejidades que hoy afronta y entender las dinámicas por las que hoy pasa, revisitando su pasado, entendiendo que el movimiento estudiantil y los sectores disidentes y políticamente críticos dentro del estudiantado de la universidad nacional, han sido un sujeto objetivo, dentro de la represión sistemática del estado colombiano.

Hoy la Universidad promociona la campaña del adiós a la guerra, como iniciativa de la universidad, principalmente del centro de estudios sociales y del profesor Carlo Tognato, haciendo un llamado para que se ponga como ejemplo ante la sociedad, de dar esos pasos necesarios hacia la paz y hacia la reconciliación que necesita el País.

Como estudiantes, comulgamos con la idea, pero en el diagnóstico que él hace, sustentado en que la universidad es un espacio de guerra, un espacio tomado por los violentos, diferimos de su diagnóstico y de sus recetas para salir de ese supuesto.

Dentro de sus diagnósticos, hay un fenómeno de amedrentamiento y de terror dentro de la comunidad universitaria, alrededor de los grupos violentos que hacen presencia en la universidad; creemos que una aseveración de esas, sin un matiz necesario para la actualidad de la universidad y para la actualidad del país, es si se quiere, sospechoso y hasta peligroso, en el sentido que nosotros entendemos que las realidades de la universidad, por supuesto, tiene nexos con las realidades y las problemáticas del país, pero los conflictos que se viven al interior de la universidad, para nosotros, son problemas que deben tratarse de manera universitaria y no ser tramitados como conflictos de orden público: es decir, la realidad de la Universidad Nacional, como la de muchas de las universidades públicas del país, tiene una comunidad profundamente critica, beligerante en sus actitudes, en sus posiciones y en su forma de pensar, y como tal, en distintas y múltiples formas de afrontar los problemas de la universidad.

Hoy, decir adiós a la guerra, pasa para la universidad nacional, desde nuestro punto de vista, porque desde las responsabilidades administrativas, sean claros con la verdad histórica que merece la universidad; nos parece algo vergonzoso, que la universidad, año tras año, pase el 16 de mayo y no haga alusión, absolutamente de nada, a un hecho tan lamentable como ese. 

Para nosotros como estudiantes, decirle adiós a la guerra, pasa porque reconozcamos el pasado histórico que tiene la universidad y en ese sentido, pues que las responsabilidades administrativas, también entiendan su papel como directivos y reconozcan el pasado que ha vivido esta universidad.

Como abrebocas al acto, fue presentado un adelanto del documental “A la vida daremos todo, a la muerte jamás daremos nada: 16 de mayo de 1984 ¡Prohibido Olvidar!”. Varios de los elementos encontrados en la realización del documental, fueron igualmente expuestos ante los asistentes.

Entre otras, algunos de esos elementos, para quienes expusieron, es que luego del año 84, se empieza a perder la posibilidad que como proyecto les daba cabida y acceso a personas venidas de lejanas regiones del país, pues la universidad ha perdido un montón de infraestructuras de bienestar, que les permitía a esas personas acceder a la universidad. El proyecto de ciudad universitaria también se ha visto truncado, desde entonces, porque la vida en el campus Universitario, como proyecto de comunidad se ha hecho inviable; las personas que Vivian en el campus, que estudiaban en el campus, que trasegaban el campus y construían universidad, como ciudad universitaria, asistieron a su transformación radical desde el año 85. El tejido social Universitario fue fracturado, pues el tejido social expresado en prácticas culturales, deportivas de las colonias, etc, tampoco fue posible llevarlas a cabo, de la misma manera, posterior a los hechos de aquel año 1984. Hay también una ruptura de un modelo de universidad para las clases populares del país; hay una inflexión en los proyectos de universidad y de país, desde el estudiantado.

Hay una fractura profunda, de un montón de proyectos de universidad, disimiles, pero divergentes en que las administraciones históricamente han tratado de construir. Y decimos que hay una fractura, porque evidentemente muchos líderes estudiantiles fueron asesinados, entre otras, los hechos del 16 de mayo arrancan con la tortura y asesinato de uno de los líderes estudiantiles del momento.

Es necesario el esclarecimiento del que paso el 16 de mayo, siendo una pregunta inmensa, que requiere de un trabajo y un esfuerzo imperioso, para el que buena parte de los sobrevivientes, quieren y tienen la voluntad para hablar. Como ponentes al foro, asistieron como invitados, Diana Gómez, egresada de la Universidad Nacional actualmente Profesora de la Universidad Javeriana y miembro de Hijos e Hijas por la memoria y contra la impunidad y del MOVICE y Luis Higuera: Líder estudiantil de la UN en 1984. Actual vicerrector de la Universidad Pedagógica Nacional.

Diana Gómez, enfatizo en el tema de la memoria, mientras que por su parte Luis Higuera, como sobreviviente de aquellos hechos que enlutaron, una vez más, el campus de la Universidad Nacional, señalo entre otras que los hechos de aquel 16 de mayo, más que truncar el proyecto de Universidad Nacional, fue un ataque directo a la consolidación y construcción colectiva de políticas públicas inclusivas a la educación superior en este país. Vivimos por aquellas épocas, quienes compartimos las residencias de la universidad, las circunstancias de la primera desaparición sistemática de estudiantes de este país, hoy llamado el colectivo 82; entre marzo y septiembre del año 82, fueron desaparecidos un gran número de estudiantes de la facultad de ingeniería, de la facultad de derecho, de ciencias humanas de la universidad Distrital. Esa desaparición sistemática de estudiantes, esta cruzada, con la muerte en el mes de agosto del 82, del profesor, abogado, Alberto Alava Montenegro, asesinado sobre la calle 26 con carrera 37; sobre esos crímenes corre un manto de impunidad y desconocimiento total de la verdad.

De otro lado y pasando a lo acontecido el 16 de mayo de 1984, Justamente, un pequeño artículo escrito por “el rebelde medios alternativos” y escrito en el año 2012, aparecido bajo el título de“recordando el 16 de mayo de 1984”, sintetiza en buena medida, lo ocurrido aquel día y que ha pretendido ser borrado de la memoria.

Jesús León  Patiño, (Chucho León), quien fué estudiante de odontología en la Universidad Nacional, representante estudiantil y figura destacada entre los estudiantes por su constate interés en los temas que referían al bienestar universitario, emprendió con ayuda de varios estudiantes, una fuerte crítica a las directivas de la universidad y en especial al sistema de bienestar, siendo asesinado y encontrado con varias señas de tortura, en la ciudad de Cali, en los primeros días del mes de Mayo de 1984.


Partiendo de este suceso, el 16 de Mayo de 1984 se prepara una protesta al interior de la Universidad,  reclamando sus derechos y denunciando la brutalidad de la represión que recae sobre los estudiantes, motivo por el cual la policía y GOES (Grupo de Operaciones Especiales) se hizo presente para irrumpir brutal y desmedidamente en el campus universitario, ingresando y disparando sin precaución alguna a cualquier estudiante que estuviera en la protesta, no obstante, aprovechando  la oportunidad para ingresar a las residencias estudiantiles y emprender una masacre a lo largo y ancho de la universidad, donde además de estudiantes muertos, otros tantos fueron desaparecidos, unos encontrados luego con señales de tortura, otros en las cárceles de Bogotá y otros, que sencillamente hasta hoy día se desconoce su paradero. La universidad fue cerrada alrededor de un año, que bastó para limpiar algunos recuerdos, dejarlos en el olvido, e ingresar de nuevo con una serie de reformas que perjudicarían gravemente la comunidad universitaria y la educación pública como tal.

A partir de la apertura de la universidad en 1985, bajo el control del, en ese entonces, rector de la universidad, Marco Palacios, se emprende ya la implementación de un modelo neo-liberal en la educación y una privatización que no dejaba más que una mercantilización de la academia, las mentes y las ideas; de esta manera, los estudiantes al regresar se encuentran con la destrucción del bienestar universitario, donde ya no contaban ni con las residencias estudiantiles, ni restaurante, ni transporte, entre otros, dándose un cambio en el discurso, en términos de eficiencia y “derechos estudiantiles” desde el punto de vista egoísta, mercantilista, y opresor. Es entonces, cuando podemos ubicarnos, y pensar como este cambio que comienza en esa época, se ve aun más claro y reflejado en la actualidad de las condiciones de la educación pública, donde a partir de las reformas y medidas implantadas por el gobierno colombiano, cada vez peores y degradantes para una educación de calidad, se ha seguido arrollando la educación y las pocas ventajas, si se pueden llamar así, con que alguna vez contaron tanto los estudiantes como el pueblo colombiano”.