sábado, junio 18, 2016

Bronx: ¿una solución estética para reparar una realidad social?

|Por: Ingrid Morris|

Hace unas semanas la administración de la “Bogotá para todos” intervino la zona denominada el Bronx, en Bogotá según el alcalde porque está “no volverá a ser una república independiente del delito”[1]. Acontecimiento que fue mediatizado dejando en la memoria la manera como el gobierno rescata a niños y niñas de las mafias a la vez que hordas de hombres y mujeres sin hogar exigen con agresión que no los saque de allí.

Y mientras que la sociedad se conmueve y se convence de que la solución es extirpar este lugar de la ciudad por medio múltiples imágenes, drama, dolor rescate que los medios han multiplicado a través de diversas formas por las redes; mientras para unos ha podido más el voyerismo y la curiosidad de todo lo que pasaba allí, para otros suena incoherente como mientras en la página oficial de la Secretaría Distrital de Integración Social se menciona: “Aquí habrá mano dura contra los criminales y oferta social para los más vulnerables, los menores explotados y los habitantes de la calle”[2] y en los comunicados se muestran como se recuperan niños de las mafias. Por otro lado, se ratifica en diferentes declaraciones que la intervención al Bronx tiene un objetivo de renovación urbana muy parecido al realizado en el Cartucho[3][4]

Quizá para muchos sea fácil y real pensar que desplazar, demoler y hacer algo nuevo en el lugar realmente genera una solución, una nueva cara para la ciudad, sin embargo ¿a dónde se meten las casi 2000 personas que vivían allí?, desde esta perspectiva lo que a muchos medios se les olvidó investigar es cómo funciona el servicio de atención a los habitantes de calle que se realiza desde la Subdirección de adultez de la Secretaría Distrital de Integración Social e IDIPRON ¿Estaban preparados para esta contingencia? ¿Tienen la disposición y el presupuesto que requiere atender a las drogodependientes y/o personas sin hogar que habitaban en el Bronx? Claro está, estas preguntas partiendo de la base de que la administración no consiente la eliminación de personas vulnerables por múltiples motivos y que estas deben tener hogares alternos una vez son expulsados de su hábitat.

Quienes hemos trabajado en la atención a ciudadanos a habitantes de calle y hemos estado en otras intervenciones nos fijamos en la estrategia de atención posterior a la intervención, pues de otro modo lo más posible que puede pasar es un caos social que puede terminar perjudicando a otras poblaciones y alterando el orden de la ciudad, como de alguna manera sucedió en la intervención del Cartucho, muchos sabemos los intríngulis de esa experiencia pasada y cómo puede afectar en este caso, por ello lo quiero desarrollar en este artículo. No sin antes exponer un análisis práctico, haciendo honor a los datos y lo que podría hacer una observación pragmática metiéndome en los zapatos de quienes deben actuar con gerencia desde un modelo tecnócrata.

Hacer una síntesis comparada de los datos arrojados por tantos informes en las últimas semanas precisando y develando la complejidad que conlleva hablar de este lugar y la realidad de lo que sucede en las ollas en un proceso de intervención, nos permite evidenciar unas realidades y pintar, así como visualizar con todas las características este proceso social:

o    En el Bronx podrían llegar a habitar alrededor de 2000[5] personas de manera hacinada, que junto con la población flotante que transitaba en este lugar producto de las diferentes mafias que operaban allí y la venta de estupefacientes podrían llegar a ser 5000
o     
Si bien de las 2000 personas que podrían habitar es bien sabido para los que hemos recorrido la zona que allí habitaban familias que históricamente han vivido en la zona, también personas que encontraban allí los paga diarios más baratos para pasar la noche, o pasar el rato en el que podían consumir su droga con tranquilidad. En otras palabras, allí no solo vivían delincuentes y ladrones; era el refugio de muchas personas en condición de miseria y estrato cero de la sociedad.

o    El control de esta olla está en manos de las mafias y los paramilitares que están organizados con diferentes roles entre los que se encuentran los “sayas” ,“campaneros”, “patinadores” entre otros. Según datos de antiguos miembros de la SDIS allí existían 5 ollas, la de Castrillón, Gancho Manguera, gancho mosco, homero, payaso rojo, entre varias otras que se han ido rotando en el tiempo

La descripción de la manera detallada cómo funcionaban estos carteles al interior puede ser materia de indagación de muchos otros medios. Lo cierto es que como sucedía en el Cartucho los carteles y las dinámicas cambian cada cierto tiempo, sino porque se exterminan entre los mismos en la guerra por la venta y muchas otras riñas, en otros casos lo hacen para camuflarse de los organismos de control. Aquí el punto es rescatar que una buena parte de la gente que habitaba en el Bronx vivía a la sombra y el sometimiento de las bandas criminales y las mafias. ¿Por qué la mano dura y allanamiento contra los criminales[6] tanto en el caso del Cartucho como en el Bronx pasa por encima de las familias y las personas humildes que simplemente habitaban allí? Pues lo cierto fue que durante varios días muchas familias en bandada solo pudieron desplazarse a Plaza España, Cinco Huecos y San Bernardo, ninguna de ellas tuvo atención integral.

o    Si bien se ha mencionado los hallazgos realizados en materia de seguridad con número de armas incautadas, delincuentes detenidos, así como la intervención del ICBF recuperando niños y niñas de las mafias paramilitares, en términos sociales la página oficial de la SDIS revela: “…Hasta el momento la entidad ha realizado 8.219 atenciones en los siete centros de Acogida para esta población en Bogotá. Este miércoles 916 habitantes de calle pasaron la noche en los Centros de atención de la Secretaría de Integración Social. (…) Por su parte, Idipron trasladó 150 adolescentes y jóvenes a los centros de la entidad en Carmen de Apicalá y San Francisco, Cundinamarca para iniciar su proceso terapéutico. A la fecha más de 1.000 jóvenes han ingresado a las 23 Unidades de Protección Integral de la entidad.”[7]

La información es replicada por los medios indiscriminadamente sin constatar los hechos visitando directamente a los hogares de paso o centros de acogida, así como el servicio de salud que tienen allí. De igual forma no se ha hecho una revisión de la política pública de habitabilidad en calle, tampoco una investigación que revice a la vigencia y actualización sobre los mecanismos de atención a las personas sin hogar y / o en condición de adicción desde una perspectiva social y en materia de salud pública. Es allí donde se crea un gran velo de ausencia dentro de la mediatización de la intervención del Bronx, pues aunque no existan cifras oficiales es un hecho que gran parte de la plata de la Subdirección de Adultez al frente de todos estos centros de acogida salió del equipo de trabajo actual, en otros casos a varios de este equipo se les redujo el sueldo, pero más importante aún el presupuesto con el que funcionan todos estos espacios de atención se redujo en una gran cantidad y uno de los 4 nuevos centros creados en la administración pasada está en riesgo de ser cerrado. De esta forma ¿Cómo se está atendiendo a la población “acogida”? Si históricamente estos centros no se han caracterizado por la calidad del aseo, la alimentación y las instalaciones que resguardan estas poblaciones solo basta imaginar en qué consiste la atención con menos presupuesto.

De igual forma es necesario aclarar que hay múltiples razones por las cuales se habita en la calle y aunque una de las más conocidas es la adicción o consumo de estupefacientes, los servicios y la atención debe ser diferenciados y se carece de programas de este tipo en el distrito. Una estrategia diferenciada debe ser asesorada o cualificada para el caso de quienes necesitan una ruta de atención en drogodependencia, como sucede en muchos países con políticas de atención en adicciones sin tener que pasar por la estigmatización y el señalamiento, con una política social que imparta la idea de la adicción como una condición inherente al ser humano, en la que son básicas las redes de afecto, empezando por una sociedad que no excluye sino acoge.

En datos aproximados la atención en los centros para HC durante los últimos 10 años ha sido:

o    Centro de Acogida ahora llamado “Javier Molina” con capacidad 350 día – 300 noche
o    Centro de Autocuidado 300
o    Centro Hogar el Camino 100
o    Idipron 250

Atención a la población Habitante de Calle en una época donde el Censo de esta población arrojó aproximadamente 9500 ciudadanos en esta condición en la Bogotá, este dato total se mencionó como aproximado incluso en la información oficial ya que para el año en que se realizó (2011) no se contó con toda la infraestructura necesaria para el emprendimiento de esta labor en términos de transporte y recurso humano ya que para ello trabajó día y noche un equipo base de 48 personas y apoyos esporádicos de 137 voluntarios.

La administración de la Bogotá Humana ha sido la única en incrementar radicalmente la atención en específico en lo referente a la construcción de lugares adecuados para el trabajo con habitantes de la calle, los centros antiguos son de infraestructura tipo bodega adecuados para la convivencia de mucha gente, pero sin todas las comodidades necesarias de hecho se ubican en zonas industriales donde en muchos casos las emisiones de toxicas de empresas en algunos casos les perjudican.

Así durante el 2014- 2015 se ajustaron los cupos para los hogares ya creados y se crearon otros:

o    El hogar Academia con capacidad para 200 cupos
o    Humanidad con capacidad para 100
o    Alta dependencia se activaron 100 cupos más
o    Liberia 130

En conclusión, si la intervención suponía una estrategia de contingencia, de ella no hay evidencia de planeación tanto en la SDIS como en IDIPRON, la mayoría han sido soluciones sobre la marcha, aunque haya contactos cercanos a personas que trabajan al interior de estas instituciones temen a hablar en público ya que su trabajo depende de la correspondencia que tienen con la administración que los contrata. Se puede decir que la fuente más importante de información son los habitantes de la calle que por décadas han usado esos servicios y son una autoridad al manifestar la manera en cómo ha aumentado o disminuido la atención en estos centros. Son ellos quienes manifiestan la incapacidad para albergar tanta gente y como los funcionarios no dan abasto con la demanda de tantos habitantes de calle.

Estos temas generales que demarcan el precedente de lo que significó la reciente intervención del Bronx generan un punto de encuentro con la pasada intervención del Cartucho también al frente del re electo alcalde Enrique Peñalosa, con la insistencia en la Renovación Urbana como estrategia de mitigación de la situación de las ollas. Si bien la demolición de este barrio estaba enmarcado en el Plan de Desarrollo “La Bogotá que queremos”[8] este proyecto hacía parte del megaproyecto Plan Zonal del Centro[9] que tenía como fin valorizar el centro de Bogotá, y según la norma se pretendía “… aumentar la cantidad y calidad de los espacios públicos recreativos y mejorar las condiciones ambientales y de habitabilidad para atraer el uso residencial en el centro de la ciudad..”[10]; todo lo que nos lleva a pensar directamente las razones de la especulación del metro cuadrado en la antigua zona del Cartucho y los predios aledaños donde se está construyendo el Centro Internacional de Comercio Mayorista de San Victorino hoy.

En el caso del Bronx la administración de la “Bogotá que Queremos” proclama hoy junio 8 “Vamos a demoler el Bronx para hacer espacios públicos, comercios, y prepararnos para el metro que pasará cerca allí”[11], es decir la apuesta y enfoque de la intervención también es por la recuperación del espacio público, la demolición de todas las infraestructuras de la zona y la creación de más centros comerciales. Es otra estrategia de mejora que corresponde al Plan zonal del centro que sigue en construcción y que pretende valorizar no sólo en términos estéticos, sino económicos el centro de Bogotá, es decir un negocio para la construcción.

Las estrategias de mejora de zonas altamente deterioradas han estado categorizadas en los últimos tiempos por lo que se ha denominado la Gentrificación, término usado por primera vez por la socióloga Ruth Glass en 1964, para describir el proceso de “vuelta al centro” protagonizado por las clases pudientes y la vieja aristocracia londinense en los años 60. Concepto que a través del tiempo ha servido para ayudar a explicar el proceso por medio del cual se sustituyen las clases obreras por clases medias-altas en zonas degradadas y abandonadas de la ciudad, mismo proceso que se halló muy ligado a políticas públicas de rehabilitación urbana en los años 70 y 80.

Este fenómeno estudiado cada vez más por la academia para múltiples casos en diferentes ciudades del mundo, establece que el abandono o desvalorización previa del barrio, tanto por parte del capital inmobiliario como por parte de la administración, tiende a considerarse requisito fundamental para la aparición de este proceso. A su vez, la revalorización del barrio puede venir dada por planes de rehabilitación de la administración pública o por el desarrollo de zonas nobles próximas a los barrios afectados que provocan cambios en el valor del suelo de su entorno.

Para el caso de Bogotá este fenómeno ha sido considerado prácticamente con la construcción de la carrera décima a mediados de los 40´s y el consiguiente aislamiento del lugar más antiguo de la ciudad conformado por San Victorino, el barrio Santa Inés y en sí la zona de los Mártires, enfocando la valorización al sector de la Candelaria, sin medir el deterioro paralelo de los barrios fundacionales, épocas donde ya se empieza a hablar de un Plan centro.

En ese sentido no es difícil deducir que si tanto el Bronx como el Cartucho[12], el primero ubicado cerca de una estación de Policía y el segundo a pocas cuadras de un comando militar y la Casa de Nariño, gran parte de su deterioro se debe al olvido y desidia del estado a través de las diferentes administraciones de la ciudad en complicidad de la sociedad durante varias décadas. Por ello, ¿hasta qué punto la tugurización de este lugar ha sido planeado previamente por el negocio inmobiliario en asocio con las elites que nos gobiernan, con el fin de que se disminuya el valor del suelo y los inversionistas lo compren a muy bajo costo?

Al respecto es importante destacar la declaración que un antiguo comerciante de la zona del Cartucho hace para la investigación “En un lugar llamado el Cartucho”[13], al hablar de proceso de compra de predios para la época de la construcción del Parque Tercer Milenio: 

“Nosotros pensamos como comerciantes que lo que quiere la administración es que la zona se deteriore más porque si se deteriora más queda más fácil acabarla;. (…)Al deteriorarse la zona es más fácil comprar a precios muy bajos para hacer los proyectos y después vender a precios muy caros y sacrificar una historia de un país.”
(Mario Arturo Suavita, entrevista personal 17 de Julio de 2009)

Al encontrar que en el proceso de venta de su predio el valor que se le dio fue en referencia a la construcción de un parque y después adicionalmente se hizo el Centro Internacional de Comercio Mayorista de San Victorino, razón por la cual hubiera podido valer mucho más.

Tanto la L ahora, más comúnmente denominado Bronx, como el derribado Cartucho fueron denominados “Tugurio”[14], es decir lo que “El olvido de todas las administraciones permitió que se consolidara sumado a la venta de estupefacientes. Si hubiese existido desde un principio un control a ese fenómeno, tal cosa no hubiese ocurrido. Porque esta zona se hubiera podido integrar perfectamente a la recuperación de la Candelaria.” afirma Carlos A. Garzón, ex alcalde de la Localidad de la Candelaria, (entrevista ,07 2009). Es decir, como expresaría la senadora Ángela María Robledo en su tesis de maestría Emergencia del sujeto excluido “El Cartucho como espejo de la Ciudad, “la ausencia”. Ausencia del Estado y la normalización” (Robledo & Rodríguez, 2008, p.159)

En la voz de los propios habitantes de calle y de quienes trabajan directamente con ellos, pero no se quieren comprometer con declaraciones, la reflexión es que, si la preocupación de la administración fuera por cada uno de los sujetos de derecho que habitan en la calle, si la mirada fuera otra, separando el poder que tienen las bandas criminales de la realidad de la pobreza en la ciudad y nuestro país; las intervenciones serían otras igual que la ruta de trabajo y atención. Basta con recordar como muchos funcionarios en la época del Cartucho insistían que la orden de la administración era arrasar con todo, para pronosticar que así también será con el Bronx, sin tan siquiera haber recogido, por más dolorosa y dura que fuera, la memoria y sistematización de un mundo que creció allí y del que es necesario aprender para no repetir.

A las ollas de la ciudad llegan todos los que no encuentran acogida en otros lugares y por múltiples situaciones, así como muchos habitantes de calle recuerdan como incluso sus madres llegaron del campo sin alternativas, para muchos ha sido una situación de generación en generación de pobreza. La inhóspita calle para las personas de bien, se vuelve un refugio para otros… Así como paradójicamente es un refugio para quienes en situaciones más duras huyen de la violencia en las regiones, la calle se convierte en un refugio para los desplazados que desconocen la ciudad y no tienen dinero, refugio para niños abandonados y olvidados por sus padres. La calle entre otras también es el lugar donde empresarios, actores, famosos, genios, acomplejados y un sin fin de etc´s encuentran la libertad que no hay en ningún otro lugar. Se encuentran todos en su condición más humana, fuera del teatro creado por la sociedad para subsistir, se encuentran explorando en el asfalto y la urbe un mundo nuevo en anonimato.

En el Bronx también había hombres y mujeres humildes, negocios, personas de tercera edad sin tener opción a donde ir, no todas las mujeres eran madres que vendían a sus hijos, explotadas o basuqueras, también había otras que a pesar de la dificultad o la pobreza cuidaban de sus hijos; de la misma forma como habitaban hombres sensibles y hasta genios. Si la mirada fuera la de la calle como un refugio de quienes sufren en un país con tantos conflictos, la casa de los pedazos del tejido social roto, de los menos favorecidos; la atención y el mensaje mediático a la sociedad hubiera sido otro.

Hay muchas formas de abordar la ciudad y tanto la calle como el espacio público, es un lugar de expresión de la diversidad “La ciudad no es entonces un todo, único y homogéneo, sino un conjunto de partes que tampoco necesariamente buscan armonizarse para definir una unidad. No es la ciudad un rompecabezas expresando partes de una misma idea. Una ciudad son varias ciudades funcionando, cruzándose, complementándose, contradiciéndose, yuxtaponiéndose, a veces afirmando, a veces negando, en un movimiento incesante de ser desde todas las posibilidades.” (Ruiz Javier Omar, 1999, p 177)

Desvalorizar los barrios producto de la heterogeneidad que encontramos en la sociedad y en la ciudad producto de la historia, crear tugurios en el centro o en la periferia estigmatizando la pobreza y las condiciones de vida popular, solo nos permite ahondar la brecha de división social. El sociólogo Mike Davis en su libro “La ciudad de los tugurios” explica que los Tugurios hacen parte de un modelo de ciudad durante los años 90, por tanto son más comunes porque además fueron producto de un modelo económico y un bum de la urbanización; Modelos afianzados en el Fondo Monetario Internacional FMI y la Organización Mundial del Comercio OMC para el tercer mundo a finales de los 60, quienes obligan a la descampesinización de los campos acelerando el éxodo de la fuerza laboral rural excedente a las barriadas de tugurios urbanos, incluso cuando las ciudades dejaban de ser maquinarias de empleo (Davis, 2006,p49).

Por esto, el fenómeno de los tugurios sobre todo en el Tercer Mundo, se volvió prácticamente un modelo urbano, pero ante todo económico, puesto que dio pie para el afianzamiento de otra fase del capitalismo denominada “apropiación por desposesión” según David Harvey, ya que como lo estudiaría Mike Davis, el sector privado empezó a obtener enormes ganancias de la especulación de la tierra a expensas de las familias de escasos recursos, así “mientras se controle el carácter político de los tugurios y se les someta a sobornos, se mantiene a los pobladores de los barrios en condiciones casi feudales con los funcionarios locales”(Davis, 2006, p8).

Lo interesante dentro de todo este proceso de desplazamiento, es que la dejación del estado y la imposición de modelos de desarrollo que proponen confort y lugares más bonitos y costosos, legitiman la segregación de las personas más pobres dentro de la ciudad, negándoles habitar en ciertos espacios de la misma y tácitamente condenándolos a vivir en condiciones menos favorables, en las periferias; en otras palabras legitimando también la estigmatización de estas personas como ciudadanos de menos categoría.

Todo indica que los modelos aplicados y la visión de ciudad desde la exclusión no aportan a soluciones para la pobreza, no en vano la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad (2004)[15] afirma que los modelos de desarrollo implementados en la mayoría de los países empobrecidos se caracterizan por establecer niveles de concentración de renta y de poder que generan pobreza y exclusión, contribuyendo a la depredación del ambiente y aceleración de los procesos migratorios y de urbanización, la segregación social y espacial y la privatización de los bienes comunes y del espacio público. En respuesta a esta situación el informe de las Naciones Unidas para los asentamientos humanos para el 2009 establece que “La planificación urbana debe, por tanto, buscar formas de promover la integración y la cohesión social. Desde la planificación urbana también se puede abordar la cuestión de la desigualdad a través de políticas redistributivas que den prioridad a grupos de bajos ingresos y áreas de servicios que presta la urbe”. (2009- 89).

De lo contrario seguiremos viendo lugares de la ciudad tugurizados según los planes de renovación urbana y los próximos lugares donde el negocio inmobiliario sea un negocio. Mientras tanto las ollas se explayan por la ciudad a lo largo y ancho de las localidades más abandonadas o en los lugares donde están asentadas las poblaciones vulnerables, allí donde muchos capos de la droga se pueden camuflar. Las brechas de desigualdad serán profundizadas con la reubicación o expulsión de los habitantes del centro tradicional, en los extramuros de la ciudad, aumentando el paisaje de pesebre que todo capitalino de vacaciones ve al salir de la ciudad, montañas y montañas de casas desvencijadas y ríos de personas tratando de vivir y sobrevivir de la limpieza social, de la ausencia de atención del estado.

Así sería interesante preguntarnos qué responsabilidad tenemos como ciudadanos en la convivencia con los otros y con el territorio en el que habitamos, ser conscientes que si en el espacio es donde nos construimos como personas todas las intervenciones nos afectan, o mejor que siempre que estén afectando a unos “pocos” la ciudad entera vivirá sus consecuencias.


Bibliografìa
Carreño Julián  
2008 “Bogotá Plan centro: Entre despojos y sofismas”, en Periódico Desde Abajo, Edición 139 

Davis  Mike
2006 El planeta de los Tugurios, Ed. New Left Review, publicado en español por revista TEMAS. No 48.

ECONOMETRÍA CONSULTORES S.A. – SEI S.A
1999 Informe del censo socio-económico de los barrios San Bernardo y Santa Inés. Bogotá: Instituto de Desarrollo Urbano.

Gómez Luis
2009 “Bogotá – Plan Centro. ¿Ordenamiento o privatización del espacio público?” en Periódico Desde Abajo, Edición 151. 

Harvey David
2008 “La libertad de la Ciudad”, en Revista Antípoda (Julio- Diciembre 2008) Bogotá.

Lefebvre Henri
1974“La Producción del Espacio” en Papers: Revista de Sociología, No 3.

Martin Gerard y Ceballos Miguel
2003 Bogotá anatomía de una transformación. Políticas de Seguridad Ciudadana, 1995 – 2003,

Melo Moreno Vladimir
2001 La calle: Espacio geográfico y vivencia urbana en Santa Fé de Bogotá, Bogotá..

Robledo Ángela María y Patricia Rodríguez
2008 Emergencia del sujeto excluido, aproximación generalizada a la no-ciudad en Bogotá. Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá

[4] El Cartucho fue el nombre que tomó el viejo barrio Santa Inés, fruto de un lento proceso de trasformación social y urbana de esta zona de la capital. Este sector estaba circunscrito al sur por la calle 6, al oriente por la carrera 10, al occidente por la avenida Caracas y al norte por la calle 10, estaba distribuido en 17 manzanas. Era una antigua parte de la ciudad de Bogotá, cuya existencia data de la colonia; en su tiempo fue habitado por prestantes familias santafereñas y en épocas republicanas, como lo indican algunas construcciones de la época, por personalidades intelectuales de importancia nacional.
[8] Aprobado por el Concejo de Santa Fe de Bogotá mediante Acuerdo No. 06 de junio de 1998. http://www.sdp.gov.co/www/resources/qjr_pd_1998_2001_pbqq.pdf
[9] DECRETO 492 DE 2007, (octubre 26), Por el cual se adopta la Operación Estratégica del Centro de Bogotá, el Plan Zonal del Centro -PZCB- y las Fichas Normativas para las Unidades de Planeamiento Zonal -UPZ- 91 Sagrado Corazón, 92 La Macarena, 93 Las Nieves, 94 La Candelaria, 95 Las Cruces y 101 Teusaquillo.
[10] Decreto 346 de 2003, Plan Maestro del Parque Tercer Milenio, consideración IV
[12] Un lugar que tenía como crucifijo haber sido un barrio fundacional de Bogotá que pasó de ser el más reconocido por su arquitectura patrimonial a ser el más derruido, sin mínimos de sanidad y seguridad; de ser el punto de encuentro de plaza de mercado y terminal de transporte de la ciudad, a centro de acopio de desplazados excediendo los niveles de poblamiento en la zona logrando el deterioro paulatino desde los años 50 hasta mediados de los 90, un barrio que desde entonces fue olvidado por las administraciones y la sociedad capitalina. Marcado por décadas de años significantes para la historia del país a partir del crecimiento de la violencia, el narcotráfico y la apertura económica, tiempo que como cicatriz se notaría en este barrio de la manera como lo afirma el antropólogo Germán Piffano “El Cartucho se convertiría en la metástasis de un Cáncer que sufría el país”.