sábado, junio 18, 2016

La misión del estudiantado

La misión del estudiantado es desarrollar la lucha de clases y estar junto a los suyos.


I.-   LOS ESTUDIANTES SON UN SECTOR.

La sociedad está dividida en clases sociales, y éstas son definidas por el lugar que hombres y mujeres ocupan en la producción, unos como propietarios y otros como no propietarios de los medios de producción (maquinaria, herramientas, transportes, tierra), para la organización de la producción, la burguesía nos ha agrupado en sectores. Unos ya vendemos nuestra fuerza de trabajo y, a otros, se les instruye para explotarlos de mejor manera, esos son los estudiantes. Pero, no se puede asegurar que todos sean de la clase de los explotados, pues a las escuelas capitalistas también acuden los hijos de los burgueses y, esos serán lo más seguro, los explotadores. Entonces, dentro de sector estudiantil, encontramos a los hijos de los proletarios, de la pequeña burguesía y de la burguesía.

II.-   LA REACCIÓN TAMBIÉN SE INCRUSTA EN EL ESTUDIANTADO.

No siempre ser joven significa ser rebelde. Hay quienes desde temprana edad se forjan en la cuna de la reacción y reciben con tetera el veneno del egoísmo, la cobardía y demás lastres de la ideología burguesa. Esto no es de admirarse cuando sucede en las familias de los ricos, pero si, en los hogares humildes que aportan a las filas del proletariado elementos conformistas y “agachones”. Los jóvenes aun provenientes de las familias obreras y campesinas, son reaccionarios si no se educan en la escuela de la lucha de clases: en la protesta, la organización independiente, la solidaridad con los de su clase, en la escuela de la lucha proletaria.

III.- LOS VICIOS QUE ENGENDRA EL CAPITALISMO.

Para el Estado burgués y en especial para la crema y nata de la burguesía, no representa ningún problema un estudiante drogadicto, borracho, mujeriego, apostador, ladronzuelo: lumpen, le preocupan los estudiantes comprometidos con su pueblo, dedicados al análisis de la ciencia de la revolución.

En la ciencia, no existe el puritanismo, también tiene su sesgo de clase. O se pone ésta al servicio de la burguesía o al lado de la causa del proletariado. Lo último es menos probable en el sistema capitalista, por el mismo régimen de propiedad sobre los medios de producción y el control de las universidades, centros e institutos de enseñanza e investigación científica. Para la burguesía es peligroso formar estudiantes autónomos, críticos y congruentes en su vida diaria, lo que a la postre promuevan focos de inconformidad y organización social. Por eso mismo el Estado y sus apéndices (sindicatos blancos y charros, el narco, los partidos burgueses, los medios masivos de comunicación) solapan y hasta promueven el consumo de drogas, la adicción al alcohol, la prostitución y todo tipo de alienación, valiéndose de medios como la cibernética, las series bobas de televisión, noticieros parciales a la burguesía y su gobierno, la pornografía, el consumismo, la mansedumbre y el falso pacifismo. De ninguna manera debe pensarse que concebimos al estudiante como un topo-asceta. La diversión es necesaria para el desarrollo integral del pueblo. La esclavitud moderna a la que estamos sujetos, nos impide la mayor de las veces, divertirnos en los términos requeridos.

Los vicios inyectados por los explotadores a los estudiantes, impiden el desarrollo y consolidación de las posiciones proletarias. Convierten al joven obrero, al joven campesino, al de extracción pequeñoburguesa, en sujetos desclasados, en reaccionarios y agentes de la burguesía.

IV.- NO BASTA CON LANZAR BRAVUCONADAS.

La impetuosidad en la lucha sin medir las consecuencias, sin calcular mediante un plan definido los elementos esenciales que aseguren el triunfo, nos conducen a perder las batallas. Se nos hace fácil presumir de intrépidos, pero el arrojo de boca manifiesto, se desvanece en las primeras acciones “como el hielo en el agua caliente”. Los golpes van templando el carácter de quienes luchan, pero debe vigilarse que tales golpes no sean devastadores en el ánimo y la conciencia de los jóvenes.  Es necesario basarnos en la experiencia de otros. En el análisis de los aciertos y los errores de otros, para perfeccionar un método y estilo de trabajo dinámico y emprendedor. No bastan los grandes deseos, ni el arrojo estúpido. ¡Basta de heroísmo innecesario! Para la lucha proletaria, somos más útiles libres, y más todo vivos.  Por en cada escaramuza empleemos: cabeza, corazón y decisión.

Los bravucones e indisciplinados, le siguen el juego a los faltos de fe en la lucha proletaria, le sirven a la reacción, a los provocadores y al Estado.

V.- DEBE CONJUGARSE LA VITALIDAD CON LA EXPERIENCIA

Por principio, esto no es una lucha de sexos, razas y generaciones, es una lucha de clases franca y frontal. Es una lucha entre los que detentan el poder económico, político e ideológico y los que solo poseemos nuestra capacidad física y mental para transformar el mundo. Es una lucha sin tregua entre los muy ricos y los muy pobres, entre los explotadores y los explotados; entre burgueses y proletarios. Queda claro entonces que la misión del estudiantado es tomar parte activa en la lucha de clases y junto a los suyos.

En las universidades públicas, la mayoría de los estudiantes son de extracción proletaria y la postura no debe ser otra que caminar codo a codo con su clase social. La defensa de la educación pública, nacional, científica y popular no es exclusividad de los estudiantes, sino de todo el pueblo. Quien se aparte del resto de los sectores del proletariado es presa fácil del Estado burgués.  Hay que conjugar la vitalidad de la juventud, con la experiencia de los hombres y mujeres que luchan contra este régimen de opresión, no de ayer, sino desde hace siglos. El joven tiene la fuerza, tiene el ímpetu revolucionario pero, desconoce aspectos que sólo enseña el tiempo en combinación con la paciencia, la perseverancia y una dirección y línea política-ideológica correcta.
No asociemos vejez con experiencia, ni novatez con juventud. De acuerdo al contexto donde el sujeto se desenvuelva, será la característica predominante en él. No cabe la frase “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. La edad cronológica no determina el fogueo de los luchadores sociales, sino la correcta dirección en la que avancen y las acciones en las que tome parte a lado de las organizaciones obreras, campesinas, magisteriales y estudiantiles, guiadas bajo una línea clasista.

VI.- SER JOVEN NO SIGNIFICA SER INDISCIPLINADO.

Al joven se le ha dado en la sociedad burguesa, la connotación de indisciplinado, vago, flojo e inexperto y “bueno para nada”. Se hace para justificar la incapacidad del régimen para crear espacios universitarios, empleos de base y programas integrales para la juventud.

La disciplina proletaria se adquiere en la militancia de una organización que tenga una dirección correcta y una línea clasista: que salve sus contradicciones mediante la discusión dialéctica y utilice la crítica y la autocrítica; que tenga como principio orgánico el centralismo democrático y haga suyos los problemas del proletariado nacional e internacional. Quien esquive las opciones concretas o no construya las organizaciones bajo esa línea, se perderá en la indisciplina y el lumpenismo, en desviaciones como el sectarismo, limosnerismo, caudillaje, teoricismo, en la lucha parlamentaria burguesa y caerá inevitablemente en las pestilentes aguas del oportunismo.

¡No olvides camarada! si actúas bajo los cánones planteados, tendrás un pedacito de gloria en la patria de los trabajadores. Y, si traicionas a tu clase y a tu pueblo, tendrás una paz sepulcral adornada con las flores del desprecio de los más humildes del universo.

VII.- EL GRUESO DEL ESTUDIANTADO SERA EL PROLETARIADO DEL MAÑANA

El futuro que ofrecen los capitalistas para los jóvenes, es una mayor explotación de la capacidad del ser humano para producir.

Un escaso número de profesionistas egresados de las escuelas públicas, llegan a ocupar puestos de dirección en las grandes empresas capitalistas y del gobierno; la crema y nata son los gerentes y funcionarios son hijos de burgueses y su clase política. La gran mayoría pasa a engrosar la fila de los obreros calificados o simplemente aumentan la lista de los desempleados, del ejército de reserva.

En este país que se caracteriza por sus resabios de semifeudalidad y semicoloniaje, no rechazamos el progreso científico y tecnológico, de estarlo iríamos en contra del proceso dialéctico de la sociedad, a contra corriente de la rueda de la historia. Nos oponemos a que un reducido número de zánganos se apropien del fruto del trabajo de miles de millones de trabajadores. Trabajar no desagrada, sino la forma en que se distribuye la riqueza. El trabajo dignifica al ser humano, pero a la larga lo embrutece, si de él no obtiene los mínimos satisfactores para que éste y su familia puedan vivir dignamente. Esto significa que cada familia proletaria tenga una casa con la comodidad necesaria; que los niños, jóvenes y adultos gocen de libertades para estudiar lo que deseen, sin que represente una carga extra para la familia; que todos los que están en edad de trabajar, lo hagan con gusto y sin ninguna traba, siendo los dueños íntegros de los medios de producción y del producto de su trabajo; que en caso de enfermedades, la ciencia y la tecnología se ponga a su servicio sin ningún condicionamiento.

El mañana, compañeros estudiantes, está cerca y en el capitalismo nos preparan para darle mayores ganancias al patrón, nos consideran como robot, lejos de todo calor humano y decoro proletario. Por tal motivo, una de nuestras tareas es aprender a organizarnos del lado de nuestro pueblo trabajador, sin abandonar a quien ha costeado nuestros estudios y ha fincado en nosotros la idea de ser un aliado de sus heroicas luchas.