lunes, junio 06, 2016

La muerte blanca

|Por Omar Jerez|

Os voy a contar porque estoy amargado desde hace una semana.

Empecemos por el principio.

Mi nombre es Omar Jerez vivo y realizo toda actividad laboral con mi novia Julia Martínez.

La cuestión es que nuestro trabajo implica literalmente que dos veces al año nos jugamos la vida ya que nos situamos en zonas de conflicto, mezclando en nuestra obra lo que hace un reportero de guerra junto a nuestro soporte artístico con base crítica de lo que estamos realizando; donde la performance y la fotografía ejercen un papel fundamental.

El año pasado uno de las obras más arriesgadas que se conocen en la historia del arte la realizamos en Nápoles situándonos delante de la segunda mafia criminal más letal del mundo que es la camorra y que ha liquidado en su estadística criminal a 6000 personas.

Estando en Nápoles nos enteramos que el gran negocio de la camorra es el negocio de la basura nuclear, por encima de la extorsión, el tráfico de armas, las drogas y la trata de blancas.

Existe una región que es conocida como el triángulo de la muerte en Campania ya que entierra basura nuclear procedente de Alemania y otros países europeos.

¿Sabéis cual son las consecuencias de esta zona de Italia?

Leucemia, malformaciones en los fetos, tumores y defectos neurológicos.

Cuando estuvimos en Nápoles me negué a pisar esa zona por una razón de fuerza mayor ¿Os digo por qué? Mi amor Julia Martínez padeció cáncer de pulmón y bajo ningún concepto iba a poner innecesariamente a mi mujer en territorio altamente contaminado por un trabajo.

Aquí es cuando viene nuestro drama.

Vivimos en un pueblo de la provincia de Cuenca que se llama El Provencio y nos hemos enterado que alberga uno de los cementerios de amianto más grandes de España.

Nuestro refugio para vivir tranquilos es un foco de futuras muertes. ¡Nosotros denunciando lo que sucede en varias regiones del mundo y lo tenemos en nuestra casa!

Resulta que la exalcaldesa de El Provencio Doña Manuela Galiano autorizo que este pueblo se convirtiera en un vertedero de amianto con la finalidad de crear cuatro puestos de trabajo.

Pues ni esos cuatro trabajos han sido creados para nadie de la localidad y sin embargo en la actualidad, nos llegan toneladas de amianto procedentes de toda España.

Es cierto que se ampara en la legalidad, pero pregunto ¿Lo legal conlleva igual a ser moral?

¿Han consultado a los provencianos si quería un cementerio de amianto en su pueblo?

¿Saben las consecuencias tan dramáticas que tiene el amianto para su salud?
No hace falta que vayamos este año a Corea del Norte a denunciar un régimen dictatorial o que investiguemos como viven los homosexuales en Irán, tenemos una lucha aquí en nuestra localidad eliminar este material si no queremos ser un epicentro del cáncer en España.