viernes, junio 24, 2016

NI MAQUIAVELO justificaría la ocupación de Haití por Uruguay

Hace 223 años se liberaron de la esclavitud. Hoy se liberan de los presidentes.

| Fernando Moyano|

El ex senador haitiano y candidato a presidencia Moïse Jean Charles estará en Montevideo la semana que viene, del 27 al 30. Esta visita se produce en condiciones muy especiales. Recordemos que en dos ocasiones estuvo Moïse acá durante el gobierno de Mujica e incluso se reunió con él.

Primero veamos Haití

Una vez más Haití está sin presidente, al caducar los 120 días de mandato del interino Privert ("autoelecto" en febrero por el parlamento que él mismo presidía, validó los candidatos, contó los votos y se proclamó ganador). Los 120 días no alcanzaron para realizar nuevas elecciones, porque no se pudo mantener el fraude de la primera vuelta electoral, y ahora hay que empezar de cero. No tan de cero en realidad, porque las elecciones parlamentarias, tan fraudulentas como las otras, no han sido cuestionadas ni se plantea renovar el parlamento.

Moïse tiene mucho que ver con este curso de los hechos. Fue candidato a presidente y en esa primera vuelta fraudulenta en la que algunos votaron varias veces (seguro no por él), salió tercero. El pueblo se reveló indignado contra el fraude, Moïse estuvo en primera fila y hay prueba material de esto, el 18 de noviembre las fuerzas represivas le pegaron un balazo.

No tener presidente ¿es un problema? Tal vez sea parte de la solución. No vamos a decir que el país está bien porque es un caos, pero también era un caos con los últimos presidentes desde hace 12 años. Un punto a favor al menos por ahora es que no hay represión sangrienta en las calles. Tal vez no se animan, la falta de "autoridad legítima" es falta de quién asuma "legítimamente" la represión, y represión sin legitimidad quién sabe en qué termina. Por eso la comunidad internacional está preocupada, mirá si cunde ese ejemplo de país sin presidente.

¿Cómo llegaron las cosas a ese punto? Lo que fracasó no es un calendario, una conspiración o un gobierno, fracasó el proyecto de reconstrucción del estado neo-colonial llamado "estabilización".

Algunos encuentran discutible esa afirmación entendiendo que el verdadero proyecto imperialista es evitar "una nueva Cuba" en el Caribe, y esto lo viene logrando. Siempre puede decirse que aunque el imperialismo pase a un Plan B o C, es un plan imperialista. Aclaremos en qué sentido hablamos de un fracaso imperialista. (Y lo de "nueva Cuba", ni fue nunca una alternativa real, ni sabemos qué querría decir eso hoy).

Fracasó el proyecto de un nuevo estado neo-colonial estable en Haití, y es obvio que éste sigue en la categoría ideológica imperialista de "estado fallido". Fracasó, porque el imperialismo no pudo superar las contradicciones de su propio frente interno. Y este es otro jalón en la decadencia de hegemonía yanqui en el sistema capitalista. Y se dice sotto voce en los pasillos de nuestra Cancillería que las potencias mundiales saben que han fracasado en Haití y tendrán que irse, pero “no quieren irse derrotados, por la puerta de atrás”.

Fracasó la participación de gobiernos latinoamericanos "de izquierda" como "cara amiga" del proyecto neo-colonial, fracasó en especial el proyecto sub-imperialista de Brasil. Y fracasó porque se agotó el proyecto socialdemócrata en nuestro continente, se agotó de por sí y arrastró al proyecto neo-colonial en Haití sin que el imperialismo haya llegado a tiempo con un relevo, en virtud de sus contradicciones internas. El fracaso neo-colonial contribuyó en cierto grado al fracaso global de la socialdemocracia.

Ese fracaso neo-colonial en Haití ha llevado a un “vacío de poder”. La naturaleza (de cualquier sistema de explotación) tiene horror al vacío (de poder). Pero nosotros no tenemos esa naturaleza, el vacío de poder es una oportunidad. A veces la sabemos aprovechar, a veces no. Pero si se aprovecha, se aprovecha desde abajo.

Lo único que nos corresponde acá es el retiro de las tropas. De lo que hagan los haitianos, si nuevas elecciones, si dejan o no a este parlamento, si Moïse presidente u otro, ni opinamos. Preferiríamos que no se traguen otra los versos de la democracia burguesa o el nacionalismo, pero problema de ellos.

Ahora veamos Uruguay

La presentación de la Rendición de Cuentas expuso nuevamente la situación crítica de las Fuerzas Armadas en forma brutal. Apenas el 41% de los aviones pueden volar y solo el 16% de los barcos sale a navegar, y apenas tres semanas por año. La antigüedad de barcos y aviones anda por los 50 años. Los oficiales buscan otras profesiones. No se cumplen las metas mínimas ni bajándolas, cada año es peor, esto no se puede revertir a corto plazo, ni hay planes de hacerlo.

El Ejército habla de pérdida de capacidad en las misiones de paz y el informe al parlamento dice hoy lo que venimos diciendo desde hace tiempo. "Como es notorio y endémico, la institución se vio obligada a emplear los fondos de Organización de las Naciones Unidas como la única alternativa a su alcance para cubrir necesidades no contempladas en el presupuesto, tanto en funcionamiento como en inversión [aunque no dicen en qué los usaron, en la cárcel vip de Domingo Arena por ejemplo]... la evaluación global de la gestión muestra una tendencia progresiva de la pérdida de las capacidades para el cumplimiento eficaz de su misión en virtud de la falta de recursos económicos". Y en cuanto a asumir "actividades que desnaturalizan el propósito fundamental de la fuerza", se lavan las manos.

Aquí está la clave del callejón sin salida en que se ha metido la intervención uruguaya en Haití. La participación sobredimensionada de las FFAA en las “misiones de paz” es la única manera de mantener ese aparato parasitario inútil, y esa participación ha distorsionado su propia base creando una dependencia estructural. No hay nada que hable más claro de la inutilidad de estas fuerzas de “defensa”, que este caso. Para volver de Haití, las fuerzas armadas “uruguayas” necesitan permiso de Naciones Unidas!!! O pueden ser castigadas no recibiendo nuevas misiones, las que además, donde haya guerra en serio no pueden ir porque para pelear no sirven ni quieren servir. En Haití sí, allí no hay ni hubo guerra, solo la desfachatez de Naciones Unidas justifica allí una intervención militar. Pero esa participación desproporcionada ha creado un “estrés”, agotado la poca capacidad de la fuerza. Tienen que quedarse y no pueden quedarse, tienen que salir y no pueden salir.

Ahora el gobierno intenta una “ingeniería” para poder salir de Haití pero quedándose. Se votó “por última vez” la permanencia hasta octubre, y ahora ponen argumentos para quedarse hasta abril, o irse en octubre si la ONU los autoriza y paga el costo del retorno.

Un argumento del gobierno para justificar una nueva prórroga para las tropas, es este de evitarse los costos del retorno. Es tan vil que lo retiraron de inmediato, aunque toda la lógica del comportamiento del gobierno sigue siendo coherente con él.

Quedan otros dos. El que pone la ONU y nuestro gobierno repite, y uno propio del gobierno uruguayo: que se deben cumplir los convenios de Uruguay con los organismos internacionales. Este segundo argumento nos conduce al primero.
Lo que dice la ONU es que la decisión “preocupante” de los haitianos, anular por fraudulenta la primera vuelta electoral y hacer elecciones limpias, retrasa el calendario de la “transición”, y las tropas deben quedarse hasta para “evaluar” lo que allí pase. Se me ocurre un símil, como un tipo violando a una mujer que le dice “Pero si no calmás, seguís gritando, no puedo dejar de pegarte”.

Pero me interesa especialmente el argumento de “cumplir los compromisos internacionales”. ¿Y los compromisos con los principios, qué? ¿El principio de autodeterminación de los pueblos, por ejemplo? No vamos a discutir la teoría de los principios porque no es el tema, sino ese criterio de que el compromiso político instrumental, la “importancia” lograda en política, el acceso a los espacios de poder y su conservación, es más importante que los principios. Es lo que se conoce como “razón de Estado”.

Aunque Nicolás Maquiavelo, historiador, político, diplomático y filósofo del renacimiento italiano siglos XV y XVI, nunca usó la expresión RAZÓN DE ESTADO, es el verdadero inventor del concepto. Su idea es: el gobierno, el que ejerce el poder, el “Príncipe”, debe velar antes que nada por su propio poder. El poder no se subordina a los principios, es su propio principio. El poder se justifica en función del poder. Veamos algunos fragmentos de “El Príncipe”.

“... un hombre que quiera hacer en todos los puntos profesión de bueno, labrará necesariamente su ruina entre tantos que no lo son... es necesario a un príncipe, si se quiere mantener, que aprenda a poder ser no bueno y a usar o no usar de esta capacidad en función de la necesidad... que no se preocupe de caer en la fama de aquellos vicios sin los cuales difícilmente podrá salvar su Estado... se encontrará alguna cosa que parecerá virtud, pero si se la sigue traería consigo su ruina, y alguna otra que parecerá vicio y si se la sigue garantiza la seguridad y el bienestar suyo... la experiencia muestra en nuestro tiempo que quienes han hecho grandes cosas han sido los príncipes que han tenido pocos miramientos hacia sus propias promesas y que han sabido burlar con astucia el ingenio de los hombres”.

“...no puede, por tanto, un señor prudente -ni debe- guardar fidelidad a su palabra cuando tal fidelidad se vuelve en contra suya... jamás faltaron a un príncipe razones legítimas con las que disfrazar la violación de sus promesas... Y se ha de tener en cuenta que un príncipe –y especialmente un príncipe nuevo– no puede observar todas aquellas cosas por las cuales los hombres son tenidos por buenos, pues a menudo se ve obligado, para conservar su Estado, a actuar contra... [eso que hoy denominamos principios] ...a moverse según le exigen los vientos y las variaciones de la fortuna y... no alejarse del bien, si puede, pero a saber entrar en el mal si se ve obligado. ... Trate, pues, un príncipe de vencer y conservar su Estado, y los medios siempre serán juzgados honrosos y ensalzados por todos, pues el vulgo se deja seducir por las apariencias y por el resultado final de las cosas, y en el mundo no hay más que vulgo”.

Puede resultar interesante que Maquiavelo hable especialmente de “un príncipe nuevo” que no debe tener miramientos en violar sus viejas promesas, cambiar si cambiaron las circunstancias. Por ejemplo, estar en contra de la intervención en Haití cuando se es oposición y a favor cuando se es gobierno, y nuevo en serlo. Y a continuación la esencia del problema:

“... existen dos formas de combatir: la una con las leyes, la otra con la fuerza. La primera es propia del hombre, la segunda de las bestias; pero como la primera muchas veces no basta, conviene recurrir a la segunda. Por tanto, es necesario a un príncipe saber utilizar correctamente la bestia y el hombre...”.
Maquiavelo se extiende en detalle en el tema de la bestia, habla de una combinación de zorra y león. Bestialidades hemos visto, pero tal vez la peor es la bestialidad de justificar las bestialidades. Llamar “broma” a la violación de un pibe haitiano por marinos uruguayos, o “bullying” motivado por “las difíciles condiciones de vida casi monacal” de las “misiones”.

En definitiva, lo que nos dice el gobierno es: Nuestra política internacional es a favor de la paz, la democracia, y los derechos de los pueblos. Pero si conseguimos un carguito en Naciones Unidas a cambio de compromisos políticos, habrá que justificar la intervención armada antidemocrática y la violación de los derechos.

Quiero agregar algo de una obra de la última etapa de Maquiavelo en que se vuelve “republicano”: “Discursos sobre la primera década de Tito Livio”.

«...la patria está bien defendida de cualquier manera que se la defienda, con ignominia o con gloria... en las deliberaciones en que está en juego la salvación de la patria, no se debe guardar ninguna consideración a lo justo o lo injusto, lo piadoso o lo cruel, lo laudable o lo vergonzoso, sino que, dejando de lado cualquier otro respeto, se ha de seguir aquel camino que salve la vida de la patria y mantenga su libertad... Aunque el fraude es siempre detestable en cualquier acción, sin embargo, en la guerra es un recurso digno de alabanza y de gloria... Sólo diré esto: que no me parece loable el fraude que rompe la fe y los pactos, pues, aunque a veces sirva para conquistar un Estado o un reino, como ya hemos dicho en otras ocasiones, no otorga gloria jamás. El fraude que me parece digno de aprobación es el que empleas con un enemigo que no se fía de ti, y que es parte de la estrategia de la guerra.»

Dos cosas, antes de entrar en este matiz que acá introduce Maquiavelo.

Una, la anécdota ilustrativa. Maquiavelo escribió “El Príncipe” para chuparle las medias a los Médici, buscando acomodarse. No tuvo suerte. Se volvió un opositor republicano, tampoco tuvo suerte. Al final los Médici le tiraron un carguito miserable y aceptó, rompiendo con sus amigos republicanos. Menos suerte tuvo todavía, porque justo ahí hubo una revolución republicana que derrocó a los Médici, y quedó desempleado de nuevo. Quiso volver con los republicanos pero lo escupieron. Les pasa a los maquiavelos que se pasan de maquiavelos.

Lo otro es la aclaración histórica sobre “la patria”. En el renacimiento italiano y desde la baja Edad Media eran las ciudades-estado, pequeñas pero poderosas y celosas de su autonomía, como la Florencia de los Médici. Pero Maquiavelo veía más allá y por eso pudo fundar la teoría política moderna. Fue un pionero del nacionalismo italiano en ese tiempo en que emergía en Europa el capitalismo y con él los estados-nación. Esos estados procuraron establecer su orden interno, pero a nivel internacional seguía la ley de la selva, guerras de 30 años, de 80 años, de cien años... Por fin, ciento veinte años después de Maquiavelo, a mediados del siglo XVII, los estados europeos acordaron entre sí una “paz” y tratados estableciendo el principio de “no intervención”, cada estado tiene el soberano derecho de masacrar a “sus” súbditos y los demás no se meten.

Ese principio aberrante no podía durar, y exactamente tres siglos después (1648-1948) se proclamaron otros, “derechos humanos”, “derecho internacional”, “paz mundial”. Por encima del principio de no intervención ahora se pone un principio de intervención al que se llama “responsabilidad de proteger”. Los estados nacionales (o algunos de ellos) ya no tienen tanto derecho a hacer bestialidades. Un proto-estado mundial, Naciones Unidas, asume o quiere asumir el papel de impedir abusos de los estados nacionales. Pero ¿quién nos protegerá de los abusos de Naciones Unidas?

Justo cuando estalló el escándalo de los marinos uruguayos violando a un muchacho haitiano una uruguaya, Laura Dupuy Laserre, asumía la presidencia del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, OHCHR. Le escribimos para saber a dónde dirigir una denuncia por una violación de Derechos Humanos cometida por miembros del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de Paz, DPKO. Nos contestaron que de eso se ocupa el DPKO y al Consejo de DDHH no le compete.

De lo que hablamos es de una nueva versión de la “razón de estado”, una razón del proto-estado mundial Naciones Unidas, por el cual se tienen principios como “derechos humanos” están por encima de la soberanía de los estados nacionales y habilitan a ocupar militarmente un país, pero por encima de los derechos humanos, de la paz, del derecho internacional, está el interés de conservar ese “súper-estado” mundial, que se justifica por sí mismo. ¿Y los intereses particularistas del aparato de un estado como el uruguayo? El maquiavelismo es acá que el maquiavelismo del chico se arrime al maquiavelismo del grande. Y eso nos explica la actual política internacional del gobierno uruguayo.

Nos queda pendiente la afirmación que hemos hecho, que Maquiavelo no justificaría la intervención uruguaya en Haití. Si leemos atentamente ese fragmento de “Discursos...” vemos que no toda bestialidad se justifica para él. Se justifica si cumple dos condiciones: NECESIDAD y EFICACIA.

Necesidad, porque Maquiavelo justifica el fraude o la crueldad como mecanismo de defensa ante una amenaza. Eficacia, porque se justifica si en esa situación sirve de algo.

No se puede argüir necesidad de defensa de Uruguay ante Haití, ni de Uruguay ni de nadie, Haití no es un agresor ni una amenaza. Y no se puede argüir eficacia de la intervención militar si luego de DOCE AÑOS no ha servido de nada, ni para lograr los objetivos que se simulaban tener, muy a lo Maquiavelo, ni los objetivos que en realidad se tenían. Solo la “razón de estado” justifica mantener la simulación. Pero una razón de estado que ni Maquiavelo defendería.