jueves, junio 09, 2016

No todo suma en el paro – a propósito de los camioneros

|Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez|

No todo lo que suma es bueno, por lo menos cuando se trata de reclamarle al estado garantías a derechos ya ganados, empezando por el reconocimiento mismo de sujetos políticos e interlocutores sociales válidos para sostener la democracia y el estado social de derecho. En esa lógica la suma espontanea de sectores que quieren entrar a protestar guiados por sus propias agendas, es válida como toda lucha por derechos, pero en un momento determinado puede resultar incluso inoportuna, provocar confusiones o tender a descontrolar los propósitos comunes, como podrá ocurrir con la anunciada parálisis del sector de los camioneros, que aunque padezca también los embates del modelo económico, como colectivo no tiene los mismos orígenes de los movilizados en la Minga, si no que su naturaleza es la de una asociación privada creada con las reglas del capital .

Los hombres, mujeres, niños, familias, movilizados en el paro agrario étnico y popular, responden a su composición como grupos histórico-sociales, y la movilización es resultado de un proceso largo de preparación, organización y movilización cuidosa, que construyó su propia base social en cada territorio, para confluir luego en una Mesa Nacional de trabajo organizativo. Los detalles y acciones de la agenda a seguir tienen debate y sentido colectivo, sobre todo porque se trata de abordar temas tabú del modelo económico que empobrece y conduce a la miseria y al despojo, que el estado se niega a discutir, pero además a pedir que sencillamente cumpla los pactos ya acordados en paros anteriores.

La lógica de la Minga, es ancestral, y su máxima expresión es el valor de la palabra que se camina para convertirla en movimiento, volverla mandato popular. Caminar la palabra se refiere a una acción colectiva, armónica y no violenta, para poner en público los asuntos públicos que deben ser tratados por todos los miembros de la comunidad política llamada nación. No se trata de ganar nuevos derechos siquiera, se trata simplemente de obtener el reconocimiento y garantías de realización para lo ya conquistado. Movilizarse es el último recurso de lucha, no es el punto de partida, por eso la movilización tiene capacidad para autocriticarse y reconstruirse sobre sí misma a medida que avanza. La minga es de carácter social y se esfuerza por ganar en conciencia social y política para transformar lo que ocurre en la Colombia divida en clases y fragmentada en mil pedazos para hacerla gobernable por partes débiles y pequeñas que son fácilmente controladas. La Minga, mira el todo y eso le permite descomponer las territorialidades y necesidades en partes sin perder su referencia, ni abandonar su objetivo de poder real con reconstrucción del demos, del pueblo autoridad.

En la Minga, no hay precisamente una multitud dispersa, no responde al movimiento cívico que se agrupa por interés inmediato, hay un colectivo de gentes que confluyen en una misma causa popular conducida por el interés común, hay integración de problemáticas, no sumatorias aisladas, hay un conjunto de conexiones territoriales movidas por la lucha social y la dignidad de un pueblo que no ha cesado de reinventarse para poder existir y hacer parte de la historia.

La lucha por democracia, soberanía, independencia y defensa del bien común, así como por protección de los sus recursos culturales, económicos, sociales y naturales de la nación, de sus alimentos, aguas, petróleo, riquezas mineras, biodiversidad, paramos, visiones del mundo, modos de convivencia y exigencias por salud, educación o vivienda son para todos y para poder vivir verdaderamente en la paz que empieza a construirse. Las reivindicaciones no son un asunto de beneficio para indígenas, afros o campesinos solamente, ni un reclamo para poner a prueba al gobierno de turno. La movilización responde a una agenda de construcción social y política para el ejercicio de poder popular, de reconstrucción democrática y de eliminación de desigualadas.

En la movilización el concepto de paro se resignifica con el lema de parar para avanzar, (no tiene relación con el número de desempleados). El paro, debe resistir incluso a paradojas de la misma dinámica social que se producen en su misma orilla de reivindicaciones, que suman pero que no encajan. Así por ejemplo el magisterio convocado por FECODE, entró en cese de actividades por 24 horas reclamando atención en el derecho a la salud de los educadores, (cuando se realizaba el segundo día del paro), parecía que hubiera coincidencias pero mantuvo distancia, salió a la calle, marchó, dejó constancia de su existencia y retomó su agenda, cumplió su calendario previsto de cese. La diferencia con la estructura del paro agrario, étnico y popular, quizá es también de perspectiva. Aunque juntos sumen y coincidan en uno o más derechos reivindicados, los encuentros fueron tangenciales, a pesar de la necesaria confluencia que después vendrá contra el sistema del capital y de los negocios.

Ahora ingresan en protesta los camioneros, equipados con poderosa máquina de inmovilización, compuesta por miles de vehículos pesados, (capaces de cortar una carretera con un solo camión de 30 o más toneladas de carga). Los camioneros sin embargo no responden a la dinámica social de un sector histórico concreto, su organización es empresarial, con estatutos y dirigida por un presidente formalmente designado con funciones y salario. Se conforman como gremio, son una asociación, que no necesariamente representa a los conductores que son asalariados. Sus propósitos son de momento de reivindicación económica principalmente (fletes, costo de gasolina y acpm) y de beneficio particular, que puede extenderse a otros sin que sea su objetivo. La entrada de este sector a la protesta en el momento de acercamientos del paro con el gobierno con miras a que se cumpla lo pactado y se ofrezca respeto a la protesta social como derecho, permite suponer que aunque la llegada de la protesta camionera sea justa, sume y sirva para poner en evidencia otras problemáticas vigentes, no necesariamente podrá representar beneficios y pueda quizá distraer al gobierno en otros asuntos restarle incluso posibilidades de interlocución responsable y seria respecto a la agenda del paro. La inmovilización de camiones tiene un sustrato de reivindicación gremial, otra manera de presentarse ante el gobierno y quizá también de aprovechar un momento importante de la lucha social para colgar también sus reclamos en justicia como podrían hacerlo de la misma manera muchos más sectores y grupos sociales uno por uno de la inmensa mayoría de excluidos y empobrecidos del país.

El paro de la minga obedece a condiciones históricas de largo plazo, a negaciones, invisibilizaciones, olvido y sus resultados tendrán que hacerse efectivos en democracia y derechos.