viernes, julio 15, 2016

La escalada del hambre en la U del Tolima


Carta abierta a la comunidad académica de la Universidad del Tolima 


Ahí reside la trágica
originalidad del Cinema Novo delante del cine
mundial: nuestra originalidad es nuestro hambre,
y nuestra mayor miseria es que este hambre,
siendo sentido, no es comprendido.
Glouber Rocha en su manifiesto
“La Estética del Hambre”

Tal vez, para la mayoría de las personas del mundo que tienen para comer, la comida es un placer; es congregadora de la familia, está presente en las celebraciones, une las generaciones porque se transmite un legado de sazón y sabor. Y claro, es nuestro alimento corporal que le da los nutrientes a nuestro organismo para que funcione con toda regularidad.

Un grupo de nueve personas estamos en huelga de hambre en la Universidad del Tolima, seis desde el 6 de julio y tres más desde el 7 de julio hasta el presente, con el próposito de evitar que la Universidad se extinga entre pésimos manejos administrativos llenos de clientelismo y corrupción, y la irresponsabilidad del Ministerio de Educación, el Gobierno Nacional y la Gobernación del Tolima.

Recuerdo ahora, por mi delirio hambriento, el manifiesto del gran cineasta Glouber Rocha, titulado "La Estética del Hambre" (1965), en el que hacía los planteamientos del nuevo cine brasilero y latinoamericano para su viabilidad y sinceridad estética. Historias contadas con nuestras tradiciones de repentismo, nuestras problemáticas y nuestra poética, al final nuestra hambre física y de justicia social.

Siguiendo a la letra La Estética del Hambre es que ocurre la protesta pacífica de la huelga de hambre en la Universidad del Tolima. Para entenderla debemos resumir los hechos que han ocurrido en el gobierno universitario desde noviembre de 2012 cuando empezó la rectoría de José Herman Muñoz Ñungo y su cúpula directiva conformada por quienes se juraban los mayores intelectuales que en realidad han actuado como gamonales de su pequeño feudo politiquero. Pensaban ellos que iban a conducir la Universidad a los mayores "indicadores" académicos, pero la verdadera academia no debe estar atravesada por la politiquería y por los privilegios desbordados conducidos por el "amiguismo". Se convirtieron en los mayores disgregadores de la comunidad académica pública, en la que siempre debe existir la consideración humanística, el debate político, la interdisciplinariedad, la equidad y la fortaleza del conocimiento y los saberes. Por ello, desde el 2013 empezaron las denuncias de los excesivos contratos, arbitrariedades de las directivas e incumplimiento de acuerdos, hechas desde la Asociación Sindical de Profesores Universitarios (ASPU-Tolima). En el 2014 hubo muchos comunicados al respecto, se citó al rector a Asambleas de profesores y se le intentó criticar (a pesar de los artilugios que hacía para evitarlo) en sus rendiciones de cuentas ascépticas porque las preguntas eran editadas al tener que ser hechas por escrito. En el 2015 la situación era inocultable aunque continuaba la seguidilla de mentiras sin parar. Parecía una película de psicópatas en la que el rector era el psicópata de las mentiras y asesinaba a todos con ellas, porque resultó que hubo mucha gente que le creyó, por lo menos al principio. En octubre de 2015, el Consejo Superior actuó sobre la base de mentiras y prebendas para reelegir a José Herman Muñoz como rector. Luego entre noviembre y diciembre de 2015, un grupo de profesores y estudiantes cerramos la puerta de la UT por 5 días, conformando el Frente Unido por la Defensa de la Universidad del Tolima, con el cual se consiguió evidenciar el ocultamiento sistématico de la crisis administrativa, financiera y ética de la Universidad. Se realizó una marcha el martes primero de diciembre hacia el auditorio de Los Ocobos del centro, en la que el rector tenía una reunión con la facultad de Ciencias, para dividir aún más a los estamentos; entonces se irrumpió en la reunión y se obligó a que el rector se comprometiera públicamente a asistir a una asamblea dentro del campus universitario y que le respondiera a la comunidad. Pero una vez más, entre propuestas  como que los estudiantes pagaran las matrículas en diciembre y las cifras mentirosas de la crisis, las asambleas terminaron diluyéndose entre la tremenda capacidad dilatoria y embustera del rector. 

El 2016 abrió con el justo paro de los trabajadores de Sintraunicol porque no se había pagado el salario de diciembre, ni la prima. Luego se llegó a tener dos meses de pagos retrasados de salario; pero en diciembre, Muñoz le había asegurado a los empleados que el dinero de salarios estaba en una fiducia y nunca iba a correr ningún riesgo. Mintió descaradamente una vez más. Muñoz hizo un acuerdo con Sintraunicol, que claro después incumplió, con el propósito de empezar el semestre en una aparente "normalidad", que en realidad era una "normosis", es decir un estado en el cual se cumplen las funciones como un autómata que no es capaz de tener una visión crítica, ni mucho menos discernmiento propio para darse cuenta de que la Universidad avanza hacia el abismo y ese avance no para debido a las prácticas administrativas y financieras de la cúpula directiva. En eso estábamos cuando el hilo se reventó a través de las estudiantes de Medicina Veterinaria y Zootecnia (que era el estamento que faltaba), que bloquearon el acceso a la Universidad a finales de junio y principios de julio protestando por el gran elefante blanco del Hospital Veterinario y en general por toda la desastrosa y amañada administración de Muñoz.

Entonces, los estamentos se unieron (estudiantes, profesores y trabajadores) en asambleas hechas en la puerta de la Universidad y ya no hubo grupos de los que apoyan la administración, que pudiesen detener el proceso de protesta, y entonces el miércoles 6 de julio se empezó la huelga de hambre en el parque Ducuara, al interior de la Universidad, con las puertas abiertas porque Muñoz y su administración no dejó ninguna alternativa.

Esa es la escalada del hambre, porque paulatinamente hemos estado en el descubrimiento de unas prácticas que llevarían a la extinción de la Universidad, acompañadas de unas protestas que las han denunciado y las han tratado de detener.

El hambre física es metáforica del hambre de justicia, y la desintoxicación que ocurre en los cuerpos cuando se aguanta hambre por más de dos días (vamos en 7), es la misma desintoxicación que le tiene que ocurrir a la Universidad de aquellos que la consumen como unos parásitos. Estamos en esa lucha y por fuera del teatrino del Ducuara, varias personas dicen que esta protesta desprestigia a la Universidad, que es ridícula, tonta o que no es justificada; pero no se dan cuenta de que la verdadera lucha por justas causas debe ser extrema, es un tipo de protesta absolutamente pacífica que le da una relevancia espiritual a lo que se quiere conseguir y que es una decisión personal que pasa por el cuerpo y el riesgo de la propia salud, en busca del beneficio colectivo, de construir comunidad académica, inclusive de interdisciplinariedad. Para ello no hay más que observar la congregación de personas en el Ducuara en la que se conversa sobre los más diversos temas y se hacen las más diversas acciones para estar con los huelguistas y acompañar su lucha, que es la de todos los que quieren una universidad pública perdurable, crítica y propositiva. Economistas, Secretarias, Agrónomos, Aseadores, Historiadores, Politólogos, Tramitadores, Poetas, Veterinarias, todo tipo de miembros de los tres estamentos se unen para debatir, para conversar, para elaborar mundos posibles. Se vive el encuentro, se vive la política y se vive la creación.

Por momentos el hambre da dolor de cabeza, desconcentración, somnolencia, debilidad y desgano, pero si uno está claramente dirigido hacia un objetivo y que además es justo, la voluntad se enardece para seguir en pié, seguir sentado o seguir acostado, siempre luchando. El hambre busca la justicia.

El hambre física es la condición que sufren muchos de nuestros compatriotas en La Guajira, el Chocó, diferentes barrios de nuestras ciudades u otros sitios, les comprendo y espero cada vez más poder construir formas de cambiar esa situación, por el momento hay que empezar con la Universidad del Tolima. La lucha sigue, un saludo fraterno desde al área restringida, en la que no hay hambre de afecto.


Ricardo Andrés Pérez Bernal
Profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes
Huelguista de hambre, Teatrino Parque Ducuara, Universidad del Tolima