martes, julio 12, 2016

Las FARC, rebelión de las bases

|Por: Libardo Sánchez Gómez|

Lo que mal comienza mal termina, aceptar hablar de paz sin tocar a fondo el modelo económico, que es en sí mismo la causa de la problemática que obligó al pueblo campesino a empuñar las armas,  tarde o temprano llevaría inevitablemente al descontento  y  rebelión de las bases insurgentes.
Cuando se conocieron los temas de las “negociaciones de Paz”  entre FARC y Gobierno”, que implicaban la dejación de armas y reincorporación de la guerrilla a la vida civil, varios analistas, entre ellos el reconocido sociólogo James Petras,  advirtieron, que tal como estaba  planteada la agenda no conduciría sino a la desintegración sin pena ni gloria, como está ocurriendo, de las FARC. Decía Petras,  “Los acuerdos de paz que desarman a los insurgentes y mantienen a las fuerzas armadas, que son el sostén de la élite económica y de su control sobre los sectores estratégicos de la economía, dan como resultado una continuidad de las políticas neoliberales y de las bases militares de EE.UU. y producen la integración de los ex líderes guerrilleros en un sistema político corrupto y reaccionario”. Desde entonces a quienes advertíamos la inconveniencia de la orientación  dada por la insurgencia a las  conversaciones de “paz” se nos tildó de “ultra izquierdistas” y “enemigos de la paz”.  Con razón muchos críticos  dicen que, a su interior,  la izquierda es profundamente antidemocrática. Las discusiones deben darse intra, inter y extra. Así como al interior se discute con los compañeros y en el exterior con el enemigo, también, es   preciso dialogar con los afines, pero no solamente con los que están en todo de acuerdo sino con aquellos que disienten. Las FARC tan sólo han venido escuchando a quienes les aplauden cualquier paso que dan sin importar si es en falso o no, no advierten que esos, aparentes, amigos no son más que falsos áulicos a quienes la existencia y esencia de la guerrilla afecta su tibio acomodamiento en el seno del Régimen. 

En el 2013 James Petras se preguntaba, “¿Es posible que los "acuerdos de paz" generen justicia, paz y seguridad para el pueblo? Se esperaba que las FARC fuesen totalmente incluyentes y que lo acordado fuera consultado con la sociedad civil. Petras creía que “no firmarían  un  acuerdo de paz sin ningún diálogo democrático previo con los militantes, sin ninguna  consultación con los movimientos sociales de base” (Salvadorización de los acuerdos en La Habana:http://libsangelviajeroysusombra.blogspot.com.co/search?q=salvadorizaci%C3%B3n+de+los+acuerdos+en+la+Habana. Agosto 2013) Y en realidad en la medida de lo posible, dadas las restricciones de movimiento, trataron de hacerlo. Realizaron foros en universidades e invitaron a las víctimas de la guerra a un encuentro cara a cara.  Eso sí cuando intentaron hablar directamente con el pueblo el Régimen no lo permitió, y en adelante tratará de impedirlo a sangre y fuego. De la participación de la sociedad salieron insumos muy importantes, como la de contar la historia, desde diferentes miradas,  del largo conflicto colombiano, y la propuesta de contar “la verdad” por parte de los actores directos e indirectos, la que los principales instigadores y vividores de la guerra temen.  No obstante, la realidad es que la sociedad en su conjunto estuvo ausente, ¿para qué avanzar por un camino que no lleva a ninguna parte?   De antemano se sabía que se hablaría y se acordaría de todo menos de lo que el pueblo quiere y necesita, la superación del inmoral modelo económico y con éste de la pobreza y la inequidad, así que, al final de la jornada, como era de esperar, todo siguió y seguirá, aún, peor. Dice el analista Willian Ospina, “es inverosímil una paz sin justicia social, que es peligrosa una paz edificada sobre la discordia de los dirigentes, y que es incongruente una paz en la que el pueblo sea un invitado de piedra”.

Hace tres años se advertía que si las FARC  no exigían transformaciones sociales y políticas de fondo  iría a ocurrir lo que aconteció en El Salvador, al respecto James Petras anotaba que,  “…si se abandonan     las demandas de desmantelar las fuerzas armadas, de expropiar las principales empresas mineras, comerciales, banqueras y financieras”, la “paz” podría ser un desastre.   

Es comprensible el cansancio de la cúpula insurgente, la mayoría y a no está para “esos trotes”,  pero llevar al precipicio  a miles de sus compañeros de base  es, por decir lo menos, injusto. Como está acordada la “paz” no habrá oportunidades para todos. En el 2013,  Refiriéndose a los reinsertados en El Salvador,  James Petras, también, señalaba   que “muchos fueron elegidos en puestos públicos, lo que les garantizó un estándar de vida de clase media. Como congresistas, asesores políticos, asistentes y alcaldes, la élite del FMLN recibió salarios sustanciales, adquirieron viviendas en barrios de clase media y nuevos automóviles y contrataron guardias privados para su protección”. Algo parecido ha ocurrido en Colombia con los que en el pasado reciente han abandonado las armas. Probablemente sucederá lo mismo con la cúpula de las FARC. En El Salvador la bonanza tan sólo alcanzo para sesenta guerrilleros.  Entonces,   a los guerreros rasos les tocará roer huesos muy duros. Uno de ellos será la exclusión y el otro el exterminio.  El mismo Willian Ospina dice que, “…Concentrarlos en unas veredas sólo parece demostrar que se les teme mucho y que no se confía en ellos: muy mal comienzo para una paz generosa. Saber que el país tiene muchas bandas criminales al acecho, y decidir sin embargo que los guerrilleros sólo pueden salir de sus campos transitorios de concentración vestidos de civil y sin armas, parece brindarles pocas garantías de supervivencia, y causa extrañeza que los guerrilleros rasos lo acepten” (La paz son los cambios. El Espectador. 25 Junio 2016) Pero parece que no todos los guerrilleros  se   lanzaran por el Taigeto. El Frente  Armando Ríos hizo saber que no se desarmaría, “El Frente Primero de las Farc ‘Armando Ríos no se desmovilizará, por considerar que la política del Estado colombiano y sus aliados sólo buscan el desarme y la desmovilización de las guerrillas (…) Pretenden continuar gobernando con el mismo modelo económico”.  En otro aparte agregan, “…hemos decidido no desmovilizarnos, continuaremos la lucha por la toma del poder por el pueblo y para el pueblo; independientemente de la decisión que tomen el resto de integrantes de la organización guerrillera. Respetamos la decisión de quienes desistan de la lucha armada, dejen las armas y se reincorporen a la vida civil, no los consideramos nuestros enemigos”. Respecto de la concentración de los guerrilleros dicen, “Las zonas de concentración son para guerrillas derrotadas, el Frente Primero ‘Armando Ríos’ de las FARC jamás ha considerado una derrota militar. Cualquier colombiano del común entenderá que la zona de concentración que nos están ofreciendo son cárceles asilo abierto y de seguro nadie querría entrar en estas trampas”. Corren rumores de que  los frentes 5, 7, 58, 57 y 34 tampoco se desmovilizarán.   Se  dice que es probable que el frente 57    localizado en la frontera con Panamá donde hay fuerte  presencia del ELN se integre a esta guerrilla.  La  columna Daniel Arana ubicada en Tumaco, Nariño, también está en riesgo de deserción. Los frentes más fuertes tales como el  32, asentado en Putumayo y Caquetá, el 3, con sede en ese mismo departamento, y el 10, que combate en Arauca, también, se quedarían por fuera de los acuerdos.    Si  continúa la oleada de deserciones un tsunami podría romperle las patas a  la Mesa de diálogos en La Habana. De todas maneras sea   de pocos o muchos,  la rebelión de las bases genera enorme incertidumbre y plantea  serios interrogantes, ¿se suspenderán los diálogos? ¿Habrá replanteamiento de los términos de las negociaciones, para tramitar una verdadera paz con justicia social con trasformaciones sociales y políticas profundas? Asunto algo menos que improbable, pues por un lado el águila imperial estará vigilante para impedirlo, y por otro lado el afán de acelerar la firma final tal como está es tanto del lado del Gobierno como de la cúpula guerrillera.   Santos quiere zafarse de encima la ladilla de Uribe y su Centro antidemocrático y la cúpula guerrillera desea concentrar sus tropas antes que abandonen el barco.