miércoles, julio 13, 2016

Otra noche de protestas por la violencia racial en EEUU

Varias ciudades de Estados Unidos vivieron anoche nuevamente horas de tensión y violencia cuando miles de personas salieron a las calles a protestar contra los últimos casos de gatillo fácil policial contra negros. Las marchas fueron reprimidas, con un saldo final de alrededor de 250 detenidos y cinco oficiales con heridas leves.

Debido a la escalada, el presidente Barack Obama decidió hoy acortar un día su visita a España y volver a Estados Unidos. Desde Madrid el mandatario reiteró que la violencia policial es “inaceptable” y fue tajante al afirmar que lo está sucediendo en los últimos días “es parte de la tradición de este país”, una referencia clara a los años de segregación racial que marcaron a la potencia.

Uno de los momentos más tensos de la noche se vivió en la ciudad de St Paul en Minnesota, donde cientos de personas marcharon para pedir justicia por la muerte de Philando Castile, el ciudadano negro que murió sentado en su auto, al lado de su novia y su hija pequeña, acribillado por un policía blanco durante un control de tráfico.

Según la Policía, que intentó dispersar la protesta con bombas de humo y gas lacrimógeno durante horas, al menos 100 personas fueron detenidas, la mitad de ellos por bloquear una autopista interestatal. Los manifestantes respondieron a la represión policial lanzando petardos, piedras y botellas y, según un comunicado de la Policía, cinco oficiales sufrieron heridas leves.

La muerte de Castile fue el desencadenante de una nueva ola de protestas raciales esta semana, junto a la de Alton Sterling, un hombre negro al que dos policías blancos dispararon el martes a quemarropa cuando ya lo tenían reducido en el suelo en Baton Rouge, en el estado de Luisiana. Tanto los oficiales que mataron a Sterling como el que acribilló a Castile fueron suspendidos y las autoridades locales y nacionales prometieron una investigación federal a fondo. Sin embargo, las absoluciones de policías acusados de gatillo fácil en los últimos meses despertó una desconfianza inmediata entre las comunidades afroestadounidenses y otros grupos sociales en todo el país.

Anoche Baton Rouge fue escenario, otra vez, de una de las mayores marchas del país, que nuevamente terminó con represión policial y un gran número de detenciones. Según el movimiento Black Lives Matter (Las vidas de los negros importan), 125 personas fueron detenidas por protestar, entre ellos uno de los líderes más importantes del movimiento, DeRay Mckesson, quien trasmitía en vivo todo lo que sucedía en la calle con su teléfono y a través de las redes sociales.

Las protestas contra la brutalidad y el racismo institucional se multiplicaron en San Antonio, Texas, en Chicago, Nueva York, Washington DC, Atlanta y Miami. En la mayoría no hubo incidentes, aunque en la Gran Manzana la negativa de los manifestantes de abandonar las calles se saldó con 20 detenciones.

En Dallas, en tanto, la tensión aún se siente en el aire a tres días de la masacre de cinco policías a manos de un ex soldado, que se instaló como un francotirador el jueves pasado y disparó contra las fuerzas de seguridad durante una manifestación convocada por Black Lives Matter. Ayer una falsa alarma desató un masivo operativo de seguridad alrededor de la sede de la Policía local y desalentó cualquier posible protesta callejera.

Hoy el jefe de la Policía de Dallas, David Brown, reforzó el clima de tensión al afirmar en una entrevista con la cadena de noticias CNN que el autor de la matanza del jueves tenía planeado un ataque aún más grande y sangriento para “hacer pagar” a las fuerzas de seguridad su violencia contra minorías como los afroestadounidenses. “Nuestro registro de la casa del sospechoso nos lleva a creer, basado en los materiales para la fabricación de bombas y el diario que encontramos, que había estado practicando detonaciones y que tenía material suficiente para haber provocado efectos devastadores en nuestra ciudad y nuestro área del norte de Texas”, contó Brown.