domingo, agosto 28, 2016

404° aniversario de la fundación de Neiva



Por Delimiro Moreno

El 24 de mayo, se cumplieron 404 años de la fundación de Neiva. Los historiadores tradicionales del Huila, contra toda evidencia documental aportada por quienes sí consultaron los archivos de Sevilla, Hernán Clavijo y Humberto Montealegre, siguen insistiendo en su tesis trinitaria de “la tercera y última fundación de Neiva”, convertida casi en un dogma religioso y un punto de orgullo campoalegruno. Pero históricamente no es cierto. Veamos por qué.

La supuesta, pregonada y celebrada hasta 1956 “primera” fundación de Neiva, ocurrió el 8 de diciembre de 1539 en el sitio hoy conocido como Las Tapias, a cinco kilómetros de la actual Campoalegre, realizada por don Juan de Cabrera, teniente de Belalcázar, quien funda un fuerte militar con el pomposo nombre de Nuestra Señora de la Concepción de Neiva, para celebrar ese día. Es evidentemente el primer establecimiento hispano en el valle de Neiva, que va de El Hobo hasta el río Saldaña y no se circunscribe al territorio de la ciudad, pero no la primera fundación de la actual urbe, como han querido enseñarlo, porque el conquistador Cabrera no pretendió fundar una ciudad sino apenas un fuerte militar, abandonado poco después, en 1540, para ir en auxilio de Timaná, la verdadera urbe hispana, asediada por los indígenas. Lo efímero de esta fundación demuestra que ella tenía solo un propósito militar provisional y no la intención de fundar una ciudad permanente.

En 1546, Hernando de Benavente, acompañado por Luis Mederos, reorganiza el puesto militar del Valle de Neiva, en un esfuerzo infructuoso, pues a las pocas semanas, asediado por los indígenas, debe abandonarlo también. Curiosamente, los historiadores que se empeñan en declarar como fundaciones hispanas de la actual ciudad las realizadas en el Valle de Neiva por estos años, no registran ésta como “segunda fundación”, como en su lógica debería ser, porque, acaso, serían así cinco las fundaciones de la ciudad y no las mágicas tres. Y no tendrían cómo relacionarlas con la Santísima Trinidad…

La pretendida “segunda fundación” fue la de Villavieja, el 18 de agosto de 1550, hecha por el capitán Juan Alonso, quien dio a su ciudad el nombre de San Juan Nepomuceno de Neiva, en dominio de los totoyoes, sin relación alguna con el anterior puesto militar. Es este el tercer establecimiento español en el valle de Neiva, pero no propiamente la segunda fundación de la actual ciudad, como se pretende, pues no quiso su fundador trasladarla a una nueva ubicación. San Juan Nepomuceno, conocido luego como Villavieja fue extinguiéndose por los ataques del “tirano” Álvaro de Oyón el 25 de octubre de 1552, y su destrucción por los indígenas sublevados el 14 de noviembre de 1569. Para 1612, 43 años después, en San Juan Nepomuceno de Neiva apenas quedaban unos cuantos indígenas y españoles pobres que no fueron tenidos en cuenta para la fundación de la ciudad de la “Limpia Concepción de Neiva” por don Diego de Ospina y Medinilla, quien nunca pensó en “trasladar” Villavieja a otro sitio, sino en fundar otra ciudad, y ni siquiera la utilizó como punto de avanzada, sino que hizo una cuarta fundación en este valle, el Real de Minas de Fortalecillas, el 23 de enero de 1612, empresa minera desde la cual organizó y dirigió la fundación de la ciudad que le encomendaran el Cabildo de Santa Fe y el presidente Juan de Borja, que nunca hablaron –repetimos– de “ trasladar” San Juan Nepomuceno a otro sitio, sino de acometer otra fundación, la quinta, en el valle de Neiva.

Y lo hizo el 24 de mayo de 1612, no con los españoles y los indígenas que miserablemente sobrevivían en San Juan Nepomuceno, sino, como lo han demostrado con documentos del archivo de Sevilla Clavijo y Montealegre, con vecinos blancos de Santafé, indios moscas y panches y 35 esclavos negros. Hernán Clavijo subraya la presencia de estos indios de la sabana de Bogotá en la fundación de Neiva, que se ve aumentada en 1613 y 1614 con la presencia de indígenas de Pasca, Fosca, Sutagaos y Fusagasugá, entregados por el presidente Borja al capitán Ospina para que adelante sus proyectos, pagándoles salarios, sin tener en cuenta a los indígenas paeces, coyaimas y natagaimas, de los alrededores, por ser “gente belicosa, de mala paz y servidumbre”, y no precisamente indígenas como los de México o Perú con una cultura avanzada.

En resumen, el quinto establecimiento español en el valle de Neiva, fue el de don Diego de Ospina y Medinilla, que el 24 de mayo de 1612, funda “Nuestra Señora de la Limpia Concepción de Neiva” por única y no tercera vez.