domingo, agosto 07, 2016

Elogio de la negociación



“Reunámonos alrededor de una mesa”, pide Umberto Eco, “y negociemos inteligentemente para hallar una solución que fuerce el respeto de todos”…”entre los deseos que puedo hacer para el próximo siglo, tengo esta esperanza de una nueva ética de la negociación”, concluye con lucidez el profesor universitario de Bologna, angustiado por los males que sufre Occidente en su bimilenario. La Unión Europea nos demuestra con “el embrollo de opiniones, prejuicios y jergas políticas o económicas, los parpadeos de la inteligencia”. (1)

|Por: Robert Charvin|

La Carta de la ONU no nos dice nada nuevo, en su estilo político-jurídico. Todas las disposiciones del capítulo VI (artículos 33 a 38) prevén que,  para alcanzar un “reglamento pacífico en las controversias” entre los Estados… las partes “deben buscar una solución, sobre todo, a través de la negociación…” (art. 33). El Consejo de Seguridad es el responsable “de invitar a las partes a que arreglen sus diferencias” de esta manera (art. 34).

Este Capítulo VI es el corazón de la Carta, cuyo propósito es evitar el uso de la fuerza armada impidiendo a cada Estado su tradicional poder de declarar la guerra. No hay guerra “justa” y lícita, excepto en caso de legítima defensa cuando hay una agresión. Sólo las Naciones Unidas están legitimadas para intervenir por la fuerza, bajo la decisión del Consejo de Seguridad, si la negociación no ha podido producirse, si ha fracasado y como último recurso.

El Consejo de Seguridad interviene desde que aparece una amenaza para la paz, procediendo a hacer recomendaciones que, implícitamente, consisten en acercar a las partes y llevarlas a negociar, invitándolas a “someterse a las medidas provisionales” de naturaleza pacífica.

Estas medidas no suponen un prejuicio de los derechos de las partes interesadas que no serán reconocidos sino al final de las negociaciones (art. 40). Los artículos 41 y 42 de la Carta permiten que el Consejo de Seguridad adopte diversas medidas correspondiendo con sanciones, con la exclusión de cualquier uso de la fuerza armada.

Los artículos 43 y 44 establecen que el Consejo de Seguridad y los Estados miembros negocien un acuerdo, permitiendo tomar las medidas que apunten a evitar el conflicto o a concluirlo con una intervención policial.

Hay asimismo negociaciones que se han previsto para crear un Comité de Estado Mayor (art. 46-47) que asegure la “dirección estratégica” de las fuerzas armadas de Naciones Unidas para que la policía de la ONU no se componga de militares no cualificados, pertenecientes solo a los países del Sur, e incapaces para desempeñar un papel de interposición.

Para que la negociación sea posible, los artículos 1-2 y 2-1 de la Carta especifican que existe “igualdad de derechos de los pueblos” e “igualdad soberana” de todos los Estados. No son principios más o menos formales de cara a respetar la dignidad de los diferentes miembros de la ONU, sea cual sea su poder real. Son las herramientas básicas para que sean posibles las negociaciones. Y ellas están protegidas a fin de que garanticen el mantenimiento de la paz.

Sólo después del fracaso de las negociaciones y de todos los procedimientos concebibles para encontrar una solución al conflicto (mediación, conciliación, arbitraje, etc. – Art. 33) se aplica el Capítulo VII. Lógicamente, la Carta no prevé sanciones hasta después del posible fracaso de las negociaciones.

La negociación está también en el corazón de la producción de las normas del derecho internacional. Los tratados bilaterales o multilaterales son el fruto de las negociaciones entre los Estados, que son la expresión (más o menos fiel) de los intereses colectivos de los pueblos. (2)

A pesar de que exista una desigualdad de fuerzas entre los Estados y que el contenido de los tratados se resienta, la negociación es el método menos injusto en la situación actual del mundo, para establecer equilibrios relativos. La admisibilidad de reservas abierta a cada Estado permite salvaguardar su consentimiento y el consenso relativo que expresa el tratado.

La norma de derecho, al final de la negociación y del tratado, constata el compromiso que regula el equilibrio de poder y lo fija en una forma normativa.
Lo que la negociación ha conseguido no es lo ideal, sino el resultado  menos malo imaginable en una sociedad de Estados con intereses en conflicto y que no tiene nada de “¡comunidad!”.

Como subraya el profesor Jean Salmon, la mayoría de veces los Estados no resuelven así las contradicciones que les oponen. La negociación se limita a ponerlas entre paréntesis y esta puesta entre paréntesis es un avance favorable en la lenta y difícil construcción del derecho internacional.

Una extraña miopía afecta a los académicos, sobre todo anglosajones, que de hecho repudian la negociación, como si se tratara para Occidente de una noción derrotista. Se atreven a decir que desde 1945 las guerras que se han producido enfrentaron Estados democráticos con los Estados no democráticos (lo que sería perfectamente legítimo), o Estados no democráticos entre sí (lo que confirma sus fechorías), pero jamás de Estados democráticos entre sí (lo que demuestra la calidad de su civilización). (3) Los Estados democráticos serían adeptos de la “cultura del compromiso” y de la negociación. Por el contrario los Estados “no democráticos” ¡serían belicosos por naturaleza! (4)

Estos estados “no democráticos”, cuya definición cojea puesto que esa etiqueta no representa más evidencia que la de Estado “democrático”, ya no serían elegibles en el derecho internacional, serían susceptibles de sufrir injerencias “suaves” o armadas puesto que la “responsabilidad de proteger” a la población civil en contra de su propio Estado sería a partir de ahora un principio cuasi-legal y por lo que los Estados occidentales no considerarían la autorización de las Naciones Unidas como vinculante.

De hecho, la negociación no sería concebible más que entre los Estados relevantes del mundo occidental, es decir, ¡entre los Estados que tienen una necesidad menor de acercamiento y conciliación! ¡La negociación no tiene entre ellos más que una función económica en sus relaciones comerciales!

Además, estos Estados autoproclamados ‘democráticos’ se atribuyen a sí mismos la capacidad de recurrir a la fuerza contra los otros, precisamente en nombre de su calidad a fin de universalizar su sistema político. ¡El derecho ya no sería universal, sino que la política (y la economía) lo serían!

Son las potencias occidentales, es decir, los Estados que menos tienen que temer por su seguridad y su desarrollo en base a su fuerza, las que dan este “tono” en detrimento de las relaciones internacionales. Es precisamente porque tienen a su disposición medios (en dinero y armas) superiores a los demás que rechazan la negociación o violan sus conclusiones. La cultura del compromiso no es la de los poderosos, porque la violencia armada, durante siglos, les ha sido a menudo fuente de beneficios. El argumento de Kant según el cual la democracia sería por naturaleza pacífica porque los que toman la decisión de la guerra son los mismos que soportan su coste ya no se sostiene: las potencias a menudo hacen la guerra por su interés y tienen los medios de conseguir con éxito una apuesta por “cero muertos” o, si no, ¡de infinitamente menos numero de víctimas que sus adversarios!

Además, las potencias (como las minorías privilegiadas en el orden interno) rechazan radicalmente serlo menos: la riqueza, en la Historia, no ha sido compartida nunca de buen grado. El “mesianismo” atribuido a los Estados Unidos es ante todo la voluntad imperial de beneficiarse de los recursos de los demás: la OTAN no es más que el brazo armado de esta necesidad de acaparamiento, incluyendo el riesgo de múltiples conflictos de más o menos “baja intensidad” (como por ejemplo, las maniobras militares y la implantación de bases en las fronteras de Rusia en Polonia y los Estados bálticos) o hundiendo algunos países en el caos total (como por ejemplo en Irak o Libia).

Ese rechazo a la negociación o la falta de cumplimiento de los acuerdos alcanzados (por ejemplo, el de Minsk II referente a Ucrania) (5) ¡es paradójicamente reprochado por los Estados occidentales a los que tienen los medios reales para resistirse a ellos!

Esos Estados-resistentes no tienen por consiguiente más que políticas “reactivas” (esencialmente defensivas: este es el caso de Rusia, contrariamente a las acusaciones de “provocaciones” permanentes que sufre. Se constata,  es una violación del acuerdo firmado originalmente entre la OTAN y Rusia, al principio de la década de 1990 a partir del acceso a la independencia de ciertas ex repúblicas soviéticas, lo que es la causa de los problemas. La OTAN se comprometió a no instalarse en las fronteras rusas.

Sobre la cuestión siria, por la que Rusia ha sido acusada de apoyar a toda costa el régimen de Damasco, se ha podido constatar que Estados Unidos y sus aliados, particularmente Turquía, han querido utilizar Daech (EI)para derrocar al régimen de Damasco. Cuando Rusia intervino, a petición del Estado sirio, la estrategia occidental hubo de ser abandonada. La intervención militar rusa ha hecho retroceder a Daech, lo que no habían logrado los occidentales. El tráfico entre Daech y Turquía fue interrumpido, privando a los islamistas de una gran parte de sus recursos.

Rusia, acusada de combatir esencialmente a los opositores al régimen de Damasco, propuso cooperar militarmente con Estados Unidos, ha impuesto un alto el fuego al menos parcial y tratado de encontrar un modus vivendi con el régimen de Ankara, sin embargo hostil. (6)

Por otra parte, la larga serie de conflictos que se han estancado durante décadas no suscita por parte de las potencias occidentales ninguna reacción favorable a la negociación.

Más de setenta años de enfrentamientos entre israelíes y palestinos no han provocado ninguna acción fuerte para imponer una verdadera negociación entre los beligerantes en esta lucha por la independencia de Palestina.

¡Más de setenta años también de la aceptación de la división de Corea, ligada a las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, y después de medio siglo de colonización japonesa feroz, sin aún siquiera una negociación para concluir un tratado de paz entre los beligerantes de la guerra de 1950-1953! (Actualmente existe en vigor una tregua entre ambas Coreas. N. del T.)

¡Cuántas décadas de separación de los pueblos en Chipre desde 1967, situados bajo la tutela de la OTAN, sin interés porque cualquier negociación se manifieste! (¡Es cierto que en Chipre del norte, sometido a los turcos, los Estados Unidos tienen importantes bases militares!).

¿Qué negociaciones se impusieron para que el conflicto, que se remonta a 1973, del Sahara Occidental finalice resolviéndose, sin esperar a que la solución de las Naciones Unidas de un referéndum de autodeterminación  sea finalmente ejecutado?

¡Ninguna negociación tampoco para solventar la cuestión kurda, mientras que los vencedores de la Primera Guerra Mundial se habían comprometido a reconocer una nación kurda en 1919, cuando el desmantelamiento del Imperio Otomano!

¿Qué cooperación efectiva ha sido concebida e implementada por una negociación multilateral para poner fin al comercio ilegal de armas, el tráfico de drogas, las redes de prostitución y el terrorismo islámico que ha podido durante mucho tiempo encontrar los medios financieros y dudosas alianzas con los occidentales que han querido instrumentalizarlo antes de que empezara “por su cuenta” contra todo el mundo?

¡La Unión Europea ni siquiera ha sido capaz de negociar una política racional para los refugiados, mientras que es por una parte responsable del fenómeno migratorio a causa de las guerras apoyadas en algunos países y el saqueo económico!

¿Por qué no hay negociaciones globales o regionales sobre el desarme nuclear, si no es porque los Estados Unidos y Francia consideran las armas nucleares como elementos disuasorios, mientras que se consideran provocadoras y amenazadoras cuando se fabrican, por ejemplo, en Corea del Norte?

¿Por qué no, sobre esta cuestión, una extensa negociación en el marco de la AIEA para un desarme general, mientras que Estados Unidos y sus aliados solo quieren prohibir las armas nucleares de sus oponentes y su difusión, mientras desarrollan las suyas? (7)

La ausencia de voluntad política negociadora se debe a la profunda desigualdad entre los Estados y a la proliferación de enfrentamientos asimétricos en los que los más “fuertes” esperan sacar beneficio. Además, la negociación internacional no es exactamente un monopolio estatal. La diplomacia no escapa a la presión de los grandes grupos económicos y financieros. Es el caso, por ejemplo, de Total que presionó al Ministerio de Asuntos Exteriores (francés) y que, a cambio, patrocina algunas actividades públicas en el extranjero, por ejemplo en el ámbito cultural. (8)

El principio de la Carta de la ONU sobre la igualdad soberana de los Estados puede servir de base para el desarrollo de la negociación a condición de imponerse como realidad política.

La llamada a la “moral” internacional, a una “soberanía solidaria” suponiendo un acuerdo sobre el “bien común” que cada Estado tendría el deber de proteger revela un humanitarismo sin importancia práctica. (9)

Esta esperanza en un buena voluntad negociadora no se fundamenta ni en la historia centenaria ni en la práctica actual. Uno se pregunta qué podría hacerla emerger en las relaciones de poder… salvo que sean modificadas.

A una sociedad internacional, sujeta a un polo de poder cuasi-único, debe poderla suceder una sociedad multipolar donde los diferentes polos de poder sean capaces de equilibrarse, limitando los riesgos de conflictos como hicieron el Este y el Oeste durante la “coexistencia pacífica”.

Las pretensiones occidentales de sobrevivirse en una posición de fuerza hegemónica son peligrosas. La sociedad internacional necesita contrapoderes: todos los Estados que ya desempeñan esta función son fuerzas objetivamente pacificadoras y progresistas.

Entre estos polos de poder, una vez bien establecidos e indicados claramente, la negociación podrá ser el eje de todos los progresos de la Humanidad.

Notas:

1 – Cf. Entrevistas sobre el final de los tiempos. Fayard. 1998.

2 – A destacar, aunque sean numerosos los Estados “no democráticos” y que aquellos que pretenden serlo no lo son más que de manera muy parcial, que la forma del estado sigue siendo la herramienta más ajustada para resistir a los imperios y a las tecnoestructuras burocráticas de las instituciones internacionales incontroladas.

3 – Véase, por ejemplo, D. Battistlla. Teorías de las relaciones internacionales. Presses de Sciences Po. 2003 y los numerosos juristas anglosajones citados por el autor.

4 – Esta pseudoconstatación es negada desde la antigüedad: ¡Atenas era más expansionista que Esparta!

5 – Los medios de comunicación occidentales han tenido de cara a  estos acuerdos un comportamiento muy “significativo”; han sido casi silenciosos sobre su preparación, después muy dudosos de su éxito, más tarde de nuevo casi en silencio sobre su contenido (que incluye, entre otras, obligaciones para el gobierno de Kiev) y totalmente mudos sobre las violaciones de Ucrania de estas obligaciones, dando a entender que Rusia era la única responsable de los problemas que subsisten.

6 – Se puede comparar la diplomacia rusa y la de Francia. El Ministerio de Asuntos Exteriores socialista hasta finales de agosto de 2015, se opuso a que el ejército francés golpeara Daech en Siria. Impuso además un requisito previo para cualquier negociación sobre la cuestión siria, la salida de Bashar al-Assad (Ver V. Jauvert. La cara oculta del Quai d’Orsay. Investigación sobre un ministerio a la deriva . R. Laffont. 2016, p . 111.

7 – El Estado francés se niega a reconocer de iure la RPD de Corea, con el pretexto de la fabricación por parte de Pyongyang de armas nucleares, mientras que está en vías de renovar su flota de submarinos nucleares (casi 10.000 millones de euros), obviamente armados con misiles, incluyéndolos, afirma, para brillar en el Mar de China!

8 – Es sorprendente la presencia de empresarios que asistieron a Laurent Fabius durante su paso por el Quai d’Orsay: por ejemplo, Serge Weinberg, presidente de Sanofi; Lionel Zinsou, gerente de un fondo de inversión de BNP Paribas; Louis Schweitzer, ex CEO de Renault y ex líder de la MEDEF. Se constata también la actividad de ex diplomáticos pasados a lo “privado” y que representan a su empresa en el país donde habían realizado sus funciones.

9 – Algunos autores destacados apelan a responsabilizar a los titulares de los poderes públicos y privados, se trate de compañías multinacionales que “tienen una responsabilidad social”, según la fórmula de la Comisión Europea, o de Estados a los cuales la OIT  no cesa de repetir “que una paz duradera no puede establecerse más que sobre la base de la justicia social” (véase M. Delmas-Marty. Resistir, responsabilizar, anticipar. Cómo humanizar la globalización. Seuil. 2013.

Traducido por Carles Acózar i Gómez para Investig’Action