martes, agosto 30, 2016

Las Falacias Contra El “Bronx”



Por Thomas García Laviana

Han trascurrido más de 13 semanas, desde aquel pasado sábado 28 de mayo donde en medio de una población flotante de más de 9.794.896 habitantes, la Policía, fiscalía y entes distritales se tomaron 10.000 metros cuadrados del centro de la capital colombiana mal llamado El “Bronx” los cuales estaban ocupados por dueños de inmuebles, arrendatarios, comerciantes y no más de 2.000 “habitantes de calle” además de la mafia que con complicidad de altos efectivos de la policía y el batallón guardia presidencial del ejército nacional, atreves del control de la droga, producían todo tipo de vejamenes.

Una estratagema difícil de ocultar

La ciudad para los ricos se pone a la orden del día con la pasmosa receta mágica de la administración del alcalde Enrique Peñaloza, que se presenta como solución a una crisis de salud pública, escondiendo las verdaderas intenciones de apropiarse de unos terrenos de los más caros de la ciudad, para en él, desarrollar proyectos de infraestructura comercial que beneficiarán al capital nacional y extranjero.

La acción represiva del alcalde Peñalosa no obedece a una preocupación por las conductas de las mafia o la existencia de la criminalidad en esta zona del centro de la ciudad; el alcalde sabe que más grave que la delincuencia del Bronx, lo constituye los niveles de corrupción y descomposición de la policía y su complicidad con dicha mafia que hacen de esa institución un verdadero dolor de cabeza y con dicha operación se pretende limpiar su imagen y se cumple el objetivo principal de la operación, que es dejarle los terrenos mencionados libres de dificultades, al capital comercial a quien le cumple bien el encargo el Alcalde Peñalosa.

En tal contexto y como si se tratara de una novela policiaca, se muestra la despiadada fuerza de la represión, contra una población desarmada a quienes se les acabó de arruinar lo poco que les quedaba de bienes materiales y se les trató a niños y población adulta como si todos fueran delincuentes.

Este procedimiento brutal y guerrerista, deja constancia además, de la tremenda improvisación de la administración Peñaloza que expulsa a los habitantes del “Bronx” como si con ello los desapareciera y ahora el drama humanitario se evidencia en diferentes lugares de la capital.

Otra cara de la improvisación se hace evidente cundo en la operación policial, expulsaron, también, a un número considerable de personas que habían adquirido allí varios locales para su trabajo de comercio legal; ellos ahora recurren a demandar al Estado por graves daños y perjuicio por cuanto les destruyeron sus pequeños negocios legales.

La clase que mal gobierna a Colombia es elitista, racista y segregacionista, ellos han diseñado y moldeado con sus políticas, la sociedad colombiana. A una parte de ella la han lanzado a la miseria, el abandono y la llaman “desechable” o “habitantes de calle”. Pero más grave aun, se ha esforzado por transmitirla a las clases populares y por ello junto a la oligarquía una parte de la población humilde, mira con desprecio a esa población que llaman “desechable”.

El Estado colombiano obligado constitucionalmente a velar por la honra y bienes de toda la población, es responsable por acción u omisión de la existencia de esas dramáticas realidades humanas como las del “Bronx” que no solo es en Bogotá sino en todas las ciudades colombianas.

En el contexto de los anuncios de la paz, las practicas violentas a los problemas sociales y a los justos reclamos de los humildes no se hacen esperar, generando una clara contradicción entre la retórica del gobierno y la vida real.

La paz que requieren las mayorías de Colombia, solo se alcanza mediante la organización y lucha popular y la unión de las mayorías, porque quienes gobiernan quieren una paz donde nadie luche, ni reclame sus derechos ni diga la verdad sobre la tragedia de los de abajo.