martes, septiembre 06, 2016

Las calles y sus monstruos



|Por: Manuel Humberto Restrepo Domínguez / Rebelión|

Las calles son espacios públicos, bienes inderogables, insustituibles, inenajenables. Patrimonio colectivo que no puede ser habitado de manera permanente por nadie. Parte sustancial del equipamiento para realizar derechos humanos. Escenarios de lucha política y social para construir democracia participativa, exponer reivindicaciones y enfrentar al poder, no son solo un límite entre líneas paralelas que separan lo público de lo privado. Las calles aparte de ser un sustantivo, son lugares de expresión y encuentro de libertades y diferencias.

Las calles han anunciado el reconocimiento de todos y cada uno de los derechos humanos conquistados hasta hoy. En las calles de Paris fueron enterradas las ideas de destino y monarquía y vieron ondear las banderas de la declaración de derechos en 1789 y repitieron su eco en 1968; En india las calles acogieron a Gandhi en la marcha de la sal contra el imperio Británico en 1939; En Johannesburgo oyeron los gritos contra el apartheid en 1976; En Managua y Lisboa acogieron a los combatientes de revoluciones triunfantes; En New York sirvieron para alentar el fin de la crueldad de su ejército invasor en Vietnam; En Madrid, Londres, Roma, se quedaron con las voces de indignados; En Bogotá fueron atravesadas al final de los años 40 por la marcha del silencio contra las oligarquías que respondieron con una violencia partidista de 300000 asesinados. La calle en general, es el lugar de las protestas, las movilizaciones, las luchas del movimiento popular y sus resistencias, el lugar privilegiado donde los derechos muestran su potencia colectiva y la dignidad cobra sentido.

El neoliberalismo con sus expresiones mercantil, financiera y de genocidio y guerra de exterminio, tiende a eliminar el imaginario y la memoria de lucha que tienen las calles, trata de despojarlas de su acepción de derechos para convertirlas en lugar de mercado y depósito de sus desechos, incluidos los humanos. El capital selecciona las calles, unas para vender y transar y otras para amontonar a los humanos que el mismo ha convertido en muertos vivientes, en mercancías desahuciadas, a las que simplemente trata de desechos.

La ignominia e indolencia de técnicos, expertos y políticos acomodan palabras útiles al propósito de negar las causas de lo que ocurre, primero dijeron que las gentes convertidas a desechos eran indigentes, luego desechables, ahora habitantes de calle. La idea ha sido la misma, negar, hacer aparecer las cosas sin causas y hacer que el sistema parezca natural, que no altere las contabilidades y se pueda acusar a los mismos eliminados del sistema social como responsables de su propia desgracia, de su perdición y no como la consecuencia del despojo violento de negocios sin límite.

Reducidos en sus posibilidades de vida con dignidad y presentados como habitantes de calle, son negados, evitados, convertidos en nadies. Se oculta que son víctimas dejadas literalmente en la calle, sin nada, sin derechos, sin reconocimientos, sin opciones democráticas, sin bienes básicos, sin agua, sin alimento, sin acceso a servicios de salud o educación, sin ropa, sin techo, sin familia, sin honra, sin nombre, sin patria, sin ley. Esos nadies no juegan al reality, son reales, encarnan la tragedia humana, política y social de una ciudad y de un país entero arrastrado por el poder a negarse a sí mismo cada vez que niega a sus víctimas y encubre a sus victimarios.

Los expulsados de todo son revictimizados con la naturalizada categoría de habitantes de calle, que invalida su condición de despojados, de empujados y hundidos en la miseria, la violencia, el alcoholismo, la drogadicción y el crimen. Son los sobrantes de la máquina de reproducción del poder basado en la desigualdad. Fueron convertidos en monstruos y entregados como desechos sin solución a una civilización extraña en la que funcionarios, comerciantes, policías y transeúntes no pueden verlos de manera distinta a lo que les entregaron: monstruos que salen de las alcantarillas y cloacas en las que fueron hundidos en ciudades oscuras convertidas en campos de crueldad como el Cartucho o el Bronx en Bogotá con más de 15.000; Cuauhtémoc y Venustiano Carranza, en México con más de 20000; Londres donde con estilo nazi sembraron clavos el piso para hacerles imposible la vida; Berlín donde deambulan más de 4000; Argentina agrupados en ranchadas; Nueva York con más de 50000 homeless expulsados del centro financiero de Manhattan y Bowery ahora convertido en lugar de moda. En cualquier lugar son el karma del capital, la materia humana en descomposición que solo terminara su ciclo de horror cuando cese la guerra económica y social emprendida por el capitalismo que lleva a miles de personas a romper definitivamente todo vínculo con la familia, el estado, la sociedad, las instituciones, el mercado, (no son consumidores, ni productores, ni ciudadanos) por lo que no son considerados sujetos. Para el modelo de mercado son desechos, gentes convertidas en Monstruos que pasan de invisibles a visibles por decisión política y presentados como basuras que al moverse o gritar amedrentan, lo que resulta suficiente para promover su persecución y aniquilamiento o volverlos muertos vivientes que deambulan de una cloaca a otra disputándose comida con las ratas. La gente de la calle representa la cara de la desigualdad, del dolor que crea la exclusión, son la secuela colateral de la guerra económica y social, ella es su responsable. 

P:D. El gobierno de Bogotá, incendió el Bronx y otra vez expulsó a los ya expulsados para rediseñar urbanísticamente espacios que pronto serán nuevos centros de convenciones y negocios que cíclicamente producirán nuevas oleadas de basura humana a la que trataran de tirar en otros lados, en otros municipios, en otras cloacas o venderlas en mercados de recicladores de la mafia y de la muerte, mientras la clase política busca consensos entre propietarios, pobladores y agentes del estado que concluyan que será mejor y más rentable matarlos, desaparecerlos, quitarlos del camino. Por curiosidad, según las cuentas oficiales ¿si sacaron del Bronx a 2500 y dos semanas después informaban que solo quedaban 400 0 600, donde quedaron los que faltan?¿Dónde están y quien preguntará por ellos, por los mostraos creados por la desigualdad?